El pasado domingo tuve de nuevo la oportunidad de visitar la sacristía de la ermita de Las Cruces y fotografiar unas pinturas que han quedado al descubierto después de desprenderse parte de la pintura de una de las paredes.
dovane63
martes, 8 de septiembre de 2026
DON BENITO. UNA HUELLA DEL PASADO
El pasado domingo tuve de nuevo la oportunidad de visitar la sacristía de la ermita de Las Cruces y fotografiar unas pinturas que han quedado al descubierto después de desprenderse parte de la pintura de una de las paredes.
lunes, 7 de septiembre de 2026
DON BENITO: El legado artístico de la Casa Maumejean.
Don Benito conserva entre su patrimonio artístico auténticas
joyas. Entre ellas destacan sus vidrieras, elementos que no solo embellecen los
edificios que las albergan, sino que también permiten acercarnos a la historia
social y artística de la ciudad. Un ejemplo excepcional lo encontramos en el
actual Museo Etnográfico Agustín Aparicio Cerrato, antigua casa-palacio de la
familia Granda, donde sobresale la magnífica cúpula vitral del Patio Noble.
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| Enmarcado en rojo, lugar donde se encuentra la firma Hermanos Maumejean, Madrid |
La residencia fue mandada edificar en 1905 por el segundo conde, don Pedro Granda Calderón de Robles. El espacio interior fue enriquecido con una espectacular cúpula de cristal emplomado realizada por los Hermanos Maumejean. Estas estructuras tenían una importante función arquitectónica: cubrir los patios interiores de las grandes viviendas burguesas permitiendo el paso de la luz natural y proporcionando luminosidad a las estancias interiores.
Junto al Patio Noble se conserva además una vidriera de
especial interés: el escudo de armas de la familia Granda. Se trata de una
pieza realizada en cristal emplomado y pintada a mano, en la que aparecen
representados los cuatro linajes familiares: Granda, Torres Cabrera, Calderón de
Robles y Gómez Galeano.
Los Granda eran de ascendencia asturiana y contaban con
pruebas de nobleza en la Real Audiencia de Oviedo. Posteriormente se
establecieron en Don Benito, La Haba y otros lugares de Extremadura. Desde el
siglo XIX estuvieron vinculados al título de conde de Campos de Orellana,
creado en 1878 por el rey Alfonso XII a favor de Pedro Nicomedes Campos de
Orellana y Calvo.
Todas estas piezas (la cúpula, el escudo y otros vitrales de
la casa) fueron realizadas por los Hermanos Maumejean, una de las grandes sagas
europeas de la pintura sobre vidrio. La historia de esta familia se remonta a
1860, cuando Jules Pierre Maumejean, con apenas 23 años, abrió su primer taller
en Pau, Francia. Sus hijos Joseph, Henri, Léon y Cari continuaron la tradición
familiar y extendieron sus talleres por Francia y España.
La relación de los Maumejean con nuestro país fue especialmente intensa. En 1898, Joseph Maumejean estableció un taller en Madrid y, posteriormente, la firma abrió delegaciones en Barcelona y San Sebastián. Sus trabajos alcanzaron edificios religiosos, civiles y residencias particulares.

El legado de esta prestigiosa familia también está presente
en Don Benito. Además de las piezas conservadas en el Museo Etnográfico, la
ciudad cuenta con otro espectacular lucernario perteneciente a una antigua casa
burguesa, donde todavía puede apreciarse la firma de la Casa Maumejean. Una
mansión mandada a construir en 1934 por Doña Joaquina Granda y Torres-Cabrera.
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| Casa Solariega C/. Don Pedro Granda |
Conservar y divulgar estas vidrieras significa proteger una parte esencial de la memoria de Don Benito. A través del color, la luz, el cristal y el plomo, estas obras narran una época de prosperidad burguesa, reflejan la identidad de una familia y conectan a la ciudad extremeña con una de las grandes tradiciones europeas del arte del vitral. Son, en definitiva, patrimonio, historia y arte convertidos en luz.
Fuentes y agradecimientos:
- Museo Etnográfico Agustín Aparicio Cerrato (Don Benito): información sobre la antigua casa-palacio de la familia Granda, el Patio Noble, la cúpula vitral y el escudo heráldico conservado en el inmueble.
- Ayuntamiento de Don Benito / documentación de patrimonio histórico y cultural: información relativa al patrimonio arquitectónico y artístico de la ciudad y a la antigua casa-palacio de los Granda.
- RETAMAL OJEDA, Andrés (2001): Don Benito a través de su arquitectura. La Ciudad que nos ha llegado, Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Don Benito.
- Casa Maumejean: documentación histórica sobre los talleres de los Hermanos Maumejean, su establecimiento en España y su producción de vidrieras artísticas.
- Bibliografía sobre la historia de la vidriera artística en España, especialmente la producción de la Casa Maumejean entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.
- Fuentes genealógicas y nobiliarias sobre la familia Granda: información relativa a su procedencia asturiana, pruebas de nobleza y vinculación con los linajes Granda, Torres Cabrera, Calderón de Robles y Gómez Galeano.
- Daniel Cortés González. Asoc. “Torre Isunza” para la Defensa del Patrimonio Histórico y Cultural de Don Benito.
- Fuentes sobre el condado de Campos de Orellana: documentación histórica relativa a la creación del título en 1878 durante el reinado de Alfonso XII.
domingo, 30 de agosto de 2026
DON BENITO. EL VASO DE VALDEGAMAS
El Vaso de Valdegamas es una de las piezas arqueológicas más curiosas
relacionadas con la historia de Don Benito. Su historia comenzó hace más de
2.500 años, aunque no fue hasta mediados del siglo XX cuando volvió a salir a
la luz.
El vaso apareció de forma casual en la finca de Valdegamas de Abajo,
mientras un agricultor araba la tierra. Durante un tiempo nadie imaginó su verdadero
valor e incluso llegó a estar en un leñero, ya que se pensaba que era una pieza
de barro. Fue D. Manuel Donoso-Cortés, propietario de la finca, quien lo
recogió, lo limpió y descubrió que en realidad era de bronce.
Don Manuel, consciente de que podía tratarse de una pieza importante, decidió conservarla y ponerla en conocimiento de especialistas.
D. Celestino Vega Mateos desempeñó un papel fundamental para evitar que esta pieza cayera en el olvido y lograr su reconocimiento por la comunidad científica. Para ello, se puso en contacto con el prestigioso catedrático y arqueólogo Antonio García y Bellido, a quien facilitó fotografías y datos esenciales para su estudio histórico.
En 1952, los arqueólogos Antonio García Bellido y Antonio Blanco Freijeiro
visitaron la finca y realizaron excavaciones, encontrando también restos de
cerámica y otros objetos antiguos.
El Vaso de Valdegamas está fechado a finales del siglo VI antes de Cristo.
Tiene una forma característica y destaca especialmente la decoración del asa,
donde aparece la cabeza de una figura femenina acompañada de leones. Se ha
relacionado con Potnia Theron, la “Señora de los Animales”, una representación
de origen oriental.
La pieza muestra influencias orientales y etruscas, lo que nos habla de los contactos entre diferentes culturas del Mediterráneo en aquella época.
Fotografía, realizada el 7 de diciembre de 1953 en la Casa Solariega de la
familia Donoso Cortés en Don Benito, están presentes, de izquierda a derecha:
D. Antonio Blanco Freijeiro, Auxiliar de la Cátedra y Conservador del Museo del
Prado; Dª Elena Vega Rodrigo (con el Vaso de Valdegamas original en sus manos),
D. Antonio García Bellido, Catedrático de Historia, Director del Instituto
“Rodrigo Caro” y Académico de la Historia; Dª Felisa Rodrigo García, D. Manuel
Donoso-Cortés y García de Paredes, propietario de la finca Valdegamas, donde
apareció el Vaso; D. Celestino Vega Mateos y D. Rafael Navarrete
Salazar.
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| Archivo Fotográfico de la Asociación "Torre Isunza" de Don Benito, Fondo Celestino Vega Mateos. Fotografía restaurada por DOVANE63 |
El Vaso original se conserva y se expone en el Museo Arqueológico Nacional (MAN),
en Madrid.
La réplica que aparece en las fotografías se encuentra actualmente en unas
dependencias de la Casa de Cultura de Don Benito. Hasta hace poco tiempo
permanecía expuesta al público, permitiendo a vecinos y visitantes conocer una
pequeña parte de nuestra historia.
Sería estupendo que esta reproducción volviera a estar expuesta y accesible para todos. Su presencia contribuiría a poner en valor nuestro patrimonio histórico y arqueológico, mantener viva la memoria de aquel singular hallazgo y acercar nuestra historia a las nuevas generaciones.
Fuentes y agradecimientos:
• Museo Arqueológico Nacional
(MAN) – Ficha y documentación del Jarro de Valdegamas, procedente de Don Benito
(Badajoz).
• Ayuntamiento de Don Benito –
Información sobre el patrimonio arqueológico de la localidad y el Jarro de
Valdegamas.
• Antonio Blanco Freijeiro, El
vaso de Valdegamas (Don Benito, Badajoz) y otros vasos de bronce del Mediodía
español, Archivo Español de Arqueología, XXVI, 1953, pp. 235-244.
• Antonio García y Bellido,
Materiales de arqueología hispano-púnica. Jarros de bronce, Archivo Español de
Arqueología, XXIX, 1956, pp. 85-104.
• Museo Arqueológico Nacional,
catálogo Tesoros del MAN, donde se recoge la pieza, su cronología, procedencia
y características.
•Archivo Fotográfico de la
Asociación "Torre Isunza" de Don Benito, Fondo Celestino Vega Mateos.
• Daniel Cortés González.
sábado, 29 de agosto de 2026
DON BENITO. EL CONTRATO
En noviembre de 1952, Don Benito se encontraba ante un desafío que iba mucho más allá de la construcción de un nuevo retablo. La iglesia parroquial de Santiago, cuya construcción se remonta a los siglos XVI y XVII, había perdido su Retablo Mayor durante los años de la Guerra Civil y, con aquella pérdida, también se había desvanecido una parte importante de la memoria religiosa y artística de la ciudad.
El primitivo retablo había sido construido en 1720 y restaurado en 1925-1926 por el dombenitense Ramón Cardenal Velázquez. Sin embargo, aquella obra desapareció por completo durante la contienda.
La reconstrucción del Retablo Mayor se
convirtió así en un proyecto destinado no solo a recuperar un elemento esencial
del templo, sino también a restituir parte del patrimonio artístico y de la
identidad religiosa de Don Benito.
El proyecto comenzó a tomar forma dos años antes. Constituida una Junta Interparroquial el 17 de noviembre de 1950, se aprobó el proyecto presentado por los profesores don Ramón Cardenal Velázquez y don Honorino Buendía Villalba.
El nuevo retablo sería una réplica del anterior, de estilo renacentista con influencia herreriana y distribuido en tres cuerpos. Los dos primeros llevarían, entre los intercolumnios, diecisiete cuadros de distintos temas religiosos, concebidos como copias de los originales respectivos de Velázquez.
Hoy
conocemos los detalles de aquel proyecto gracias, entre otros testimonios, a un
documento excepcional: el contrato original de ejecución de la obra, conservado
por Luis Aparicio, hijo del pintor Juan Aparicio Quintana.
El
documento, fechado el 25 de noviembre de 1952, recoge el acuerdo alcanzado
entre la Junta encargada de la construcción del retablo y el pintor Juan
Aparicio Quintana. En él aparecen los nombres de quienes asumieron aquella
responsabilidad: don Donato M. Sánchez Campo, cura párroco y arcipreste de
Santiago; don Manuel Donoso-Cortés y García de Paredes, presidente de la Junta;
don Lázaro Calvo Urda, tesorero; y don Celestino Vega Mateo, secretario.
Sobre el
papel quedó escrita una tarea enorme: Juan Aparicio Quintana debía pintar
diecisiete cuadros destinados al nuevo Retablo Mayor, siguiendo el espíritu del
proyecto aprobado por la Junta Interparroquial.
El documento
también establecía que Juan Aparicio viajaría a los museos de Madrid o
Sevilla para estudiar y copiar las obras de los grandes maestros. Tenía dos
años para completar los diecisiete cuadros.
El precio
inicialmente calculado ascendía a 79.000 pesetas, aunque el pintor aceptó
recibir 75.000. Las 4.000 pesetas restantes, según recoge expresamente el
contrato, serían destinadas por deseo suyo a contribuir a la construcción del
propio retablo.
Ese detalle
permite imaginar la dimensión emocional del proyecto. Juan Aparicio no estaba
únicamente realizando un encargo profesional. Estaba participando en la
recuperación de un símbolo de su ciudad y en la reconstrucción de una obra que
pretendía devolver a Santiago buena parte de la imagen artística que había
perdido durante la guerra.
La ejecución
del conjunto arquitectónico y escultórico avanzó durante los años cincuenta. El
nuevo retablo fue diseñado por Honorino Buendía Villalba, quien se basó en las
fotografías y dibujos conservados de Ramón Cardenal Velázquez para recuperar,
en la medida de lo posible, la apariencia del retablo desaparecido.
El contrato
contemplaba incluso las dificultades más graves. Si alguno de los cuadros no
era del agrado de la Junta, el artista tendría que repetirlo sin cobrar más. Y,
en caso de fallecer antes de terminar la obra, sus herederos deberían devolver
las cantidades cobradas que excedieran del valor de los trabajos realizados.
Son
cláusulas propias de un documento administrativo, pero detrás de ellas se
adivina una historia profundamente humana.
Durante aquellos años, mientras Don Benito esperaba, los lienzos fueron tomando forma y, al mismo tiempo, la arquitectura y la talla del retablo iban reconstruyendo la imagen perdida. Sobre las pinturas aparecieron Cristo, la Virgen, los apóstoles, los evangelistas, Santiago, los ángeles y el Padre Eterno.
Cada
elemento debía integrarse en una arquitectura concebida para reproducir, en la
medida de lo posible, el antiguo Retablo Mayor: un conjunto de tres cuerpos, de
inspiración renacentista y con influencia herreriana, que aspiraba a recuperar
no solo una estructura perdida, sino también una parte de la identidad
religiosa y artística de la ciudad.
Finalmente, el 25 de julio de 1958 se inauguró el Retablo Mayor de la iglesia de Santiago, siendo alcalde don Emilio Ortiz Fernández. El coste de la obra ascendió a 594.581 pesetas.
La inauguración culminaba así un proceso iniciado años atrás con la constitución de la Junta Interparroquial y que había implicado a pintores, escultores, profesores, alumnos y responsables de la parroquia. La reconstrucción no fue, por tanto, una simple sustitución material de una obra destruida: fue un esfuerzo colectivo por recuperar la presencia de Santiago en la memoria visual y religiosa de Don Benito.
Una nueva
arquitectura, nuevas tallas y nuevas obras pictóricas para recuperar, a partir
de fotografías, dibujos y modelos de los grandes maestros, la imagen de un
retablo perdido.
- Carmona Cerrato, Julio. Juan Aparicio Quintana. Retrato del hombre en el marco de su tiempo. Ayuntamiento de Don Benito, 2017.
- Contrato original para la ejecución de las pinturas del Retablo Mayor de Santiago, fechado el 25 de noviembre de 1952, conservado por la familia de Juan Aparicio Quintana.
- Ayuntamiento de Don Benito. Información patrimonial sobre la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol.
- Lozano Santo, Juan José. Reportajes. Don Benito, 2012.
- Asociación Torre Isunza para la Defensa del Patrimonio Histórico y Cultural de Don Benito. Documentación y estudios sobre Claudio Martín Soriano, Ramón Cardenal Velázquez y el Retablo Mayor de Santiago.
- Revista de Historia de las Vegas Altas. Estudios y documentación sobre la historia artística de Don Benito y la obra de Juan Aparicio Quintana.
- Diputación de Badajoz. Turismo. Información sobre la Iglesia Parroquial de Santiago y su Retablo Mayor.
sábado, 22 de agosto de 2026
DON BENITO. EL MAESTRO PEREA
Yo soy Juan Joséph Perea, maestro carpintero y vecino de esta villa de Don Benito. Corría el año de 1781 cuando mi oficio me llevó hasta la iglesia de Santiago Apóstol, un lugar que para los vecinos no era solamente un templo, sino el centro mismo de muchas de sus vidas.
Sus calles son de tierra, sus casas bajas y encaladas, y la vida transcurre al ritmo de las estaciones, del trabajo del campo y de las campanas de Santiago Apóstol.
Alrededor de la villa se extienden campos de cereal, pastos y dehesas. Los carros, las mulas, el ganado y los campesinos forman parte del paisaje cotidiano. La mayoría de sus habitantes vive de la agricultura y la ganadería, aunque también encontramos herreros, carpinteros, zapateros, sastres, comerciantes y otros artesanos.
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| Retrato oficial del rey Felipe V de España (1683-1746) |
La tierra está repartida de forma desigual. Grandes propietarios controlan extensas dehesas, mientras muchos campesinos trabajan como jornaleros o dependen de arrendamientos. La vida está condicionada por la cosecha, el clima y el precio de los alimentos.
En este mundo, la iglesia de Santiago Apóstol ocupa un lugar central. Allí se bautiza a los niños, se celebran matrimonios y se despide a los muertos. Sus campanas marcan el ritmo de la vida cotidiana y sus celebraciones acompañan el paso de las estaciones.
Pero dentro del templo existe un pequeño vestigio que, más de dos siglos después, todavía plantea una pregunta. Siempre me llamó poderosamente la atención.
Sobre una puerta del Evangelio aparece una antigua inscripción:
«MAESTRO PEREA, AÑO 1781».
Son apenas unas palabras. Sin embargo, detrás de ellas puede esconderse una historia.
¿Quién fue aquel Maestro Perea? ¿Qué trabajo realizó en Santiago? ¿Y pudo estar relacionado con el órgano que durante años acompañó la liturgia de la iglesia y que hoy ha desaparecido?
Y entonces surge una posibilidad fascinante: quizá el Maestro Perea no construyó el órgano, sino que pudo ser carpintero, ensamblador o tallista.
La clave se encuentra en los archivos. El libro de cuentas de la parroquia nos desvela un secreto que se ha mantenido más de dos siglos.
La documentación conservada permite acercarnos, aunque sea brevemente, a la figura de un maestro carpintero que trabajó en el templo en la segunda mitad del siglo XVIII.
La bibliografía especializada sobre la organería histórica extremeña sitúa en Santiago de Don Benito un órgano construido hacia la década de 1750. Esta referencia procede de un estudio publicado por el Archivo Hispalense en 2008, basado en las investigaciones de Carmelo Solís Rodríguez. Por tanto, cuando en 1781 encontramos el nombre de Perea en la documentación parroquial, el órgano ya podía tener alrededor de treinta años.
Este dato permite descartar que el Maestro Perea fuera su constructor. Su presencia en Santiago parece corresponder a una etapa posterior y, además, los documentos son claros al identificarlo como maestro de carpintería, no como organero.
El libro de cuentas de la parroquia nos muestra a Juan Perea, que trabaja junto a Pedro Martín Aparicio y Juan Casiano. A ellos se les pagan 1.552 reales y 19 maravedís por distintos trabajos realizados para la iglesia: el remate del cancel, dos bancas nuevas (una de ellas tallada para el coro), un arcaz para guardar la cera, un bufete y la hechura de dos confesionarios, entre otros trabajos.
La documentación vuelve a mencionar a un Juan Joséph Perea, maestro carpintero y vecino de esta villa, en una partida de 1781. En esta ocasión recibe, junto con los oficiales que trabajan a sus órdenes, 1.710 reales por los trabajos realizados en un cancel que se estaba construyendo para la iglesia. El pago queda respaldado por diecisiete recibos.
Lo que sí parece claro es que Perea fue un maestro carpintero vinculado a importantes trabajos en la iglesia de Santiago.
Los libros de cuentas han conseguido rescatar del olvido algo sencillo y, al mismo tiempo, fascinante: el nombre de un maestro carpintero que dejó la huella de su trabajo en Santiago de Don Benito en 1781.
Más de dos siglos después, el nombre de Perea permanece en aquellas cuentas, como el rastro de unas manos que trabajaron la madera de la iglesia.
Pero el misterio no termina aquí. Bajo la inscripción
aparece una firma y, en el fondo, apenas se intuye lo que podría ser otra
inscripción, de la que por ahora no sabemos absolutamente nada. Apenas unos
trazos, ocultos bajo el paso del tiempo y las capas de pintura, que plantean
nuevas preguntas y abren una nueva incógnita.
¿Qué pudo haber escrito alguien allí? ¿Cuándo se hizo? ¿Quién lo hizo y por qué quedó oculto?
De momento, todo son interrogantes. Pero quizá, en el futuro, una nueva investigación consiga desvelar también este segundo misterio.
Fuentes
• Archivo parroquial de Santiago Apóstol de Don Benito: libros de cuentas del siglo XVIII, partidas de 1781.
• Pedro Luengo Gutiérrez, «Epistolario del organero José Antonio Morón (1780-1785)», Archivo Hispalense, 2008. El estudio recoge investigaciones de Carmelo Solís Rodríguez que sitúan el antiguo órgano de Santiago en torno a la década de 1750.
• Carmelo Solís Rodríguez, trabajos sobre la historia del órgano en Extremadura, utilizados como referencia para la datación del antiguo órgano de Santiago.
• Ayuntamiento de Don Benito y Junta de Extremadura: información histórica sobre Don Benito y sobre la iglesia de Santiago Apóstol.
Agradecimientos
Mi sincero agradecimiento a Daniel Cortés González, por facilitar las fotografías de los documentos históricos, y especialmente al profesor Esteban Mira Caballos, por su ayuda en la lectura y transcripción de la documentación del siglo XVIII.
Su colaboración ha sido fundamental para conocer la actividad de Perea como maestro carpintero y recuperar una pequeña parte de la historia de la iglesia de Santiago.
domingo, 16 de agosto de 2026
DON BENITO 1902. INÉS MARÍA
Tuve el privilegio de acompañar, en la mañana del 14 de julio de 2021, al Cronista Oficial de Don Benito, Diego Soto, y a Daniel Cortés en un viaje a la vecina localidad de Mengabril. Nos movía un mismo propósito: encontrar la respuesta a una incógnita y que, hasta entonces, ninguna investigación había conseguido resolver.
Durante el camino, Diego nos contó algo que había oído muchas veces en su casa cuando era pequeño. Su madre siempre decía que Inés María Calderón, una de las dos víctimas del conocido Crimen de Don Benito de 1902, había nacido en Mengabril y no en Don Benito. Aquellas palabras nunca se le olvidaron. Además, había un detalle que hacía pensar que podía tener razón: nunca se había encontrado en Don Benito la partida de nacimiento de Inés María.
Nada más llegar al Ayuntamiento de Mengabril, un funcionario nos recibió con mucha amabilidad. Nos dejó un despacho tranquilo y puso sobre la mesa los libros de nacimientos comprendidos entre los años 1876 y 1900. Empezamos a pasar páginas con paciencia, leyendo nombre tras nombre, sin saber si aquel viaje daría el resultado que esperábamos.
Y entonces llegó el momento. Allí estaba. Después de tantos años de dudas, apareció la partida de nacimiento de Inés María Calderón.
Tener aquellos documentos entre mis manos fue un momento de enorme emoción. Contemplaba la partida de nacimiento de Inés María Calderón en el mismo lugar donde había comenzado su vida, un 8 de junio de 1883. Pero la sorpresa no terminó ahí.
Mientras seguíamos revisando los libros encontramos también la partida de nacimiento de un hermano suyo, Rafael Amadeo, nacido el 31 de marzo de 1886 y fallecido apenas dos años después, el 24 de julio de 1888. También pudimos confirmar que otro de sus hermanos, Fernando Calderón, había nacido en 1881 y que años más tarde murió en Don Benito, el 16 de abril de 1940.
Mientras sostenía aquellos papeles, no pude evitar sentir que aquel viaje hasta Mengabril tenía algo de especial. Era como si la propia Inés María nos hubiera guiado hasta su pueblo natal para que, más de un siglo después, pudiéramos reconstruir su historia y devolverle una parte de la memoria que el tiempo había ido borrando. En ese instante tuve la sensación de que ya no era solo yo quien investigaba su vida, sino que era ella, de alguna manera, quien comenzaba a contarme la suya.
Yo crecí
aprendiendo que el trabajo era el mejor refugio frente a la adversidad. Con
la aguja, el bastidor y la plancha ayudaba a sostener mi hogar. Bordaba ajuares
para novias, canastillas para recién nacidos y enseñaba labores a otras
muchachas. Nunca me avergoncé de trabajar; al contrario, encontraba orgullo en
hacerlo con esmero. Mi madre, Catalina, me enseñó que la honestidad y la
generosidad valían más que cualquier riqueza.
Quienes la conocieron la recordaban como una joven de carácter afable, sonrisa constante y gran elegancia. Frecuentaba bailes y reuniones en Don Benito, donde despertaba admiración por su belleza y su educación. Sin embargo, rechazó siempre con cortesía a quienes pretendían conquistarla.
Nunca
quise aceptar un amor impuesto. Creía que el cariño debía nacer
de la libertad y el respeto. Por eso rechacé una y otra vez a Carlos García de
Paredes, un hombre acostumbrado a imponer su voluntad. Al principio fueron
palabras insistentes; después llegaron las amenazas. Empecé a vivir con miedo.
Muchas noches despertaba sobresaltada, convencida de que alguien me perseguía.
Mi madre dormía junto a mí para tranquilizarme, aunque ambas sabíamos que aquel
temor tenía un rostro.
La situación familiar empeoró tras la muerte de Vicente Calderón, el padre de Inés, en 1902. Madre e hija quedaron solas, vestidas de luto y con escasos recursos. Para sobrevivir admitían algunos huéspedes en su humilde vivienda de la calle Padre Cortés de Don Benito, mientras el hermano mayor cumplía el servicio militar lejos de casa.
A pesar de
la pobreza, jamás perdimos la dignidad. Mi madre luchaba cada día para
mantener nuestro hogar, y yo seguía trabajando cuanto podía. Salíamos a pasear
por las noches buscando un poco de tranquilidad, sin imaginar que alguien
vigilaba nuestros pasos.
El 18 de junio de 1902, Carlos García de Paredes y Ramón Martín de Castejón decidieron entrar en la vivienda utilizando un engaño en el que intervino, intimidado, el sereno municipal. Catalina abrió la puerta creyendo atender una petición relacionada con el médico que se hospedaba en la casa. Los agresores aprovecharon ese instante para irrumpir violentamente.
Escuché el ruido y comprendí que algo terrible estaba ocurriendo. Cerré la puerta de mi habitación, pero la derribaron. Intentaron doblegarme por la fuerza. Me defendí con todas mis fuerzas y conseguí escapar unos instantes para esconderme bajo una cama. Allí me encontraron. Preferí resistir antes que ceder a la violencia. Aquella decisión me costó la vida.
Plano de la vivienda de las víctimas
A.- Sala alquilada al médico
B.- Donde fue asesinada la madre
C.- Alcoba en que dormía Inés
D.- Cuarto donde apareció el cadáver
La brutalidad del asesinato de Catalina e Inés María provocó una inmensa conmoción. La noticia ocupó las portadas de la prensa nacional y convirtió el llamado "Crimen de Don Benito" en uno de los sucesos más impactantes de comienzos del siglo XX. La indignación popular fue enorme, no solo por la violencia del crimen, sino también por la posición social de los responsables y por la sensación de impunidad que representaban.
El entierro, celebrado el 20 de junio de 1902, reunió a miles de personas. Comercios cerrados, calles abarrotadas y un pueblo entero reclamando justicia acompañaron los féretros hasta el cementerio. Aquel dolor colectivo simbolizó el rechazo a la violencia y marcó un antes y un después en la historia de Don Benito.
Mi voz se apagó con diecinueve
años, pero mi historia no terminó aquella noche. Permaneció viva en la memoria de quienes
entendieron que ninguna mujer debe ser perseguida, amenazada o asesinada por
ejercer su derecho a decidir. Mi vida fue breve, pero mi resistencia se
convirtió en el símbolo de una lucha que, más de un siglo después, sigue recordando
el valor de la libertad, la dignidad y la justicia.
FUENTES Y AGRADECIMIENTOS:
Imágenes restauradas por dovane63 a partir de fotografías auténticas de la época.
El crimen de Don Benito. Un pueblo contra el caciquismo, de Daniel Cortés González.









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