Son varios los hombres vinculados a nuestra ciudad que
formaron parte de la División Azul. Entre ellos figuran nombres como Jorge
Mayoral Mora, José Torvisco o Pedro Miranda, entre otros. Hoy queremos
detenernos en la figura de Natalio Rodríguez, un hombre cuya vida estuvo
marcada tanto por el sacrificio como por el trabajo y la sencillez.
Los más veteranos de la ciudad seguramente lo recordaréis
recorriendo sus calles al frente del transporte de carne desde el Matadero
Municipal hasta el Mercado de Abastos, una estampa cotidiana que formó parte de
la memoria colectiva durante décadas. Sin embargo, tras aquella imagen de
trabajador incansable se escondía una historia extraordinaria, forjada en
algunos de los escenarios más duros de la historia del siglo XX.
Natalio Rodríguez García nació en Don Benito en 1922, en una
España convulsa que pronto pondría a prueba su destino. Marcado desde niño por
la tragedia, con un padre asesinado durante la Guerra Civil y una madre
perseguida y encarcelada, asumió con apenas diecisiete años la responsabilidad
de sostener a su familia, ocupando el puesto que había desempeñado su
progenitor en el Matadero Municipal.
Un compañero suyo lo recuerda, esto es lo que me contó:
Conocí a Natalio en el Matadero, donde trabajó durante cerca
de cuarenta años en la carga y descarga. Era de esos hombres que parecen hechos
de otra pasta. En todo ese tiempo no estuvo ni un solo día de baja. Lloviera,
nevara o hiciera un calor insoportable, allí estaba siempre, cumpliendo con su
trabajo.
Incluso después de jubilarse, muchas mañanas se dejaba caer
por el Matadero para saludarnos a los que habíamos tomado el relevo. Le gustaba
charlar con nosotros, recordar viejos tiempos y compartir alguna anécdota. Era
un hombre muy querido entre los carniceros, servicial como pocos y siempre
dispuesto a echar una mano. Tenía una presencia imponente: alto, corpulento y
fuerte, pero al mismo tiempo humilde, amable y con una sonrisa fácil que hacía
agradable cualquier conversación.
Vivía en la calle Piedad y parecía que conocía a todo el
mundo. En el Matadero tenía una mula que tiraba del carro con el que se
transportaba la carne. Los dos se entendían a la perfección; más de una vez
bromeábamos diciendo que casi hablaban entre ellos.
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| Natalio Rodríguez García |
Había algo que llamaba especialmente la atención cuando se
animaba a contar sus recuerdos. De vez en cuando se remangaba la camisa y nos
enseñaba una cicatriz en el brazo. Entonces sonreía y nos explicaba que aquella
herida se la habían hecho en combate mientras socorría a un compañero. Contaba
que hacía tanto frío que ni siquiera se dio cuenta de que una bala le había
atravesado limpiamente el músculo. Al ver la sangre, pensó que era la de su
camarada y siguió adelante sin prestar atención a su propia herida.
Aquellas historias nos dejaban fascinados. Porque detrás de
aquel trabajador incansable, de aquel hombre sencillo que cada mañana paseaba
por el Matadero saludando a todos, se escondía alguien que había vivido
experiencias extraordinarias. Y una de las que más nos impresionó fue la que
ocurrió en las heladas tierras de Rusia.
Así lo contó:
“En 1941 me alisté en la División Azul y fui enviado al
frente ruso, donde el frío y la guerra parecían enfrentarse en una lucha tan
despiadada como la de los propios hombres. Al principio fui destinado a labores
de abastecimiento, pero un acto de compasión hacia unos campesinos rusos cambió
mi rumbo y acabó llevándome a la legendaria Compañía de Esquiadores.
Fue allí donde viví los momentos más intensos de mi vida. En
enero de 1942 participé en la célebre Acción del lago Ilmen, una misión que
muchos consideraban imposible. Poco más de doscientos españoles atravesamos la
inmensidad helada del lago bajo temperaturas bajo cero. Nuestro objetivo era
socorrer a una guarnición cercada por miles de soldados soviéticos.
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| El lago Ilmen, de Augusto Ferrer-Dalmau.
(AUGUSTO FERRER-DALMAU) |
El hielo quebradizo, las tormentas de nieve y las
congelaciones castigaban cada paso que dábamos. Muchos hombres cayeron agotados
o heridos, pero ninguno quiso rendirse. Seguimos avanzando porque sabíamos que
dependían de nosotros.
Cuando finalmente alcanzamos la zona de combate, nos
enfrentamos a fuerzas muy superiores en número. Fueron jornadas de lucha feroz,
en las que cada metro ganado costaba un enorme sacrificio. Sin embargo,
logramos romper el cerco y llegar hasta los sitiados. Durante aquella acción
resulté herido por una bala mientras auxiliaba a un compañero, pero ni siquiera
entonces pensé en abandonar. Cumplir con mi deber y ayudar a los míos era lo
único que importaba.

Los que sobrevivimos quedamos unidos para siempre por el
recuerdo de aquella gesta, considerada una de las acciones más admiradas de la
División Azul. Por mi comportamiento durante la campaña, recibí la Cruz de
Hierro alemana y la Medalla Militar Colectiva española, distinciones que
siempre consideré un homenaje compartido con todos aquellos camaradas que
lucharon y sufrieron a mi lado. En una guerra, en plena batalla, luchas por tus
compañeros, por tu vida y por las suyas, un soldado se rige por el honor y la
obediencia, así funciona el ejército.”
Natalio, al regresar a Don Benito volvió a su trabajo de
siempre, transportando la carne desde el Matadero Municipal y sirviendo durante
décadas al Ayuntamiento de Don Benito.
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| Natalio Rodríguez García |
Padre de familia, trabajador incansable y veterano de una de
las campañas más duras del siglo XX, Natalio Rodríguez encarnó el espíritu de
una generación forjada en la adversidad.
Falleció en 2002, dejando tras de sí el recuerdo de un
hombre sencillo que, cuando la historia lo llamó, fue capaz de desafiar al
miedo y la muerte para cumplir con su deber.
FUENTES Y AGRADECIMIENTOS:
Andrés Sánchez Díaz. Antiguo trabajador del Matadero Municipal de Don Benito.
Dombenitenses entre los siglos XIX-XXI, de Daniel Cortés
González. Don Benito, mayo de 2025.
Diario ABC. Ferrer-Dalmau revive la 'misión suicida' de la
División Azul sobre un lago helado. Manuel P. Villatoro. 13/05/2026.
Rumbo a Rusia. Los voluntarios extremeños en la División
Azul. Año 2007 Autores Francisco Gragera Díaz, Daniel Infantes.
https://eldardodelapalabra.blogspot.com.
Fotografías: D.S. Cordero.