sábado, 4 de julio de 2026

DON BENITO. SATURIO GUZMÁN ÁLVAREZ (1880-1961)


Dicen que hay historias que nunca mueren, y la de Saturio Guzmán es una de ellas. Fue maestro, músico, poeta y funcionario del Ayuntamiento. Pero, si uno pregunta a los más viejos del lugar, enseguida sale el mismo asunto:

"Ese fue el muchacho al que metieron en la cárcel por el Crimen de Don Benito siendo inocente."   

  SATURIO GUZMÁN 

 
"Yo tenía solo veintiún años y mi vida era la música. Pasaba los días con la flauta en las manos, escribiendo versos, soñando con abrirme camino y disfrutando de la amistad de mucha gente del pueblo. Jamás imaginé que acabaría entre rejas acusado de un crimen." 

 

 
 

La noche del 18 al 19 de junio de 1902, Don Benito dejó de ser el pueblo tranquilo de siempre. Al amanecer corría la noticia de boca en boca: habían asesinado a Inés María Calderón, una muchacha de dieciocho años, y a su madre, Catalina Barragán, dentro de su propia casa. El horror fue tan grande que la noticia dio la vuelta a España. Todo el mundo hablaba del crimen y todos buscaban a los culpables.
En aquellos primeros días reinaban el miedo, los rumores y las habladurías.

 


Bastó con que uno de los verdaderos asesinos señalara a Saturio para que la Guardia Civil llamara a su puerta.


"Cuando me detuvieron pensé que aquello era una pesadilla. ¿Cómo podían acusarme de matar a personas a las que quería? Inés era mi amiga. Incluso le escribí algunos versos. ¿Cómo iba yo a hacerle daño?"

 



 
Los vecinos tampoco terminaban de creérselo. Pero cuando un crimen conmociona a un pueblo, la razón suele caminar más despacio que los rumores.

Los días en la cárcel fueron los más amargos de su vida. Sin embargo, en lugar de dejarse vencer por la desesperación, hizo lo que mejor sabía: escribir música.

"Si no podía defenderme con la voz, lo haría con las notas".

Así nació Dulce Esperanza, una composición llena de tristeza, pero también de fe. En ella dejó escrito el dolor de un inocente calumniado y la esperanza de que la verdad terminara imponiéndose.

 

DULCE ESPERANZA


Lengua maldita quiso mancharme
llenando mi alma de desolación,
pues calumniado por un malvado
preso me he visto,
preso me he visto ¡válgame Dios!

Y suspirando, siempre llorando,
esperé el día de la libertad.
Pues Dios, en quien yo me confío
por el que sufre injustamente
velando está. 

Y justiciero procurará
pague tan solo el criminal.
Pues horrorizada pensar siquiera
que injustamente
a un inocente pudo perder.
 


PULSAR PARA ESCUCHAR LA CANCIÓN

Y así ocurrió.

Un joven llamado Tomás Alonso Camacho declaró haber visto a los verdaderos culpables cerca de la casa donde se cometió el crimen. Su testimonio dio un vuelco a la investigación. Poco a poco todo encajó. Los auténticos asesinos fueron identificados, juzgados y condenados, mientras que Saturio recuperó la libertad a comienzos de agosto de 1902, con el honor limpio, aunque el alma profundamente herida.

 


"Salir de la cárcel fue volver a nacer. Pero hay heridas que nunca terminan de cerrarse."


Lejos de esconderse o vivir amargado, Saturio decidió seguir adelante. Fundó la orquesta La Dalia, creó la estudiantina La Media Luna, ejerció como maestro, periodista y compositor, y dedicó casi medio siglo al Ayuntamiento de Don Benito, donde llegó a ocupar el cargo de Oficial Mayor. Con el paso de los años, el pueblo volvió a conocerlo por lo que siempre había sido: un hombre honrado, trabajador y enamorado de la cultura.


 Saturio Guzmán. Foto cedida por Daniel Cortés González.

 

Las sobrinas de Saturio Guzmán, en una entrevista concedida a la revista Pronto, recordaban a su tío como un hombre de extraordinaria bondad. Relataron que, cuando recuperó la libertad tras demostrarse su inocencia, todo el pueblo acudió a recibirlo a la salida de la cárcel. Entre muestras de afecto y emoción, fue llevado a hombros hasta su casa, en un emotivo homenaje con el que sus vecinos quisieron reparar, al menos en parte, la injusticia que había sufrido.

"Mi tío era un hombre buenísimo, un maestro muy respetado, pero le cogieron porque él iba mucho por casa de Inés María, y decían que estaba cortejándola. También cogieron a un médico joven, un tal Suarez, que vivía en una localidad cercana porque alquilaba una habitación en la casa de doña Catalina, para pasar consulta tres veces por semana. Decían también que estaba enamoradillo de Inés María. A mi tío y al médico los tuvieron 45 días presos. Lo pasaron muy mal. El médico salió de la prisión con el cabello completamente blanco, y mi tío Saturio salió con una enfermedad de corazón”.

 

Sobrinas de Saturio Guzmán. Foto cedida por Daniel Cortés González.

 

Hoy, más de un siglo después, el Crimen de Don Benito sigue despertando curiosidad entre historiadores y vecinos. Pero la historia de Saturio Guzmán no es solo la de aquel terrible asesinato. Es, sobre todo, la historia de un hombre que vio cómo una falsa acusación estuvo a punto de destrozarle la vida y que, aun así, encontró fuerzas para levantarse y recuperar su nombre.


FUENTES Y AGRADECIMIENTOS:

Imágenes restauradas por dovane63 a partir de fotografías auténticas de la época.

El crimen de Don  Benito. Un pueblo contra el caciquismo, de Daniel Cortés González.

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lunes, 29 de junio de 2026

DON BENITO. EL CALVARIO


Hace unos días hablábamos de un singular lavabo que se conserva en la sacristía de la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de Don Benito. Recordemos que las obras de esta dependencia se desarrollaron entre 1560 y 1573, durante el episcopado de don Pedro Ponce de León, obispo de Plasencia.


        lavabo que se conserva en la sacristía

En esta ocasión, el protagonista de nuestro recorrido por los tesoros menos conocidos del templo es una pintura que parece resistirse a revelar todos sus secretos. Permanece oculta tras varias imágenes devocionales, como si el tiempo quisiera protegerla del paso de las miradas. Se trata de un Calvario, la representación de Jesucristo crucificado en el monte Gólgota, acompañado por la Virgen María y San Juan Evangelista al pie de la cruz.

La obra tras la retirada de las imágenes

La obra se atribuye a José de Mera Rodríguez, un pintor barroco cuya figura continúa envuelta en un sugestivo velo de misterio. Son escasos los datos que han llegado hasta nosotros sobre su vida y su producción artística. Sabemos que nació el 14 de agosto de 1672 en la vecina Villanueva de la Serena.

Actualmente presenta un avanzado estado de deterioro. El inexorable paso del tiempo, unido a la falta de conservación, ha borrado para siempre parte de la composición, mientras otras zonas apenas conservan el recuerdo de los colores que un día les dieron vida. Sin embargo, incluso en su fragilidad, la pintura conserva una fuerza que invita a imaginar el esplendor que debió de tener en su origen.


Cristian Lozano y Daniel Cortés

Para poder fotografiarla fue necesario retirar con sumo cuidado las imágenes que la ocultaban. En las fotografías vemos a Daniel Cortés y Cristian Lozano durante esta delicada intervención, que permitió contemplar nuevamente una obra olvidada durante años.

Con el propósito de desvelar algunos de los detalles que el tiempo ha ocultado, varias de las imágenes han sido tratadas digitalmente mediante la herramienta DStretch, capaz de resaltar restos de pigmentos apenas perceptibles a simple vista.

Simulación de la representación

Posteriormente, y a partir de esos indicios, se ha empleado inteligencia artificial para elaborar una recreación aproximada de cómo pudo ser la representación original. No pretende mostrar una verdad definitiva, sino ofrecer una ventana hacia aquello que el paso de los siglos nos ha arrebatado y permitirnos imaginar, aunque solo sea por un instante, el aspecto que tuvo este silencioso testigo de nuestra historia.

En esta fotografía pueden apreciarse los desgarros en el revestimiento del muro, provocados por un objeto punzante, así como varios impactos cuya naturaleza resulta difícil de determinar. Es posible que estas marcas se remonten a los convulsos años de la Guerra Civil Española, permaneciendo como silenciosas cicatrices y que evocan algunos de los episodios más difíciles de la historia de este templo.


DETALLES DE LA OBRA


Detalle San Juan Evangelista




Recreación de la Virgen


JOSÉ DE MERA

José de Mera residió en Villanueva hasta los diez años de edad. Después, como tantos jóvenes de ayer y de hoy (quizá no hemos avanzado tanto como creemos), hubo de abandonar su tierra para buscar oportunidades lejos de casa. Su destino fue Sevilla, donde ingresó como discípulo de Bernabé de Ayala. Allí completó su formación y desarrolló buena parte de su carrera artística hasta aproximadamente 1702-1707.

Ya viudo, regresó entonces a su ciudad natal y contrajo segundas nupcias el 27 de noviembre de 1707 con Leonor de Miranda de la Alberca, hija de Gregorio Miranda de la Alberca y de María de los Reyes Hidalgo. Su domicilio se encontraba en la calle del Osario, correspondiente al primer tramo de la actual calle Ramón y Cajal.

Entre 1724 y 1727 trabajó en Don Benito, donde dejó una huella artística de gran relevancia. Según consta en el archivo parroquial, realizó varios lienzos para el retablo mayor de la iglesia de Santiago Apóstol y ejecutó también este Calvario destinado a la sacristía. Lamentablemente, el retablo fue destruido por completo en 1936.


Durante su estancia en la localidad también restauró diversas pinturas de la capilla de Guadalupe, situada en la actual calle Virgen.

Pechina de la capilla de Guadalupe en Don Benito

Entre las obras conservadas de José de Mera destacan:

La imposición de la casulla a San Ildefonso, en la catedral de Coria (Cáceres).

La Anunciación, también en la catedral de Coria.

La Sagrada Familia con San Joaquín y Santa Ana, en la iglesia de San Martín de Trujillo (Cáceres).

 La visión del cadáver de la reina Isabel por San Francisco de Borja, en la ermita de Nuestra Señora de la Salud de Plasencia (Cáceres).

Otras obras conocidas son La visión de San Francisco Javier, perteneciente a los fondos de la Diputación Provincial de Cáceres y procedente del convento de Santa Ana de Plasencia. Asimismo, se le atribuyen dos pinturas conservadas en el Museo de Bellas Artes de Badajoz (MUBA): La excarcelación de San Pedro y El capricho de Salomé.

Tampoco la fecha de su fallecimiento está exenta de incertidumbre. Algunas fuentes sitúan su muerte en el año 1734. Sin embargo, un escrito de don Diego de Nogales y Mendoza, capellán de las fundaciones al Real Consejo de las Órdenes, menciona que a finales de julio de 1740 el pintor se encontraba en Zalamea de la Serena tomando apuntes de la imagen del Santo Cristo de Zalamea en su Real Capilla de la Quinta Angustia.

Este dato prolonga la sombra de su existencia más allá de lo que durante años se creyó. Gracias a las investigaciones del profesor e historiador Dionisio Á. Martín Nieto, hoy podemos situar su fallecimiento en el año 1752.

Así, entre documentos dispersos, obras desaparecidas y pinturas que han sobrevivido al desgaste de los siglos, la figura de José de Mera Rodríguez continúa emergiendo lentamente de la penumbra de la historia. Y quizá sea precisamente ese velo de misterio el que hace aún más fascinante contemplar este olvidado Calvario de la sacristía de la iglesia de Santiago Apóstol.

 

Fuentes y agradecimientos:

El pintor José de Mera (Villanueva de la Serena, 1672-1752) de Dionisio Á. Martín Nieto. Revista de Estudios Extremeños, 2018, Tomo LXXIV, N.º III, pp 2029-2044.

La pintura extremeña del siglo XVIII: Los Hidalgo, de Pilar Mogollón Cano-Cortés.

El pintor José de Mera, de María Teresa Terrón Reynolds.

El pintor extremeño José de Mera, de Salvador Andrés Ordax.

Fermín Solano Casero, párroco de la iglesia de Santiago Apóstol, en Don Benito.

MEMORIA DEL PATRIMONIO DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTIAGO APÓSTOL DE DON BENITO (BADAJOZ) de Daniel Cortés González.

LA TORRE DE SANTIAGO. 2008, de Juan José Lozano Santo.

Andrés Sánchez Díaz.

Cristian Lozano Sánchez.


sábado, 27 de junio de 2026

DON BENITO. ANA SOLO




Desde el año 1920, una de las calles de nuestra ciudad lleva su nombre. Esta vía se extiende entre las calles de Villanueva y Donoso Cortés, perpetuando en el callejero urbano la memoria y el reconocimiento de su figura. Sin embargo, pese a este homenaje perdurable, continúa siendo una gran desconocida para la inmensa mayoría de sus paisanos, que apenas conocen la relevancia de su trayectoria y las aportaciones que la hicieron merecedora de tal distinción.

 


 

Ana María Solo de Zaldívar e Hidalgo-Chacón (1858-1916) fue una de las mujeres más destacadas que ha dado Don Benito. Nacida en el seno de una familia acomodada y de tradición aristocrática, supo abrirse camino en una época en la que las mujeres tenían muy pocas oportunidades para estudiar y desarrollar una carrera profesional. Dombenitense de nacimiento y de corazón, hizo de la educación su gran pasión y dedicó toda su vida a mejorar la formación de niñas y maestras.

Desde muy joven mostró una personalidad fuerte, decidida e independiente. A pesar de las reticencias de parte de su familia, que no veía con buenos ojos que una mujer de su posición estudiara y trabajara, Ana María luchó por cumplir sus objetivos. Gracias a su esfuerzo y constancia consiguió formarse en Madrid y obtener los títulos de institutriz y maestra, convirtiéndose en un ejemplo de superación y autonomía para muchas mujeres de su tiempo.

Gafas originales de Ana Solo de Zaldívar - Colección privada

Tras finalizar sus estudios, regresó a su querido Don Benito, donde fundó y dirigió el colegio de niñas San Ildefonso. Años después volvió a Madrid, donde creó nuevos centros educativos y una academia para preparar a futuras maestras. Su compromiso con la enseñanza la llevó a seguir formándose hasta alcanzar el título de maestra normalista, con el propósito de contribuir a la formación de nuevas generaciones de docentes.

Su brillante trayectoria profesional la llevó a ocupar puestos de gran responsabilidad. Fue profesora en Madrid y, posteriormente, directora de las Escuelas Normales de Málaga, Sevilla y Granada. En estas ciudades impulsó importantes mejoras educativas, renovó instalaciones, creó bibliotecas, laboratorios y museos pedagógicos, y promovió métodos de enseñanza más modernos. Gracias a su trabajo, la Escuela Normal de Granada llegó a convertirse en uno de los centros de formación femenina más prestigiosos de España.

Pero Ana María no solo destacó como educadora. También fue una mujer profundamente comprometida con los problemas sociales de su tiempo. Participó activamente en obras benéficas, colaboró con la Cruz Roja, apoyó a estudiantes con pocos recursos y promovió iniciativas solidarias para ayudar a los más necesitados. 

Su entrega y generosidad le valieron importantes reconocimientos:

Medalla de Oro de la Cruz Roja, Cruz de Alfonso XII, Medalla de Plata de la Exposición de Bruselas, Medalla de Oro de la Exposición hispano-francesa, medalla del Congreso de Paidología de París y de la Coronación de Alfonso XIII.

 

Medallas originales de Ana Solo de Zaldívar - Colección privada

 

Además, cultivó la literatura y la poesía, publicando artículos, ensayos y versos en distintas revistas y periódicos. Aunque gran parte de su obra se ha perdido, sus escritos reflejan su sensibilidad, cultura y amor por las letras.

 


 

Ana María Solo de Zaldívar falleció en Granada en 1916, dejando tras de sí una huella imborrable. Su figura fue ampliamente reconocida por compañeros, alumnos y autoridades de la época. 

Su vida demuestra cómo una mujer dombenitense fue capaz de superar las barreras de su tiempo y convertirse en una de las pedagogas más importantes de la España de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

 

FUENTES Y AGRADECIMIENTOS: