jueves, 31 de marzo de 2022

DON BENITO 1895. Por dovane63. Basado en hechos reales




CAPITULO PRIMERO

1875, finales del siglo XIX, en este año el rey de España, Alfonso XII, desembarca en Valencia y se dirige hacia Madrid para ocupar el trono. El vecino Portugal, aprueba una ley que suprime la esclavitud en todas las provincias de ultramar y en la joven nación americana de los Estados Unidos, los últimos indios comanches que siguen combatiendo, se rinden al ejército. 

Sábado 26 de Junio, Don Benito (Badajoz), en la humilde vivienda de Manuel y Vicenta viene al mundo, después de un difícil parto, su primogénito. El mayor de los hijos varones, es un niño fuerte y sano que les ha traído la alegría a su casa pues llevan mucho tiempo buscándolo (un hombre destinado a sobrevivir a la muerte de un imperio), le pondrán de nombre, siguiendo una antigua tradición familiar, como su padre y su abuelo, Manuel. Desde muy pequeño aprende de su padre el noble oficio de pastor y cuando la dura faena lo permite, suele ir a casa de D. Ramón, un viejo profesor, veterano combatiente de las guerras Carlistas, que le enseña poco más que a escribir y como decía su madre: “a hacer cuentas”.

 Pero lo que más le gusta al niño es escuchar las hazañas de heroicos personajes que le cuenta el viejo profesor, de Cortés, de Pizarro, de Orellana… protagonistas de un tiempo en el que solo los más valientes zarpaban en busca de otros mundos y, mientras cuida del ganado, se imagina allende los mares viviendo mil y una aventuras, aún no sabe que él también un día los cruzará y será un héroe.



CAPITULO SEGUNDO 

1885, Manuel tiene 10 años, este año marcará su vida, el manto de la muerte cubre con su pestilencia la región extremeña, pues es infectada por una epidemia de cólera morbo asiático la ciudad de Don Benito. Los contaminados sufren fuertes vómitos y diarrea (aún podemos ver algunos carteles de prohibición en las fachadas de la iglesia de Santiago que fueron colocados a raíz de estas epidemias), los enfermos no muestran fiebre alguna y tras un periodo de incubación de uno o dos días, les llega la muerte por deshidratación en menos de una semana. Se trasmite por el agua y los alimentos, la contaminación llega con facilidad a fuentes y pozos de agua potable. Se piensa que el contagio fue causado por unos tratantes de ganado valencianos que habían llegado a la ciudad, pues el foco de la epidemia se encontraba en el levante español.

 Las primeras defunciones sembraron el terror y el pánico en la población y, como se puede imaginar, paralizaron todas las actividades industriales, agrícolas y comerciales. La ciudad era un caos y el miedo hizo que las clases más pudientes abandonaran la ciudad. Don Benito, por sus 15.000 habitantes, fue la población de la provincia de Badajoz donde ésta epidemia causo más estragos, pues en los 50 días que duró, el 3,55% de la población había muerto, 532 almas perecieron. No fue a más esta mortandad gracias al pueblo, que se organizó y creó una Junta de Socorros, los médicos practicaban visitas a domicilio y se repartieron abundantes raciones de carne, vino, pan y medicinas, siendo el comportamiento de muchos funcionarios tachado de heroico y digno de admiración al arriesgar sus propias vidas en beneficio de los demás, muchos de nosotros les debemos nuestra existencia (estas personas sí que merecen un monumento o al menos reconocimiento).



CAPITULO TERCERO

Manuel y su familia afortunadamente no se vieron afectados ya que se encontraban lejos de la ciudad, cuidando del ganado, no así su amigo el viejo profesor, aquel que tanto marcó su carácter y su vida, fue una de las primeras víctimas de esta terrible epidemia. Recordó Manuel, al volver a Don Benito, que en las navidades del año anterior (1884) que una tarde en compañía de su padre se disponía a guardar el ganado en el cercado, cuando de repente se hizo un silencio sepulcral, tan solo roto por los quejidos de Júpiter, su perro, que ladraba al viento, hasta los pájaros dejaron de cantar. La tierra tembló bajo sus pies y padre, hijo y perro corrieron a casa presos del pánico, ellos no lo sabían pero lo que sintieron fueron las secuelas de un fuerte terremoto que había sacudido con intensidad las provincias andaluzas de Málaga y Granada cobrándose gran cantidad de vidas. 

Una vecina, curandera y a la que muchos por su ignorancia tachaban de bruja, mientras le rezaba a su padre un “culebrón” que le había salido en la espalda, les comentó que eso era presagio de grandes males para la ciudad, pero que él no temiera porque tendría una larga vida. Nunca lo olvidaría, pues comprendió que la curandera se refería a esa terrible epidemia. 1895, Manuel, como todos le conocen en el pueblo, ha heredado el fuerte carácter de su padre y más de una vez se ve envuelto en alguna que otra riña, casi siempre por líos de faldas, suele salir victorioso utilizando su astucia y arrojo, es un hombre valiente, al que ya nada ni nadie le asusta. Es de una vieja raza, de aquel tipo que tan bien definió el poeta Luis Chamizo: 

“Son asina los cachorros de la raza de castúos labraores extremeños,que, inorantes de las cencias d'hoy en día, cavilando tras las yuntas, descurrieron que los campos de su Patria y la madre de sus hijos, son lo mesmo".

  
CAPITULO CUARTO

Acaba de cumplir Manuel 20 años, España lleva en un estado de guerra permanente todo el siglo. Existe desde el año 1770 un sistema de reclutamiento llamado de quintas, según este sistema, se sacaba a suerte uno de cada cinco hombres para ir a combatir en un largo servicio obligatorio y el destino sería seguramente un puesto perdido en algún lugar lejano de lo que quedaba del maltrecho imperio español, a miles de kilómetros de casa, donde las probabilidades de morir eran muy altas. Los pobres, como siempre eran los perdedores, pues si podías permitírtelo tenías dos formas de librarte: enviar un sustituto (sustitución personal) o el rescate (redención en metálico), es decir, pagar un dinero al Estado por librarse total o parcialmente. A partir de la entrada en vigor de la Ley O`Donnell (1.863) la “Redención” se estableció en 8.000 reales; pese a ello el Consejo logró ir reduciendo paulatinamente el coste de la “Sustitución”, fijándolo en 5.200 reales entre 1.863 y 1.867, hasta dejarlo en 4.000 reales (1.000 pesetas), a finales de 1.868. 

Desgraciadamente ni Manuel ni toda su familia contaban con semejante cantidad de dinero, no la habían visto en toda su vida y el 21 de Septiembre de 1895 marcha por la glorieta hasta la estación con destino Badajoz, nunca había montado en tren ni tampoco había estado tan lejos de su hogar, tan solo una vez que acompañó a su padre a Magacela para a ver a una vieja tía moribunda. Desde el andén le despiden sus padres y el viejo Júpiter que corre tras el tren hasta rendirse de cansancio. Todo llama su atención, los prados, los ríos, los pueblos, las gentes… Comparte con una joven gitana, que viaja con su hijo, las pocas viandas que le preparó su madre, un poco de queso, unos higos secos y trozo de pan, los corta cuidadosamente con el cuchillo que le regaló su querido amigo, el viejo profesor, le recuerda con añoranza mientras mira la hoja, la limpia una y otra vez, lleva grabada, como si fuera una espada, la frase: “No me desenvaines sin causa, no me envaines sin honor”, este cuchillo seria su fiel compañero y en más de una ocasión salvaría su vida. 

Ya se divisa la torre de la catedral de Badajoz que se acerca por la ventanilla y el silbato del tren asusta al niño de la gitana, que entre llantos, despierta a su madre que se había quedado traspuesta.
  
CAPITULO QUINTO


La crónica negra en la Extremadura de principios del siglo XX, estuvo marcada por una serie de asesinatos que conmocionaron a su población. El Crimen de Don Benito, sin lugar a dudas, fue uno de los más horrorosos jamás registrados, llegando incluso a tener repercusión en toda la prensa nacional y cuya huella aún en nuestros días sigue estando presente, pero no fue el único que enturbió la paz y la tranquilidad de esta próspera ciudad.
Cuando aún resonaban los ecos de sus gentes pidiendo justicia por sus calles y plazas, el estigma del criminal, señalaba nuevamente a Don Benito, nadie sospechaba que se volvería a repetir tan pronto la pesadilla.
 
16:00 h. del 2 enero de 1906. La campana de la estación anuncia la llegada de un tren procedente de Badajoz, el estruendo de la máquina hace temblar sus cimientos, el viejo gato Lucifer, que plácidamente dormitaba, sale despavorido y se encarama en lo más alto del moral, ese que tan buena sombra da a los viajeros en las tardes de verano.
 
Dos pasajeros se bajan del vehículo y se alejan por La Glorieta, charlan tranquilamente y nada hace sospechar que la sombra de la muerte se cierne sobre ellos, pues tras sus pasos una siniestra figura va acortando la distancia que les separa.
 
Es un día frío, de los de antes, de carámbanos y de tiritonas. Manuel Valadés y Agustín Gallego, que así se llaman estos dos paisanos, se ven sorprendidos por esta figura que al llegar a su altura y sin mediar palabra saca un arma de fuego que lleva escondida en una vieja chaqueta de pana, los dos hombres se quedan paralizados, atónitos, con los ojos desorbitados al ver que el arma apunta hacia ellos.
 
Un silencio tenebroso invade la Glorieta, ya no cantan los pájaros, ya no ríen los niños que correteaban por allí, el silencio tan solo se rompe por el doble click del arma al ser amartillada y… ¡¡Bang, Bang!!
Los gorriones huyen en tropel de su refugio en los árboles y los dos hombres, tras una nube de humo, caen al suelo heridos de muerte, los gritos de las criadas que cuidan a los infantes hacen que todo el mundo se agolpe a los pies de las víctimas, en medio de la confusión el asesino huye por unos olivares cercanos dirección a Villanueva de la Serena.
 
Los dos hombres se retuercen de dolor, Agustín se sujeta con fuerza la garganta, pues la bala se ha alojado en su cuello, trata de pedir auxilio, pero se ahoga en su propia sangre. La herida de Manuel es aún más grave pues ya inmóvil, sobre un gran charco de sangre, más bien parece… muerto.
- ¡Ya maté a esos cabrones, ya los maté! grita mientras huye por entre los olivos la siniestra figura.
 
CAPITULO SEXTO
 

Han pasado 4 horas desde el terrible suceso y, el médico, muy a su pesar solo puede certificar la muerte de Manuel Valadés, su viuda y sus hijos lloran desconsolados a los pies de la cama, mientras el Párroco le unge con el sagrado óleo.
 
Agustín, tras recibir los primeros auxilios se debate entre la vida y la muerte.
 
El criminal, amparado en la oscuridad de la noche, sale de su escondrijo y se pone en marcha después de comer unos higos secos que llevaba en uno de sus bolsillos, bebe agua en el Arroyo del Campo y ve reflejado su rostro en el espejo del agua, es de tez morena y remarcado por un gran mostacho negro como el azabache, su nombre: José García Fernández, natural de Albacete que acaba de cumplir condena en el penal de Badajoz.
 
El teniente de la Guardia Civil, Sr. Escobar, ya ha desplegado a todos sus efectivos, que, aunque escasos, siempre han dado muestras de una gran efectividad, pero el fugitivo es hombre astuto y no será tarea fácil su captura.
 
Un pastor, veterano de la Guerra de Filipinas llamado Manuel López Parejo, asegura haber visto al presunto criminal.
 
- Da Vd. su permiso: Mi teniente.
 
- Adelante, García.
 
- Aquí está su amigo Manuel “El filipino”, mi teniente. Dice que ha escuchado de boca de un arriero, que ayer hubo un terrible suceso en Don Benito y que anoche vio como un individuo, con muy mala pinta, huía tras saltar la tapia de la harinera.
 
- Hazle pasar.
 
- ¡Hombre Manuel, ¡cuánto bueno por aquí! le dice el teniente mientras se dan un fuerte abrazo. A ver cuando me cuentas como te zafaste en la jungla de Filipinas, de los insurgentes que te retenían…
 
- ¿Ves estas cicatrices en mi cuello?, me quemaron las barbas con una antorcha la noche que conseguí escaparme.
 
- Por cierto, muchas gracias de parte de Pepito, le encantó el caballo que le tallaste en madera, no lo suelta ni a sol y ni a sombra.
 
- Ya sabes que los pastores disponemos de mucho tiempo y la talla es una de mis pasiones.
 
- Bueno cuéntame, me ha dicho García que viste a un individuo sospechoso.
 
- Así es, llevaba el ganado al cercado cuando un hombre, que no me gustó ni un pelo, se deslizó sigilosamente por la tapia de la harinera, creí que sería un ladrón, pero “Vinagre”, el arriero, me contó lo que ayer pasó en La Glorieta y pensé que tal vez sea el que estás buscando.
 
- Manuel, ¿Quieres acompañarme a la harinera?
 
- Vale, dame 5 minutos, que voy al casino a saludar a Miguel Parejo, el mayoral de Don Eduardo Olea, que está interesado en comprarme algo de ganado.
 
LA HUIDA
 
José ha pasado todo el día escondido en uno de los almacenes de la harinera. Amparado por la oscuridad de la noche, toma camino de la pequeña villa de antiguos hidalgos, La Haba, que dista poco más de 6 kilómetros de Don Benito. Sigue el curso del Arroyo del Campo para no dejar huellas, hace frío y tiene hambre, sus tripas suenan en el silencio de la noche como una pelea de gatos. 
 
A unos 50 metros del curso del arroyo, se divisa una pequeña luz. Se acerca sigilosamente para no ser descubierto, parapetado tras el tronco de un viejo olivo, comprueba que es un grupo de pastores que, en torno a un fuego, están dando cuenta de unas ricas viandas. Uno de los perros de los pastores, un viejo mastín de imponente físico ha detectado su presencia y en actitud desafiante ladra con fuerza mientras trota de izquierda a derecha alertando a los pastores, que armados de palos se levantan bruscamente de sus asientos.
 
¡Me cago en Dios! Maldice uno de los pastores mientras trata de calmar al fiero mastín. ¿Qué diablos te pasa? ¿Quién anda ahí?
 
 
CAPITULO SEPTIMO
 

 
- Buenas noches tengan Vd. Con voz lastimosa se dirige el temeroso José, al que retiene el mastín.
 
- No des un paso más o suelto a esta fiera, ¿Quién eres y qué quieres?
 
- Soy un pobre peregrino que solo pide un trozo de pan para seguir su camino, “Que Dios me mate si no digo la verdad”.
 
- Por estos caminos andan muchas alimañas, nadie en su sano juicio se aventura a cruzar estos campos, y más solo, en una fría noche de enero, acérquese y caliéntese en el fuego, hombre de Dios.
José tirita de frío, mientras uno de los pastores le acerca un cuenco de madera con sopa caliente, pan y un trozo de queso.
 
- Yo soy del pueblo que se ve al fondo, La Haba y me llamo Juan García Velasco y Vd. ¿cómo se llama?
 
Casi atragantado, se limpia la boca con su manga y le dice:
 
- Me llamo Melalo y voy peregrinando para dar gracias a la Virgen por un gran favor.
 
- Pues en mi pueblo tenemos una Virgen muy milagrosa “la Verveneda” que se encuentra en la iglesia parroquial de San Juan Bautista, no deje de visitarla. Cuenta una antigua leyenda que la imagen de la Virgen la encontró dentro de una oquedad de un viejo roble, un ladrón llamado Nuño.
 
A oír la palabra ladrón, José levanta la vista del plato y esboza una tenue sonrisa, el pastor sigue con su relato.
 
- y que al verla se arrepintió de todas sus tropelías pasando a ser, a partir de ese momento, su guardián y su protector, en el lugar construyó una ermita en La Rioja. 
 
Mientras, el pastor le guiña un ojo, y le da con el codo al que estaba a su lado.
 
- Cuenta el milagroso suceso en que el Niño Dios giró su cabeza para no ver un sacrilegio. Dos recién casados acudieron a la Romería que allí se celebraba y quisieron hacer su vela quedándose a pasar la noche en la ermita. Le pidieron a la Virgen que intercediera para tener descendencia y sin ningún tipo de reparo pasaron ellos a poner los medios para su consecución. Con gran osadía y sin respeto se retiraron a un rincón de la Capilla, hacia el lado de la Epístola, donde el Niño Dios miraba y se dejaron llevar por los impulsos de la carne.
 
José no para de comer, mientras el resto de los pastores no paran de reír pícaramente al escuchar el relato de Juan García, sobre todo el más pequeño de ellos que no debe tener más de 12 años.
 
- Entonces la imagen del Niño, que miraba en esa dirección, torció el rostro para no verlo, mudando visiblemente la postura que tenía en los brazos de su madre. Asombrados al ver tan gran prodigio, empezaron gritar: Milagro, Milagro, Milagro. El gran alboroto formado hizo que concurrieran los religiosos y peregrinos ante los que, para su vergüenza, confesaron su ofensa. 
 
Todos ríen al calor del fuego, incluso José que disimuladamente comprueba que su pistola continua dentro de su raída chaqueta, el pastor se le acerca y le dice:
 
- Ten esta manta, puedes pasar la noche en el fuego, nosotros nos retiramos a dormir en el chozo, mañana será un día duro, tenemos que llevar el rebaño a la serrezuela.
 
Al amanecer, uno de los pastores el más joven, sale del chozo para preparar el desayuno, pero ni el “peregrino” ni la manta están junto al fuego.
 
- ¡Señó Juan, Señó Juan! El forastero se ha ido y se ha llevado su manta.
 
José, con fuerzas renovadas tras el descanso y la comida, atraviesa el llamado Cordel de la Plata y se encamina hacia Magacela. Se adentra en la Sierra y busca refugio en el abrigo de la Peña del Águila, allí tiene previsto permanecer oculto.
 
CONTINUARÁ

sábado, 19 de febrero de 2022

MEDELLIN Y CELESTINO VEGA

AL CASTILLO CEMENTERIO DE MEDELLIN

 

Castillo de Medellín,

allá entre el cielo y la tierra,

¿qué tormenta te dejó

-viejo navío de piedra-

naufrago en el alto cerro

encallado entre las peñas?

 

¿Y qué noche partirás

sobre oleadas de niebla

a un puerto del Otro Mundo,

guiándote por qué estrella?

 

Tu vieja carga de muertos

se asomará a las almenas,

y habrá adioses desgarrados

a los que están en la tierra.

 

¡Castillo de Medellín,

que destacas tu silueta

sobre los gules heráldicos

del ocaso, fue un poeta

quien buscó para su cuerpo

el descanso entre tus piedras.!

 

En las noches azuladas

¡Bajas a ti las estrellas…!

 

Celestino Vega Mateos. nº 7 de la Revista Don Benito de fecha mayo de 1948. 

 

Celestino Vega Mateos

He podido comprobar, gracias a los artículos de D. Celestino Vega, que sentimos la misma pasión por Medellín y su historia. Son numerosos los trabajos que este médico, poeta y humanista publicó sobre ello. 

 

Vista parcial del cementerio del castillo, a finales de la segunda década del s.XX.

Revista Gráfica Estampa (c.a.1930).

 

Le unió una profunda amistad con el escultor Enrique Pérez Comendador, en un número anterior de la misma revista, de fecha diciembre de 1947, dedicado al gran conquistador metellinense, en su portada aparece esta fotografía de una escultura de Hernán Cortés, propiedad de D. Celestino realizada por el escultor hervasense. 

 


 HERNAN CORTES. Escultura de Pérez Comendador, propiedad de Celestino Vega.

Revista Don Benito nº 03 (diciembre 1947)

 

Aparte del doctor, este interesante número (cuyo original se puede consultar Biblioteca Municipal "Francisco Valdés" de Don Benito) cuenta con colaboraciones de figuras de la talla de Santiago González Murillo, Javier Rodríguez López, Margarita Soldevilla y Puente, Ernesto Juan Pulido, Alfredo Ara, Luis Gómez Requena y Honorino Buendía.

 

 Celestino Vega y Honorino Buendía en Medellín, año 1946.

Foto DOVANE63 cedida por Miguel Buendía Guillén

 

La universal pintora parisina Magdalena Leroux Morel, viuda del escultor Enrique Pérez Comendador, en el homenaje que se le tributó a Celestino Vega el 12 de diciembre de 1978, en el Salón Noble del Casino de Badajoz le dedicó estas sentidas palabras:

 

Magdalena Leroux


 “… Al corazón nos llega el recuerdo vivo de Celestino Vega Mateos al que todavía no se le ha hecho justicia. Además de auténtico poeta, no sólo se valía de la palabra, sino también en su cotidiano andar por la vida, era un hombre de extraordinaria cultura y conocedor excepcional de la noble tierra extremeña y de la grandeza de los hombres”. 

 


 Cuadro: Castillo de Medellín desde la vega del río Ortigas. 

Obra de Magdalena Leroux (de) Comendador (c.a.1960)

sábado, 22 de enero de 2022

DON BENITO. ¡HASTA LAS RUINAS PERECIERON!


Don Celestino Vega Mateos fue un hombre muy querido y actualmente admirado por los dombenitenses, nació en el pueblo cacereño de Serradilla en el año 1901, pero su vida profesional la desarrolló en la localidad pacense de Don Benito, ciudad donde murió.

Este médico, poeta y humanista, fue parte activa en mejoras como las del parque o la biblioteca y numerosas reformas urbanas, el Centenario de Donoso Cortés, la restauración y embellecimiento de la iglesia de Santiago, la Plaza y su Fuente Monumental, entre muchas otras.

 

Fuente Monumental en la Plaza de España de Don Benito. Foto: DOVANE63

 

Hace algún tiempo llego a mi poder, de manos de una amiga de Facebook, una fotocopia de esta interesante investigación de D. Celestino para la revista de Feria de Don Benito del año 1956.

 

“LA ERMITA DE NTRA. SRA. DE LA PIEDAD”

 

En la “Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia” que en 1622 escribió Fray Alonso Fernández (¿de Avellaneda?) al hacer relación de las ciudades, villas, aldeas, parroquias, conventos y ermitas que estaban bajo la advocación de Ntra. Señora, cita los nombres de aquellas cuya devoción era más conocida en estas tierras: En Plasencia, Ntra. Sra. del Puerto; en Malpartida, Ntra. Sra. de la Luz; en Serrejón, Ntra. Sra. de la Oliva; en Jaraicejo, Ntra. Sra. de los Hitos; en Talabán, Ntra. Sra. del Río; en Pasarón, Ntra. Sra. La Blanca; en Béjar, Ntra. Sra. de los Huertos; en Don Benito, tierras de Medellín, Ntra. Sra. de la Piedad.

A la lectura de esta noticia, sentí nacer en mí varias preguntas: ¿Por qué Nuestra Señora de la Piedad y no Nuestra Señora de las Cruces?

¿Dónde estaba y por qué ha desaparecido la ermita de la Piedad?

 


La única respuesta recibida era que la ermita de la Piedad estaba HACIA DONDE SIEMPRE SE HA DICHO “TIERRAS DE LA PIEDAD”. Y nada más.

Cuando en busca de otros datos para otros temas de historia he repasado viejos papeles en los archivos de Donoso Cortés, de los Calderones de la Barca y algunos otros, cuando menos lo esperaba han ido surgiendo noticias referentes a la desaparecida ermita. Y son estas noticias desperdigadas las que, reunidas aquí, doy a los lectores que sientan curiosidad por las viejas historias de Don Benito.

La ermita dedicada a Ntra. Sra. de la Piedad, se levantaba a la izquierda del camino de Mengabril, poco antes de llegar a las “Cumbres” y tan cerca del ejido ansarero, que solo tres cuartillas de tierra que cultivaba el ermitaño la separaban de él. En un inventario de sus bienes se dice que alumbraban a la Virgen dos lámparas de plata, que pesaban cada una siete libras, que los servicios de vinajeras, campanitas, salvillas, eran también de plata; los cálices y copones de plata estaban además sobredorados. Hay una abundante relación de joyas donadas a la Virgen por sus devotos.

 

Virgen de la Piedad. Sacristía Iglesia de Santiago de Don Benito. Foto: DOVANE63

 

Los censos sobre tierras no eran escasos; tierras en Valhondo, en Carrascalejos, en doña Blanca, en el Arroyo del Campo. Censo sobre casas en la calle de Villanueva, en la del Esquero, en la del Arroyazo.

El más pingüe legado se hace en el testamento que otorgó doña María Carvajal, mujer del honrado caballero Pedro de Busto, vecino de este lugar “en las casas que tenían de su heredad que dicen don Lorenzo” en el año de nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de 1507 dejaron a Ntra. Sra. de la Piedad “a extramuros del lugar de Don Benito ciento y cinco mil maravedises que tenían de “YERBAS DE SUELO” en la dehesa Magasquilla de los Donaires, término de la ciudad de Trujillo.

Otro importante legado fue el hecho en el testamento de don Alonso Cabezas de Herrera, natural de este lugar y vecino de la villa Imperial del Potosí, provincia de Charxcas en 1642. Deja 60 ducados para una lámpara que ha de arder perpetuamente ante la Virgen de la Piedad.

 


 

En el año de 1676 hubo renovación de cargos de Mayordomos de las iglesias y hospitales de este lugar. Fueron nombrado Mayordomo de la Iglesia de Santiago don Juan García Cabeza; del Hospital de San Andrés don Miguel Arias Valdivia. Del Hospital de Santiago don Pedro Díaz Quintana Peñafiel; de Ntra. Sra. de la Piedad don Narciso Cortés Arévalo; de los Santos Mártires San Fabián y San Sebastián don Alonso Alguacil Cortés. Eran aquellos tiempos en que había venido de Flandes con opinión de gran soldado don Francisco Calderón de Robles, vecino de Don Benito y Caballero de la Orden de Calatrava y en los que don Sebastián Zambrano de Villalobos era del Consejo Real de Castilla.

Como por un cauce tranquilo pasaba frente a la ermita de la Piedad el río de vida de sus devotos durante varias generaciones: los niños que veían la fiesta como un juego grande, los jóvenes para quienes la romería era una exaltación de alegría y jolgorio; allí se veían devotas que arrodilladas rezaban y pedían favores o aquellas otras que miraban a la Virgen dando gracias por los beneficios recibidos.

Durante el verano acudían los labradores a oír cada día la misa de alba cuando recién asomado el sol sobre las sierras de Magacela, rastreaba por el suelo su primera luz dorada y bocanadas de olor de las mieses cercanas se mezclaba con el de incienso. Por lo menos ocho generaciones contemplo Ntra. Sra. de la Piedad que pasaron frente a su ermita: Desde 1507 en que doña María de Carvajal dejó la renta de su dehesa de Magasquilla de los Donaires (fecha más antigua, que hemos encontrado) hasta la fecha del 28 de marzo de 1809 en que fue destruida.

 


 

En ese día se dio la batalla de Medellín que con mucha razón don Lino Duarte Insúa, decía que debía llamarse de Don Benito. Nada menos que 40.000 hombres lucharon entre estas dos villas. El ejército francés bien entrenado y veterano arrolló las fuerzas del General Cuesta improvisadas y sin disciplina. En esta villa de Don Benito los franceses se cebaron en el crimen y en el saqueo. La ermita de Ntra. Sra. de la Piedad fue saqueada, profanada y dada al incendio.

En una visita pastoral hecha en 1817 el Sr. Obispo incita a que sea reconstruida la ermita ”aunque solo fuera por el bien que hacía diciéndose en ella una misa de alba que oían los labradores cuando en el verano trabajaban en las vecinas eras”. Pero tan maltrecho quedó Don Benito que sus vecinos habían ido yendo a la derruida ermita y despojándola de los materiales que a su alrededor estaban esparcidos por los suelos.

Hasta hace muy poco todavía en la calle del Pilar se veían las dovelas de lo que fue portarla de la ermita.

Y alguien que no sabía ni estimaba su valor, las ha utilizado como vulgar relleno de cimientos.

Y ... “¡hasta las ruinas perecieron!”

CELESTINO VEGA

Para conocer la biografía del personaje, seguir este enlace:

https://asociaciontorreisunza.wordpress.com/celestino-vega-mateos/


 

Actualmente existe en Don Benito un nuevo templo situado en la calle Eduardo Dato, iglesia tutelada por la parroquia de San Sebastián en donde se venera de nuevo a Nuestra Señora de la Piedad. 

 



                             



martes, 21 de diciembre de 2021

MEDELLIN - FEDERICO MASRIERA


La fundición de la colosal estatua de bronce de Hernán Cortés y el conjunto escultórico de cinco toneladas, obra de Eduardo Barrón González, que preside la plaza de Medellín, fue realizada por la empresa más importante de su época “Masriera i Campins Fundidores”, de Barcelona, en el año 1890. 

 


Federico Masriera i Manovens nació el 15 de abril de 1846 en Barcelona y falleció en la misma ciudad el 12 de diciembre de 1932.

Federico Masriera i Manovens


 

Adquirió gran prestigio esta empresa en la fundición de grandes estatuas que fueron erigidas en numerosas ciudades españolas y americanas, en su primera etapa, fue socio del decorador modernista Francesc Vidal y Jevellí. Participó en la fundición del famoso monumento a Colón de Barcelona inaugurado en junio de 1888 con motivo de la Exposición Universal. 

 

 
 

Años más tarde formaría sociedad con su sobrino, Antoni Campins Vila (Barcelona, 1871, Blanes 1938). 



Cosechó esta empresa numerosos galardones y distinciones, como el Gran Premio de Honor en la Exposición Universal de París de 1900. 


 

A principios de siglo, Masriera disolvió la sociedad y, Antoni Campins, se unió a su cuñado Benito de Codina para fundar la empresa “Campins y Codina”

 

Otras obras destacadas de esta empresa fueron:

 


La fundición de la escultura del rey Alfonso XII, que preside la Plaza de la Constitución de Aranjuez (Madrid) obra de escultor Eugenio Duque. (1897)

 


La de Antonio María de Trueba, obra del escultor valenciano Mariano Benlliure en Bilbao. (1895).

 


La escultura de bronce del monumento a Jovellanos obra de Manuel Fuxá inaugurada el 6 de agosto de 1891 en Gijón.

 


La estatua ecuestre del capitán general Martínez Campos, de Benlliure, del Buen Retiro de Madrid. (1907)

 


El monumento a Doña Concepción Arenal en Orense, de Aniceto Marinas (1898).

 


La estatua de Velázquez de Aniceto Marinas frente a la puerta principal del Museo del Prado (1899).

 

 

La estatua de Cánovas del Castillo obra de Joaquín Bilbao, en la Plaza de la Marina Española de Madrid (1901)

 


Guzmán El Bueno de Aniceto Marinas, en León (1894)

 


Eloy Gonzalo García, el héroe de Cascorro, de Aniceto Marinas en el barrio del Rastro de Madrid (1902)

 

FUENTES:

  • Asociación Histórica Metellinense - Historia de Medellín
  • http://barcelonamemory.com/momumento-a-colon-de-barcelona.
  • http://www.codinaescultura.es/historia.html
  • Bru i Turull, Ricard, «Francesc Vidal i Jevellí: paradigma de l'Esteticisme a les arts decoratives i industrials de Barcelona»
  • Registre de Naixements. 1846. Llibre 1.Registre núm.1188». Arxiu Municipal Contemporani de Barcelona, 15-04-1846
  • LA VEU DE CATALUNYA, 27 de diciembre de 1932
  • Historia de Madrid y de los pueblos de su provincia Ortega Rubio, Juan, 1845-1921
  • Inventario de un jovellanista: con variada y copiosa noticia de impresos y manuscritos, publicaciones periódicas, Somoza y Montsoriú, Julio. 1901.
  • Diario de Burgos: de avisos y noticias: Año V Número 1272 - 1895 mayo 7
  • Biblioteca Digital Hispánica
  • https://dovane63.blogspot.com/2020/11/medellin-1890.html