sábado, 18 de marzo de 2023

DON BENITO. VICENTE SANZ



A principios de los años 70 del siglo pasado, los niños de mi barrio solíamos jugar entre otras cosas, al fútbol. Lo hacíamos normalmente en las inmediaciones de lo que antiguamente se conocía como plazuela de San Francisco (Calle Santiago), espacio que cuando descargaba una tormenta se convertía en una laguna.

En los desmarques íbamos sorteando todo tipo de vehículos, transeúntes e incluso vacas. No teníamos calzado deportivo, ni por supuesto los balones eran reglamentarios, usábamos los mismos zapatos Gorila de todos los días y la pelota solía ser de goma, de esas que venían presentadas en una redecilla colgadas en la tómbola.

Teníamos como meta un gran portón de madera, que hacía muchos años que no recibía una mano de pintura y que daba acceso a un viejo local, ya por aquellos años abandonado. Por una de las rendijas de la puerta se podía ver un destartalado coche negro de principios de siglo y arriba de la puerta, en el rótulo se podía leer: Vicente Sanz Diéguez, Almacén de Tripas.

En el lugar donde se encontraba la puerta hoy se ubica el pasaje que comunica con la Avenida de la Constitución.

 

Don Benito. Calle San Francisco años 80. Foto: D.S. Cordero

 

Debió ser un próspero negocio, a juzgar por las dimensiones del local, pero: ¿Quién era ese tal Vicente Sanz, al que tantos "balonazos dimos"?

 

 

Su propietario también fue un apasionado del futbol y un personaje importante de la historia de la ciudad, pues en la actualidad el Estadio Municipal de Deportes lleva su nombre y, también el apellido familiar figura en una de las fachadas más emblemáticas de la Avda. de la Constitución, que podemos ver en una de las fotografías. Fue la residencia de sus padres, construida por los hermanos Ramón y Manuel Sánchez Blanco, alias “Trueno”.

 


En el antepecho de la fachada, sobre el rotulo, vemos un gran relieve lleno de símbolos. Está coronado por el caduceo, el símbolo del comercio, formado por una vara de olivo adornada con guirnaldas, rodeada de dos serpientes enroscadas y ascendentes, coronada con un par de alas. A veces se confunde el caduceo con la vara de Esculapio, usada como símbolo de la medicina y con la copa de Higía, uno de los símbolos más conocidos de la profesión farmacéutica. También varias alusiones al comercio exterior de España, con sus posesiones de ultramar y potencias extranjeras, como un barco surcando el horizonte, fardos de mercancía y una gran ancla, también un tendido eléctrico o telegráfico.

 

 

Nació Vicente Sanz Diéguez en Don Benito el 30 de abril de 1900, sus padres fueron el segoviano Vicente Sanz Vega, un rico comerciante fallecido en Barcelona el 27 de octubre de 1923, y la argentina Laura Diéguez Castaño, mujer de profunda fe cristiana sometida a una gran prueba en tiempo de la Guerra Civil, pues en el transcurso de dos meses vio como arrebataban violentamente la vida a sus tres hijos, fe que no debió perder pues en 1954 donó a la Cofradía de la Soledad la primera de sus Imágenes de la Virgen.

Tuvo 3 hermanos llamados: Mercedes, Florencio y Federico.

En Madrid completó sus estudios de perito mercantil, para posteriormente trabajar como banquero. A los 18 años vuelve a su ciudad natal para hacerse cargo de los negocios familiares, especializándose en el negocio de las tripas secas.

 

El convite tuvo lugar en el Salón Cinematográfico, propiedad de Félix González Caballero, quien generosamente lo cedió a las familias de los contrayentes para que pudieran holgadamente obsequiar a sus invitados.



Su enlace en 1925 con Francisca Parejo Gómez, con más de 800 invitados fue un evento fastuoso que fue recordado durante muchos años.




Una de sus pasiones fue el fútbol, en 1927 federó su club con el nombre de Deportivo Balompié de Don Benito y, al año siguiente fue elegido presidente del club. Y parece ser que costeaba todo, equipaciones, sueldos de los jugadores etc.

Fue uno de los fundadores de la Federación Regional Extremeña de Clubes de Fútbol, siendo también su presidente hasta el año 1931.

Biografía completa: https://asociaciontorreisunza.wordpress.com/vicente-sanz-dieguez/

Tenía Vicente propiedades en la localidad de Castilblanco, algunas fincas de recreo y de explotación agrícola. En diciembre de 1931, tiempo de la II República y de grandes reivindicaciones sociales, un trágico acontecimiento tuvo lugar en aquella localidad, el conocido como “Los Sucesos de Castilblanco”. 

Una manifestación motivó un disparo que provocó la muerte de uno de los manifestantes, y los vecinos posteriormente mataron a los cuatro guardias civiles. 

Aquel día, Vicente se encontraba en su casa de Castilblanco y, según recogió la prensa de su momento, Cristino Sánchez Rubio, juez municipal y Vicente Sanz Diéguez estaban verdaderamente consternados. Habían pasado horas de verdadera angustia desde que ocurrió la tragedia hasta que llegaron, ocho o diez horas después, los refuerzos de la Guardia Civil.

 


 

Encerrados en sus casas, con las armas montadas y apercibidos a la defensa pasaron momentos de ansiedad indescriptibles, pues habían circulado rumores de que los revoltosos, una vez muertos los guardias, se disponían a atentar también contra sus vidas y sus haciendas.

¿Antes de los sucesos circularon por aquel pueblo noticias que hicieran presumir lo que después se iba a desarrollar? – les preguntaron los periodistas.

No. Los ánimos estaban excitados. Los vecinos se reunían constantemente en la Casa del Pueblo y adoptaron sus acuerdos con sigilo que nada nos permitía saber. Por referencia recogida después de la tragedia supimos que el día de la primera manifestación, que terminó pacíficamente, alguien dijo: “la gorda, será mañana” lo que demuestra que tenían premeditado un plan que desgraciadamente llevaron a la práctica.

¿Es gente muy pobre la de este pueblo?

Este es uno de los pueblos más ricos de la provincia. Todos o casi todos aquí son propietarios. Entre los detenidos habrá alguno con fincas por valor de quince y hasta veinte mil duros, pero ellos quieren que se respete la pequeña propiedad y que se divida la grande entre ellos.

Fuente: Diario la Voz 4 de enero de 1932.

Los acusados de matar a los Guardias Civiles fueron condenados a muerte, pero finalmente fueron indultados. El abogado defensor de los obreros fue otro dombenitense, Anselmo Trejo Gallardo (hermano de la actriz Alicia Romay) que, al finalizar la Guerra Civil, fue detenido y condenado a muerte en Consejo de Guerra, siendo fusilado en el Cementerio de Mérida el 21 de septiembre de 1940.

 


 

En 1934 Vicente Sanz sufrió un grave atentado, la prensa de la época indicó que la causa fue por significarse como anti-marxista en las últimas elecciones. 

Cuando se dirigía a su finca de Castilblanco, de la espesura del monte salieron dos disparos, hiriéndole gravemente en la espalda y en el brazo derecho, los autores de la agresión desaparecieron y no pudieron ser hallados.

 

El Heraldo de Madrid. Madrid 21-9-1934

Diario Ahora. Madrid 22-9-1934 
La Época. Madrid 21-9-1934


Su muerte se produjo violentamente dos años después, el 18 de agosto de 1936, su cadáver fue encontrado a la altura del km. 7 de la carretera que va de Castilblanco al pantano de Cijara. El sospechoso de la participación en su muerte, también falleció violentamente en aquella terrible guerra. Sus hermanos, Florencio, dirigente Falangista, fue fusilado el 21 de agosto de 1936 en Madrid y Federico, estudiante de 18 años también fusilado junto a las tapias del cementerio de Don Benito el 30 de septiembre de 1936.


 

(...) Philip se dio cuenta que, en una guerra civil, la primera baja era la de la justicia. "Los pilares de la Tierra" (1989), Ken Follett


Fuentes:

  • Diario la Voz 4 de enero de 1932.
  • CASTILBLANCO, de Jiménez de Asúa, Vidarte, Rodríguez Sastre y Trejo. Universidad de Alicante. 2011.
  • PARES. Portal de Archivos Españoles.
  • Asociación “Torre Isunza” para la Defensa del Patrimonio Histórico y Cultural de Don Benito.
  • Archivo Histórico Nacional, legajo 1503.
  • Diario LA VOZ, 4 de enero de 1932.
  • El Heraldo de Madrid 21 de septiembre de 1934.
  • Diario LA EPOCA, 21 de septiembre de 1934.
  • AHORA, Madrid 22 de septiembre de 1934.
  • Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.
  • Fundación Pablo Iglesias.
  • Diego Sánchez Cordero.
  • Andrés Sánchez Díaz.
  • “BIOGRAFIAS DOMBENITENSES II” de Diego Soto Valadés y Daniel Cortés González.
  • EL DEPORTIVO, Una historia de Fútbol, de Ángel Coria Martín.

martes, 25 de octubre de 2022

DON BENITO 1899. LA CASA DE LOS AHORCADOS


Las leyendas urbanas son relatos cortos donde se mezclan hechos y lugares reales con eventos sobrenaturales, y siempre tienen una moraleja. Increíblemente, alguna de ellas se propaga como la pólvora, a veces no se sabe su origen e incluso se mezclan entre sí.

Ya se ha convertido casi en una tradición que llegando la fiesta de Halloween publique una pequeña historia "de miedo”, la de este año también tiene su parte de veracidad o tal vez sea... toda cierta.

DON BENITO 1899. LA CASA DE LOS AHORCADOS

Casi todos habéis pisado la calle donde se encuentra esta casa, una de tantas y aparentemente normal, está situada en una céntrica calle, zona de paso a los lugares de paseo y recreo de los dombenitenses, siempre me llamó la atención que no tuviera número ni tirador su puerta.
Yo mismo fui testigo un día de lo inesperado, me dirigía a la plaza para tomar café con mi amigo Diego, cosa que hacemos todos los sábados desde hace años, y al llegar a la altura de esta casa sentí la necesidad de girar la cabeza y mirar hacia su interior, ya que en esa ocasión se encontraba la puerta abierta de par en par, y en mitad del pasillo pude contemplar a dos niñas de corta edad que llamaron mi atención. Vestían ropas de color púrpura y estaban jugando, sus cabellos cortos y de un color dorado, una imagen que me recordó aquellas estampas de publicaciones de moda de finales del siglo XIX.
En esos momentos no me paré, pero andados unos pasos di marcha atrás y volví para comprobar si lo que había visto era real. Volví a mirar hacia la casa y ni rastro de las niñas, solamente vi a un hombre que cargaba un saco de cemento, ya que la casa estaba siendo reformada.
-Buenos días, ¿no había unas niñas jugando en esta casa?
Extrañado, el obrero soltó el saco, se sacudió el polvo y me dijo:
- Aquí solo estoy yo, se debe Vd. haber equivocado.
- Discúlpeme entonces, hasta luego, respondí.
No quise decirle nada más y me marché pensativo, ¿será una alucinación?
No había recorrido ni veinte metros cuando escuché al albañil gritar:
- ¡Oiga, oiga! Haga Vd. el favor.
Volví nuevamente a la casa y el hombre en voz baja y temblorosa me dijo lo siguiente:
- Estoy pensando en lo que me ha dicho y me da cosa volver a la casa. Le voy a contar algo que es difícil de creer. Estoy reformándola porque sus actuales propietarios quieren deshacerse de ella a toda prisa, creo que el motivo es por cosas de esas que salen en el programa del Iker Jiménez.
No salía de mi asombro, en ese momento y pensando en lo que había visto sentí como mi pulso se alteraba.
- El otro día oí a los dueños decir que se escuchan fuertes lamentos en medio de la noche, luces que se apagan, puertas que se cierran y que esta casa esconde una especie de maldición que ha perdurado y perdurará por siglos.
Le conté que había visto al pasar frente a la puerta, a dos niñas de extraño aspecto y su respuesta fue sorprendente.
- Voy a entregar la llave a los dueños, ahora sí que no vuelvo a esa casa, aunque pierda mi salario.


Pasados unos días, observé que un camión de mudanzas estaba aparcado en la puerta y que varios operarios lo cargaban de muebles y enseres, era la tercera mudanza que se hacía en poco menos de diez años. La inmobiliaria, días después, volvió a colgar el cartel de “Se vende”.
En esos diez años, dos veces había recibido la visita de la policía científica y tras ellos la de la funeraria, el motivo: dos muertes por suicidio por el método del ahorcamiento.
Aunque tengo vivienda en propiedad, la curiosidad me invadía y llame a la inmobiliaria para interesarme por la casa y tratar de conocer la historia que oculta.
El agente no me contó nada fuera de lo común y se limitó a mostrarme las bondades de la propiedad e indicar que el precio había bajado tanto porque el actual propietario, por razones de trabajo, había tenido que marcharse rápidamente de la ciudad y le hacía falta el dinero. Todas aquellas explicaciones me sonaron “a chino” y no hacían más que aumentar mi curiosidad, pero no culpo al agente, pues él solo hacía su trabajo.
Don Benito, la misma casa a finales de octubre de 1899.
Juan de Dios es el mayor de tres hermanos, su padre, D. Meinardo, un coronel retirado que ha sufrido una terrible mutilación en una batalla, es un alcohólico que abusa de él por cualquier motivo que le enfurece, le da unas palizas tremendas mientras le dura la borrachera. Es un niño muy grande para su edad, debido a su fuerza, a su vez también abusa de los demás niños de la calle. De carácter retraído y solitario, es muy corriente verle torturando gatos y perros por el barrio y reúne todos los rasgos característicos de un auténtico psicópata.
Su madre Enriqueta es hija única de una familia de noble cuna, pero de escasos recursos y venida a menos, siempre enlutada, solo abandona la casa para ir a oír misa en la iglesia de Santiago.
El resto de la familia lo componen las gemelas, Rosario y Dolores, las debilidades del cabeza de familia.
Una tarde cuando regresa de la escuela, Juan de Dios se encuentra con otro niño, Federico, el hijo del maestro, al que sin aparente motivo alguno empieza a golpear, mientras le obligaba a proferir obscenidades contra la iglesia y la escuela. Amenazándole con la punta de su navaja en el cuello trata de arrojarle al llamado “Pozo de los borrachos”, pero se da cuenta de que es observado por un arriero que sube por la calle Villanueva y sale corriendo, dejando al niño malherido, casi al borde de la muerte.
Este pozo tenía este peculiar nombre porque fue costeado con las multas que se imponían a los borrachos de la época.
Al día siguiente, la brigada de la policía local y el arriero se presentaron en la escuela para identificarlo, pero el mulero no estaba seguro. A pesar del intenso y severo interrogatorio, Juan de Dios se mantiene tranquilo, manteniendo su inocencia en todo momento.
Su padre es requerido para llevárselo y con la premisa de no dejarle de salir de casa hasta que todo se aclare, gracia obtenida solamente por ser quien es, compañero de armas del jefe de la Brigada de Policía.
Llegan a casa y sin mediar palabra, le arroja violentamente dentro del sótano que se encuentra al final del patio, a sabiendas que le aterra la oscuridad, entre llantos le suplica que le deje salir. Desde la ventana del piso superior la madre observa la situación impasible, y sin alterarse lo más mínimo.
El padre entra en la cocina y de una alacena, saca una botella de aguardiente y con la mirada perdida, se va sirviendo copa tras copa, hasta vaciar la botella.
Por su mente pasan las imágenes de cuando practicó la llamada “pena de baquetas”, un antiguo castigo que por ciertos delitos se daba en la milicia. Se desnuda al delincuente de medio cuerpo y forman una especie de calle los soldados, los cuales al pasar el reo le dan en la espalda con las correas de baqueta, varas o portafusiles.



Los lamentos e improperios de Juan de Dios desde el sótano son cada vez más débiles, por fin el padre tras la borrachera, en uno de los pocos momentos que se encuentra sereno, le libera de su cautiverio.
Arrastrándose y sin apenas ponerse en pie debido a la tremenda paliza propinada, mira hacia la ventana desde donde le observa su madre, alza su mano en señal de pedir ayuda, pero las cortinas se cierran y pierde toda esperanza de defensa. Ella piensa realmente que albergó en su vientre una abominación y que nunca debió de nacer.
Han pasado varios días y el hijo del maestro vuelve en sí, ahora podrá identificarse al agresor, pero una recaída de última hora le vuelve a sumir en las sombras y el niño muere ante la impotencia de los médicos.
No hay pruebas que incriminen a Juan de Dios, ya que nadie cree que un niño pueda cometer semejante delito, y por tanto las investigaciones se centran en el pobre arriero que sin posibilidad de defensa alguna da con sus huesos en prisión y ahora se le acusa del terrible crimen.
Juan de Dios no indica signos de arrepentimiento, y alimenta su vileza con el odio a su madre y las ansias de venganza hacia su padre, trama con frialdad un diabólico plan para convertir sus vidas en un verdadero infierno.
Han decidido ingresarle en un estricto colegio que más bien parece un reformatorio, pues allí se forman las “ovejas negras” de la vieja burguesía, cosa que no está dispuesto a aceptar y decide poner en práctica su terrible plan.
Aprovechando la ausencia de su madre, que ha ido a llevar flores a sus padres al cementerio, día de todos los Santos, en un ataque de ira le arranca la cabeza al pajarito que tienen como mascota y, espera a su padre a sabiendas de que volverá con una vergonzosa borrachera.
El padre, que apenas se tiene en pie, trata de abrir la puerta, pero es tan grande la embriaguez que no es capaz de abrir y se sienta en el umbral esperando a despejarse. De pronto se abre la puerta y como un saco de patatas cae de espaldas hacia dentro.
Entra por el pasillo a oscuras y se va llevando por delante macetas y todo cuanto encuentra en su camino, sin saber muy bien qué ha pasado, se lleva la mano al pecho, del que brota sangre como una fuente, recibe además numerosas heridas, de las llamadas defensivas, en brazos y manos. Se cuentan hasta dieciocho heridas en el tórax, un ojo apuñalado, así como heridas profundas en el escroto.
La vieja que cuida a las niñas es de sueño profundo y apenas se percata de lo sucedido, achaca el jaleo a las típicas borracheras del conocido por todos como el “coronel”, y se vuelve a dormir, no imagina lo que está a punto de suceder.
Juan de Dios sube sigilosamente las escaleras como una alimaña en busca de su presa, tapa la boca de la vieja criada que descansa en una mecedora, caen las agujas y los ovillos de lana de la anciana que nada puede hacer por salvar su vida. Las dos niñas duermen plácidamente, pero una negra sombra se cierne sobre las indefensas criaturas y dice:
- Vamos a jugar a un juego.



Sin nada que le haga sospechar sobre la gran tragedia que se está produciendo en su casa, Enriqueta se apresura en adecentar las tumbas de sus antepasados, pues la noche se le viene encima, y no está bien visto que una señora recorra sin su marido las calles de Don Benito a esas horas. Acompañada de su tía Carlota, que también se encuentra en el Camposanto, toman la calle Cementerio y se encaminan hacia la iglesia de Santiago, pues quiere encender una vela en la Capilla de las Animas Benditas.
Ambas mujeres se despiden, y Enriqueta saca de su bolso una gran llave con la que se dispone a abrir la puerta de su casa, en esos momentos una lechuza sobrevuela fantasmagóricamente la casa, su canto es considerado de muy mal agüero, siempre que se le oía chillar se creía que alguien había de morir o enfermar, dos o tres veces la ve sobrevolar el techo de la casa, mientras da vueltas a la cerradura con la vieja llave.
Abre la puerta y todo está oscuro, el quinqué que siempre suele estar encendido a esas horas está apagado y se va guiando por la tenue luz del patio que se ve al final del pasillo, al llegar a la altura donde se encuentra el comedor, algo la hace resbalar, piensa que puede ser una arcada de su marido producto de una de sus borracheras, algo que la enfurece terriblemente, con dificultad consigue levantarse y llega hasta el quinqué para encenderlo.
Cuando lo hace, horrorizada contempla en el gran espejo del aparador que es roja sangre lo que mancha sus ropas, manos y su rostro, corre desesperada hacia la calle para pedir ayuda, pero es golpeada en la cabeza y pierde el conocimiento.
Aturdida, poco a poco va abriendo los ojos, se encuentra en el patio maniatada y sentada en una silla, a su lado, en otra silla su marido, también maniatado, el coronel ha perdido mucha sangre y un ojo, pero increíblemente sigue con vida.
Ambos se encuentran en estado de shock, una reacción ante sucesos traumáticos o muy estresantes en la que la mente queda bloqueada. No entienden nada.
Una negra sombra se adivina en el piso de arriba, en la habitación donde duermen las gemelas, son momentos de terror para los dos y de pronto el silencio más absoluto, roto por el canto de la lechuza que vuelve a sobrevolar la casa.
El resultado de aquella noche de espanto fue un coronel, dos niñas de corta edad y una anciana asesinados, una madre en estado catatónico, que posteriormente y tras pasar varios años en un sanatorio para enfermos mentales acabó suicidándose al volver a la casa y, un niño desaparecido del que nunca más se supo.
A mediados del siglo pasado y por razones de higiene, la mayoría de los pozos públicos de la ciudad fueron tapados para siempre, entre ellos el llamado “Pozo de los Borrachos”.
A medida que los operarios municipales van arrojando grandes piedras, el fondo se va removiendo y de sus entrañas van surgiendo como un vómito del mismísimo infierno unos restos humanos, son los de Juan de Dios, que escondido en un hueco del gran pozo acabó sus días ahogado en sus aguas tras una tormenta, pero una gran roca cae sumergiéndolos de nuevo en lo más profundo del pozo y ahora para siempre.
Don Benito, la misma casa a finales de 2022.
No sé qué impulso irrefrenable me llevó a aceptar la oferta del agente de la inmobiliaria y he adquirido la casa, pienso que puede ser un buen negocio.
Me dispongo a pasar mi primera noche en ella, Víspera de todos los Santos, es decir el 31 de octubre e ignorante de aquellos terribles sucesos.
Un sonido de arrastre de muebles procedente del piso superior me desvela, algo extraño pues en esta casa solo estoy yo.

FIN

NOTA: Es una historia de ficción que parte de una idea o hecho que da lugar a lo que posteriormente será el tema y el desarrollo del argumento, la trama, los personajes… 
Escrito especialmente para la época de la fiesta de Halloween.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

DON BENITO 1892



A las 3 de la mañana  del 21 de septiembre de 1892, en la calle Arroyazo, nº 16 de Don Benito, vino al mundo Francisco José Mateo Valdés Nicolau, abogado y escritor dombenitense. 


Hijo de Manuel Valdés Quirós y Manuela Nicolau Solo de Zaldívar. Marido de Magdalena Gámir Prieto. Padre de Manuel Luís Valdés Gámir y hermano de Manuel Valdés Nicolau.



Foto optimizada por: DOVANE63



Marchó en 1910 a estudiar Derecho y Filosofía y Letras en Universidad Central de Madrid, coincidió en la Residencia Universitaria con el poeta español, ganador años más tarde del Premio Nobel de Literatura de 1956, Juan Ramón Jiménez con el que estableció una estrecha amistad.  Colaboró durante su estancia en Madrid en periódicos tan importantes como: ABC, Informaciones, El sol o El norte de Castilla.


Foto optimizada por: DOVANE63

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En el año 1924, se publica su primer trabajo literario que se titula: “Cuatro estampas extremeñas con su marco” que ampliaría en 1932 bajo el título de “Ocho estampas extremeñas con su marco” y cuya tirada fue muy limitada. Hoy es muy difícil de encontrar este ya clásico de la literatura española, afortunadamente yo tengo uno de esos ejemplares, que guardo como oro en paño, me lo regaló mi querida amiga Pilar Ruano.


Foto: DOVANE63


En el año 1929 fallece su padre, lo que le obliga a volver a Don Benito para hacerse cargo de los asuntos de la familia. Funda el periódico “La Semana” a la vez que trabaja impartiendo clases de Historia y Filosofía en el Colegio San José. En 1932 publicó “Resonancias”, una colección de diez ensayos.

FRANCISCO VALDÉS - Foto optimizada por: DOVANE63



Participa activamente en la política local siendo concejal en el ayuntamiento. Pero llega la terrible época de la Guerra Civil y debido a su privilegiada situación de gran hacendado, fue encarcelado por el bando republicano el 15 de agosto de 1936 y fusilado frente a la pared del cementerio la madrugada del 4 de septiembre de ese mismo año, tan solo tenía 43 años.
 


 
El sospechoso de su condena a muerte fue Antonio Villarroel, comisario de guerra y miembro del Partido Comunista, según figura en el Archivo Histórico Nacional. 






 
Personaje que recoge en su novela histórica “El depredador” José Luis Gutiérrez Casalá y que lo describe de esta manera:

“El alcantareño Antonio Villarroel Villarroel, se dedicó toda su vida a las juergas y al lenocinio, costeando todo a base de dinero robado, a su propia madre y a todos los vecinos de la localidad de Don Benito, donde fue también un asesino durante la guerra civil en España.




El protagonista de esta novela histórica, fue el precursor de Blesa, Rato, Gürtel, Urdangarín, Matas, Bárcenas, la familia Pujol, los ERE andaluces y de los muchos políticos que aprovechan su posición y situación.


Las vivencias y peripecias de Villarroel se desarrollan en la Segunda República y en la Guerra Civil. Como se puede adivinar en esta novela, la realidad supera a la ficción. En esas épocas también había corrupción. Igual que hoy. La historia se repite y no terminamos de enterarnos”.


Foto: D.S. CORDERO


La Biblioteca Municipal de Don Benito, un Centro de Educación Infantil y Primaria situado en la Av. de la Constitución, también el prestigioso Premio Nacional de Periodismo, así como una céntrica calle, llevan por nombre: FRANCISCO VALDES.


FRANCISCO VALDÉS - Foto optimizada por: DOVANE63


Obras:
  • Cuatro estampas extremeñas con su marco (1924).
  • Resonancias (1931).
  • Ocho estampas extremeñas con su marco (1932).
  • Letras. Notas de un lector (1933).
  • Cartas de amor de Francisco Valdés a Magdalena Gámir, 1932- 1934 (ed. Manuel Luis Valdés Gámir; 1997).

Fuentes consultadas:

  • Biblioteca Nacional de España.
  • "Artículos del literato extremeño Francisco Valdés en “Bética. Revista Ilustrada”", publicado en el número 11 de la Revista de Historia de las Vegas Altas (Junio 2018) Por Daniel Cortés González.
  • “Al margen de los libros” de Francisco Valdés. Edición de Daniel Cortés González.


domingo, 28 de agosto de 2022

EL PRISIONERO DE RENA

 


En infinidad de reportajes y documentales hemos visto esas horribles imágenes de esqueléticos seres humanos que vivieron sus últimos días con la muerte ante sus ojos en el terrible campo de concentración nazi de Mauthausen.


Pensamos que nos coge lejos o que nada tiene que ver con nosotros eso de los campos de exterminio, nos equivocamos, pues allí fueron deportados casi 300 extremeños, en su gran mayoría excombatientes del bando republicano durante la guerra civil.



Entre ellos se encontraba Adolfo Cabezas Fernández, natural de Rena (Badajoz). Era hijo de un matrimonio domiciliado en la calle Portugalete, compuesto por José Cabezas Melchor, natural de Don Benito, y de Antonia Fernández Masa, natural de Rena.



Nieto por línea paterna del dombenitense Francisco Cabezas Martín, de profesión labrador y de Josefa Melchor de la Fuente, natural de Rena; y por línea materna de Martín Fernández Casillas y de Nicolasa Mora Parejo, ambos naturales de Rena.

Rena es una pequeña población que dista unos 16 km. de Don Benito, a la que pertenece judicialmente. En la actualidad posee poco más de 600 habitantes. Adolfo vino al mundo, en una casa de la calle Hornos de esa localidad, el martes 23 de mayo de 1911 a las 5 de la tarde, festividad de San Desiderio.

 A finales de 1939, los excombatientes republicanos exiliados en Francia se alistaron en la Compañía de Trabajadores Españoles del Ejército francés, con la misión de reforzar las defensas de la Línea Maginot.

En 1940 y tras la llamada "Guerra Relámpago" de Alemania, fueron apresados y conducidos a pie hasta la frontera con Luxemburgo. Desde allí, apiñados en un tren, como si fueran ganado, conducidos a Alemania, hasta un campo de prisioneros de guerra en Trier.

Los primeros españoles llegaron el 4 de agosto de 1940, y bajo el engaño de que serían llevados a España, fueron deportados a Mauthausen, nada más llegar el comandante nazi del campo les dirigió la palabra:

-  "Perded toda esperanza. Quienes habéis entrado por esa puerta solo saldréis de aquí por la chimenea del crematorio".

Starving inmate of Camp Gusen, Austria. May 12, 1945.
(Photo by JAZZ EDITIONS/Gamma-Rapho via Getty Images)

Las condiciones en Mauthausen eran tan infames que muchos de estos españoles se ofrecieron voluntarios para ir a trabajar a la cantera de Gusen, pero al llegar allí pudieron comprobar que era muchísimo peor, a las enfermedades como el tifus o la tuberculosis había que sumarle el trato más inhumano que una persona pueda soportar, era un auténtico matadero que ni en nuestras peores pesadillas podemos imaginar.

 La reputada historiadora austriaca Martha Gammer escribió lo siguiente:

“Para los españoles fue una sentencia de muerte ir a Gusen, nadie debía sobrevivir más de tres meses porque era un campo de exterminio por el trabajo. Quienes no estaban capacitados para ello, pues el trabajo era durísimo, eran gaseados o fusilados. Los españoles eran especialmente odiados por ser considerados comunistas, sufrieron mucho por el hambre y el frío, soportaban temperaturas de más de 25º bajo cero y por eso lo pasaron peor que los rusos y los polacos”.




Adolfo Cabezas Fernández también fue conducido al campo de prisioneros de guerra de Trier, el stalag XII-D y posteriormente deportado al terrible campo de concentración de Mauthausen el 25 de enero de 1941, donde la mortalidad era una de las más altas entre los campos del III Reich y en su brazo le tatuaron el número 4368, el 29 de marzo de ese mismo año ingresó en Gusen.



Falleció el 21 de noviembre de 1941 a las 5:30 am, tan solo tenía 30 años. Su ficha del campo indica que era católico romano y que otorgaba testamento a favor de su hermana, Natividad Cabezas Fernández.




A la memoria de Adolfo Cabezas Fernández y a la de todos los extremeños víctimas del nazismo, pues forman parte fundamental de nuestra historia.

 

FUENTES Y AGRADECIMIENTOS:

 - Portal de archivos PARES. Españoles deportados a Campos de Concentración Nazis.

 - Los últimos españoles de Mauthausen, de Carlos Hernández de Miguel.

 - BOE, Boletín Oficial del Estado, núm. 190 de fecha 9 de agosto de 2019.

 - Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

 - Asociación “Torre Isunza” para la Defensa del Patrimonio Histórico y Cultural de Don Benito.

 - Ayuntamiento de Rena (Badajoz)

 - Antonio López Rodríguez. Historiador y delegado para Extremadura de La Amical de Mauthausen y otros campos y de todas las víctimas del nazismo de España.

 - Bermejo, Benito; Checa, Sandra. Libro Memorial. Españoles deportados a los campos nazis. 1940-1945 (2006).

 - Juan Gutiérrez Perea. De La Axarquía a Mauthausen de José Sedano Moreno.