viernes, 26 de junio de 2026

DON BENITO. LOS MARTÍN-ROMO


En la historia cultural de Don Benito existe una curiosa coincidencia que a menudo me ha provocado confusiones. Y es que nuestra ciudad vio nacer a dos artistas que compartían prácticamente el mismo nombre: Antonio Martín-Romo Morales (1928-2013) y Antonio Martín-Romo Sánchez (1932-2007).

Aunque fueron personas diferentes, ambos tuvieron muchas cosas en común. Los dos nacieron en Don Benito, descubrieron muy pronto su pasión por el arte y se formaron en la Escuela de Artes y Oficios bajo la enseñanza del recordado maestro Juan Aparicio Quintana, quien desempeñó un papel fundamental en la formación de numerosos artistas locales.

 


 

Antonio Martín-Romo Morales destacó especialmente en el mundo de la pintura. Desde niño llamaba la atención por su habilidad para dibujar, llegando a plasmar con carbón escenas y figuras sobre las aceras de las calles de su barrio. Con esfuerzo, talento y mucha dedicación consiguió abrirse camino fuera de Don Benito, primero en Madrid y más tarde en París, donde desarrolló gran parte de su carrera artística. Su obra fue expuesta y reconocida en importantes galerías y salones europeos, convirtiéndose en uno de los artistas extremeños con mayor proyección internacional de su época. Sin embargo, nunca olvidó sus raíces ni el cariño por la tierra que le vio nacer.

 

OBRAS DE ANTONIO MARTÍN-ROMO MORALES
 


                  

 

Por su parte, Antonio Martín-Romo Sánchez siguió un camino artístico más variado. Además de formarse en dibujo, talla y modelado, destacó desde muy joven en la escultura, obteniendo un importante premio nacional cuando apenas tenía veinte años. También sintió una gran pasión por la música y llegó a formar parte de varias orquestas profesionales, recorriendo numerosos lugares de España e incluso países como Turquía y Líbano.

Aunque trabajó durante años en el sector bancario, jamás abandonó el arte. Fue en la acuarela donde encontró su forma más personal de expresión, logrando un importante reconocimiento y participando en numerosas exposiciones por toda España. Quienes le conocieron recuerdan no solo su talento artístico, sino también su sencillez, cercanía y calidad humana.

OBRAS DE ANTONIO MARTÍN-ROMO SÁNCHEZ






 

Cada uno siguió un rumbo diferente. Mientras Morales alcanzó prestigio internacional desde París, Sánchez desarrolló principalmente su carrera en España, convirtiéndose en un acuarelista muy apreciado. 


Dos nombres casi idénticos, dos vidas distintas y un mismo origen: Don Benito.

 

FUENTES Y AGRADECIMIENTOS:

D.S. Cordero

Biografías Dombenitenses II. (entre los siglos XIX - XXI). Antonio Martín-Romo Morales (1928-2013). Daniel Cortés González.

Biografías Dombenitenses II. (entre los siglos XIX - XXI). Antonio Martín-Romo Sánchez (1932-2007). Daniel Cortés González.

LOZANO SANTO, J.J. (2006): “Antonio Martín-Romo Sánchez. Tallista-Músico-Acuarelista”, en Antonio Martín-Romo Sánchez. “En el Recuerdo”, Ayuntamiento de Don Benito.

 

sábado, 20 de junio de 2026

DON BENITO. "SEÑÓ NATALIO"


Son varios los hombres vinculados a nuestra ciudad que formaron parte de la División Azul. Entre ellos figuran nombres como Jorge Mayoral Mora, José Torvisco o Pedro Miranda, entre otros. Hoy queremos detenernos en la figura de Natalio Rodríguez, un hombre cuya vida estuvo marcada tanto por el sacrificio como por el trabajo y la sencillez.

Los más veteranos de la ciudad seguramente lo recordaréis recorriendo sus calles al frente del transporte de carne desde el Matadero Municipal hasta el Mercado de Abastos, una estampa cotidiana que formó parte de la memoria colectiva durante décadas. Sin embargo, tras aquella imagen de trabajador incansable se escondía una historia extraordinaria, forjada en algunos de los escenarios más duros de la historia del siglo XX.

Natalio Rodríguez García nació en Don Benito en 1922, en una España convulsa que pronto pondría a prueba su destino. Marcado desde niño por la tragedia, con un padre asesinado durante la Guerra Civil y una madre perseguida y encarcelada, asumió con apenas diecisiete años la responsabilidad de sostener a su familia, ocupando el puesto que había desempeñado su progenitor en el Matadero Municipal.

Un compañero suyo lo recuerda, esto es lo que me contó:

Conocí a Natalio en el Matadero, donde trabajó durante cerca de cuarenta años en la carga y descarga. Era de esos hombres que parecen hechos de otra pasta. En todo ese tiempo no estuvo ni un solo día de baja. Lloviera, nevara o hiciera un calor insoportable, allí estaba siempre, cumpliendo con su trabajo.

 


Incluso después de jubilarse, muchas mañanas se dejaba caer por el Matadero para saludarnos a los que habíamos tomado el relevo. Le gustaba charlar con nosotros, recordar viejos tiempos y compartir alguna anécdota. Era un hombre muy querido entre los carniceros, servicial como pocos y siempre dispuesto a echar una mano. Tenía una presencia imponente: alto, corpulento y fuerte, pero al mismo tiempo humilde, amable y con una sonrisa fácil que hacía agradable cualquier conversación.

 


 

Vivía en la calle Piedad y parecía que conocía a todo el mundo. En el Matadero tenía una mula que tiraba del carro con el que se transportaba la carne. Los dos se entendían a la perfección; más de una vez bromeábamos diciendo que casi hablaban entre ellos.

 

Natalio Rodríguez García
 

 Había algo que llamaba especialmente la atención cuando se animaba a contar sus recuerdos. De vez en cuando se remangaba la camisa y nos enseñaba una cicatriz en el brazo. Entonces sonreía y nos explicaba que aquella herida se la habían hecho en combate mientras socorría a un compañero. Contaba que hacía tanto frío que ni siquiera se dio cuenta de que una bala le había atravesado limpiamente el músculo. Al ver la sangre, pensó que era la de su camarada y siguió adelante sin prestar atención a su propia herida.

 

 

Aquellas historias nos dejaban fascinados. Porque detrás de aquel trabajador incansable, de aquel hombre sencillo que cada mañana paseaba por el Matadero saludando a todos, se escondía alguien que había vivido experiencias extraordinarias. Y una de las que más nos impresionó fue la que ocurrió en las heladas tierras de Rusia.

Así lo contó:

“En 1941 me alisté en la División Azul y fui enviado al frente ruso, donde el frío y la guerra parecían enfrentarse en una lucha tan despiadada como la de los propios hombres. Al principio fui destinado a labores de abastecimiento, pero un acto de compasión hacia unos campesinos rusos cambió mi rumbo y acabó llevándome a la legendaria Compañía de Esquiadores.

 


Fue allí donde viví los momentos más intensos de mi vida. En enero de 1942 participé en la célebre Acción del lago Ilmen, una misión que muchos consideraban imposible. Poco más de doscientos españoles atravesamos la inmensidad helada del lago bajo temperaturas bajo cero. Nuestro objetivo era socorrer a una guarnición cercada por miles de soldados soviéticos.

 

El lago Ilmen, de Augusto Ferrer-Dalmau. (AUGUSTO FERRER-DALMAU)
 

El hielo quebradizo, las tormentas de nieve y las congelaciones castigaban cada paso que dábamos. Muchos hombres cayeron agotados o heridos, pero ninguno quiso rendirse. Seguimos avanzando porque sabíamos que dependían de nosotros.

Cuando finalmente alcanzamos la zona de combate, nos enfrentamos a fuerzas muy superiores en número. Fueron jornadas de lucha feroz, en las que cada metro ganado costaba un enorme sacrificio. Sin embargo, logramos romper el cerco y llegar hasta los sitiados. Durante aquella acción resulté herido por una bala mientras auxiliaba a un compañero, pero ni siquiera entonces pensé en abandonar. Cumplir con mi deber y ayudar a los míos era lo único que importaba.

 


 

Los que sobrevivimos quedamos unidos para siempre por el recuerdo de aquella gesta, considerada una de las acciones más admiradas de la División Azul. Por mi comportamiento durante la campaña, recibí la Cruz de Hierro alemana y la Medalla Militar Colectiva española, distinciones que siempre consideré un homenaje compartido con todos aquellos camaradas que lucharon y sufrieron a mi lado. En una guerra, en plena batalla, luchas por tus compañeros, por tu vida y por las suyas, un soldado se rige por el honor y la obediencia, así funciona el ejército.” 

Natalio, al regresar a Don Benito volvió a su trabajo de siempre, transportando la carne desde el Matadero Municipal y sirviendo durante décadas al Ayuntamiento de Don Benito.

 

Natalio Rodríguez García

 

Padre de familia, trabajador incansable y veterano de una de las campañas más duras del siglo XX, Natalio Rodríguez encarnó el espíritu de una generación forjada en la adversidad.

Falleció en 2002, dejando tras de sí el recuerdo de un hombre sencillo que, cuando la historia lo llamó, fue capaz de desafiar al miedo y la muerte para cumplir con su deber.

 

FUENTES Y AGRADECIMIENTOS:

Andrés Sánchez Díaz. Antiguo trabajador del Matadero Municipal de Don Benito. 

Dombenitenses entre los siglos XIX-XXI, de Daniel Cortés González. Don Benito, mayo de 2025.

Diario ABC. Ferrer-Dalmau revive la 'misión suicida' de la División Azul sobre un lago helado. Manuel P. Villatoro. 13/05/2026.

Rumbo a Rusia. Los voluntarios extremeños en la División Azul. Año 2007 Autores Francisco Gragera Díaz, Daniel Infantes.

https://eldardodelapalabra.blogspot.com.

Fotografías: D.S. Cordero.