viernes, 15 de mayo de 2026

4 ESQUINAS DE GUAREÑA

 


11 de agosto de 1936. Guareña (Badajoz). 

En un pequeño pueblo de aquella España sacudida por tiempos convulsos, vivía un humilde sacerdote que llevaba siempre consigo un objeto profundamente querido. No destacaba por su valor material, pero sí por su inmenso significado espiritual: probablemente había sido un regalo de su madre el día de su primera misa, tras su ordenación sacerdotal en 1915. Desde entonces, reposaba sobre su pecho como un recordatorio constante de su entrega a Cristo.

 


Se trata de un crucifijo de elegante factura, concebido bajo un diseño de cruz trebolada, ya que los extremos de sus brazos evocan hojas de trébol. Está elaborado en bronce o latón, materiales que le confieren solidez y nobleza, y se enriquece con refinadas incrustaciones de madera negra, que acentúan su contraste y profundidad estética. En conjunto, es una pieza representativa de los crucifijos producidos a finales del siglo XIX o comienzos del XX, cuya tipología y estilo permiten atribuirla, con razonable probabilidad, a talleres franceses o españoles de la época.

Francisco Caballero Méndez, natural de Guareña (Badajoz), era hijo de José Caballero y de Teresa Méndez. Nació el 17 de noviembre de 1887 y recibió la ordenación sacerdotal el 18 de diciembre de 1915.

Francisco Caballero Méndez. Foto optimizada por DOVANE63

 

Desarrolló su ministerio como coadjutor en diversas parroquias de la diócesis, entre ellas Nuestra Señora de Belén de Miajadas, Peraleda de la Mata y Losar de la Vera. Finalmente, ejerció su labor pastoral como capellán de los Hermanos de la Doctrina Cristiana en su pueblo natal, Guareña, donde sirvió con entrega humilde y fidelidad ejemplar.

Cuando llegaron los días de la persecución, el sacerdote no dejó de llevar la cruz consigo. Aquella cruz no era solo un adorno, sino su fuerza y su consuelo en medio del temor. En la última noche de su vida, 11 de agosto, fue conducido junto a otros inocentes, entre ellos su hermano Antonio, hasta un lugar conocido como las Cuatro Esquinas, la calle que baja de la iglesia hasta la plaza, donde actualmente se encuentran la Casa de Cultura y la Biblioteca.

El silencio era más pesado que las palabras, pero él apretaba la cruz entre sus dedos, como quien se aferra a la esperanza última.

Finalmente, los dos hermanos fueron fusilados, junto con el resto de apresados, aunque según cuenta un familiar directo, a don Francisco lo mataron a culatazos de escopeta, con el fin de no emplear munición. 

 


 

Se conserva, como testimonio doloroso de aquellos hechos, aquella cruz, sus familiares la guardaron con profundo celo, hoy permanece como una reliquia familiar, memoria silenciosa de su sufrimiento y de su fidelidad hasta el final.

La cruz, guardada como un tesoro, actualmente preside una mesita de noche del nieto de Antonio. Está marcada por el paso del dolor humano, pero sigue intacta en su forma esencial. Julián la conserva con devoción, no como un recuerdo de violencia, sino como signo de fidelidad.

 

  

Con el tiempo, esta cruz ha dejado de ser solo un objeto: se ha convertido en memoria viva. Para quienes la contemplamos, habla de una fe que no se rompe bajo la presión del sufrimiento, de una esperanza que no muere incluso cuando todo parece oscurecerse, y de un amor que, silenciosamente, permanece.

 

FUENTE Y AGRADECIMIENTOS:

  • La Segunda República y la Guerra Civil en Guareña; Juan Ángel Ruiz Rodríguez. Diputación de Badajoz, 2010
  • Pedro José Pascual Salguero.
  • Julián de Vicente Caballero, nieto de Antonio Caballero Méndez.
  • Guareña (Badajoz). Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1053, Exp.3
  • https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/show/4490562?nm
  • Diócesis de Plasencia.
  • Martyrs of the Religious Persecution during the Spanish Civil War ~ (†1934, 1936-39)
  • https://dovane63.blogspot.com/2018/11/martires.html
  • lahispanidad.com. España 1936-1939: la mayor persecución religiosa en 2.000 años de cristianismo, a cargo de socialistas y comunistas, de Javier Paredes. 24/10/21 

sábado, 11 de abril de 2026

MEDELLÍN. LA CASA DE MARÍA ASUNCIÓN.


Exposición temporal «Necrópolis Tartésica de Medellín. Campaña 2025», instalada en la conocida Casa de María Asunción (nombre de una de sus propietarias en el primer tercio del siglo XX), también llamada popularmente Casa del Telefonista.

 

La muestra ofrece al visitante la oportunidad de contemplar los hallazgos arqueológicos más recientes, cerámicas, marfiles, clavos y charnelas… que confirman la relevancia de Medellín como enclave estratégico en las rutas del Mediterráneo y como destacado referente del mundo tartésico.

MARFILES CON DECORACIÓN INCISA



COLGANTE DE ORO (RÉPLICA)


CHARNELAS Y CLAVOS



CERÁMICA








MICROEXCAVACIÓN




MOBILIARIO

El inmueble, está situado en el número 24 de la calle Colombia y es de titularidad municipal en la actualidad.
Fue a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX residencia de los marqueses de Torres Cabrera.
Conserva antiguos cuadros de grandes dimensiones, cortinas y mobiliario, incluso los alzapaños de las cortinas.





Tras la Batalla de Medellín, en 1809, el edificio fue ocupado temporalmente por el mariscal Víctor durante la presencia de las tropas francesas. 

Con posterioridad, la casa continuó siendo residencia de la marquesa hasta su adquisición por las religiosas Concepcionistas por 20.000 reales, con el propósito de establecer en ella su comunidad tras la destrucción de su convento.

Las religiosas habitaron el inmueble durante años, incluso después de la exclaustración, hasta que la desamortización de Mendizábal (1841-1846) propició su venta en pública subasta.

CUADROS DE GRANDES DIMENSIONES




  

DECORACIÓN DE TECHOS





Finalmente, la propiedad fue adquirida  en subasta pública por Narciso Torres y Rosado, quien la dividió en dos viviendas, configuración que ha perdurado hasta nuestros días. 

"Si bien la parte más amplia y con salida a las antiguas “eras” está mucho más remodelada acorde a los gustos de épocas posteriores, siendo la parte de Don Francisco Cerrato Sánchez y sus herederos la que conserva la fisonomía más antigua"




   


FUENTES Y AGRADECIMIENTOS:

  • Leonor Llanes, Técnico de Gestión Turística y Cultural del Ayuntamiento de Medellín.
  • https://www.medellinhistoria.com/blog_1/medellin_espana_una_antigua_casa_senorial_259
  • https://cronistadelasbrozas.blogspot.com/2024/02/el-marquesado-de-torres-cabrera-une-la.html
  • Asociación Histórica Metellinense - Historia de Medellín.
  • Daniel Cortés González. 
  • https://dovane63.blogspot.com/2018/02/don-benito-1809-capitulo-1.html 
  • Andrés Sánchez Díaz.
  • Santi Guerra Millán. 

sábado, 7 de marzo de 2026

DON BENITO "EL NOQUE"

Muchas calles de esta zona de la ciudad comparten un mismo hilo conductor: todas llevan nombres de ríos. Entre ellas se encuentra la calle Alcollarín, cuyo nombre evoca al río Alcollarín, que nace en las estribaciones de la Sierra de Guadalupe y vierte sus aguas en el río Ruecas, cerca de la localidad de Rena.

 

La calle Alcollarín, situada en el barrio denominado El Noque, se extiende desde la calle Villanueva hasta la calle Valdetorres. Las fotografías que la acompañan permiten recorrer su transformación a lo largo del tiempo: desde 1929, cuando aún era conocida como Segundo Barrial, hasta la actualidad, en 2026.

 

 Calle Alcollarín Años 70. Foto: D.S. Cordero

En sus inicios, se trataba de una vía de tierra, salpicada de modestas construcciones que recordaban a chabolas. La ausencia de una red de saneamiento y la acumulación de residuos la convertían en un espacio insalubre.

 

 Calle Alcollarín Años 70. Foto: D.S. Cordero

En las casas, las necesidades se hacían en el hoyo del estiércol, donde también se arrojaban los desperdicios. Algunos hogares disponían de un retrete sencillo: una plataforma de madera con un agujero en el centro, humilde pero funcional. 

 

 

El papel higiénico no era más que hojas de periódicos o revistas reutilizadas, hasta que un día apareció aquel áspero rollo adornado con el dibujo de un elefante rojo, símbolo discreto de modernidad y progreso.

 


El hoyo se ubicaba al fondo de la vivienda, junto a la cuadra, y una vez al año se vaciaba su contenido (mezcla de residuos domésticos y excrementos del ganado) para convertirlo en abono natural que fertilizaba los campos.

 

 Calle Alcollarín Años 70. Foto: D.S. Cordero

 

El nombre “Noque” proviene de un antiguo depósito de agua que se encontraba en la zona. Durante los años 70 del siglo XX, la escasez de agua potable en los hogares, sumada a la presencia de los estercoleros, generaba una elevada incidencia de enfermedades como fiebres tifoideas, hepatitis A y gastroenteritis infecciosa, entre otras. 

 

  Calle Alcollarín. Principios años 70. Foto: D.S. Cordero

La proliferación de moscas y la acumulación de basura en las calles contribuían notablemente a la propagación de estas enfermedades.

 

 Ruinas del depósito de agua C/ Alcollarín esquina C/ Zújar. finales años 60. Foto: D.S. Cordero

 

Siendo alcalde de la ciudad D. José Gómez Cidoncha en 1875, se llevó a cabo una de las obras que marcarían el pulso del progreso urbano: la instalación de las tres primeras fuentes públicas de agua. 

Estas fueron la Fuente de la Constancia, situada en la calle Arenal (donde hoy se alza el edificio de los juzgados); la Fuente del Amparo, en la zona sur de la Plaza de España; y la Fuente del Buen Suceso, en la calle Doña Consuelo Torre, próxima a la esquina con la calle Granados.

El agua, conducida a través de tuberías, era elevada mediante bombas de vapor desde el conocido Pozo Republicano hasta el depósito del “Noque”.

 

 

En las décadas de 1960 y 1970, la ausencia de una red generalizada de abastecimiento de agua potable obligaba a muchas familias a recurrir a medios tradicionales para obtenerla. Aunque algunas viviendas disponían de un pozo en el patio, el agua no siempre era suficiente ni adecuada para todas las necesidades del hogar.


 

C/ Alcollarín esquina C/ Zújar, lugar que ocupaba el depósito de agua. Foto: Dovane63

Por ello, era habitual que los vecinos se desplazaran hasta las fuentes públicas para recoger agua en cántaros de zinc y transportarla hasta sus casas. Esta tarea cotidiana recaía, en la mayoría de los casos, sobre las mujeres y los niños de la familia, quienes recorrían a diario el camino hasta la fuente para asegurar el suministro necesario para la vida doméstica.


 Depósito de "El Noque" finales años 60. Foto: D.S. Cordero

 

Décadas más tarde, la red de fuentes se extendió por distintos puntos de la ciudad, consolidando este servicio esencial. Se instalaron nuevas fuentes en la plazoleta del Cuervo, en la calle San Marcos y en la pequeña plaza formada por la confluencia de las calles Arrabal, Luna, Amargura, Piedad y San José, configurando así un entramado que acompañó el crecimiento y la modernización de la población.

 

  Calle Alcollarín. Foto: D.S. Cordero

El primer acuerdo municipal destinado a resolver el problema del abastecimiento de agua potable y la red de alcantarillado en nuestra ciudad se remonta a 1920; sin embargo, las obras no comenzaron sino catorce años más tarde, en 1934, marcando el inicio de una transformación decisiva en la historia de Don Benito.

 

Calle Alcollarín. Foto: Dovane63

Hoy, sin embargo, esa realidad ha quedado atrás: la calle Alcollarín se ha transformado en una de las arterias más amplias y dignas de la ciudad, reflejo del paso del tiempo y del progreso urbano.



Calle Alcollarín año 2026. Fotos: Dovane63

 

FUENTES Y AGRADECIMIENTOS:

  • FOTOS: Alfredo Ara Martín - D.S. Cordero. - Dovane63.
  • DON BENITO. La traída del agua corriente y la instalación del alcantarillado. Andrés Retamal Ojeda.
  • Daniel Cortés González. Asoc. “Torre Isunza” para la Defensa del Patrimonio Histórico y Cultural de Don Benito.
  • Archivo Municipal de Don Benito.