La algecireña Lola Martínez Fernández, empezó a escribir
hace catorce años, cuando estaba en pleno proceso de separación y fue su mejor
terapia, según me contó. Seguro que muchos la recordáis con afecto y cariño pues
regentó, no hace mucho tiempo, un herbolario en la calle Ayala de Don Benito.
Su primer libro “CUANDO EL CIELO SE DUERME” fue publicado en
el año 2013, trata sobre una humilde y plácida familia, como tantas otras de un
pequeño pueblo que es sorprendida por la crueldad de la Guerra Civil Española.
El segundo se titula: “LA VOZ DEL ANGEL” y su argumento
gira en torno a las dificultades de las mujeres a principios del siglo XX, más
aún si eres hija de una difunta mujer soltera. Lucía persigue el sueño de ser
escritora en un mundo de hombres, se ve obligada a abandonar su casa para huir
de un matrimonio pactado. Al fracasar sus recursos económicos y personales, en
Madrid firma un pacto con un escritor gay fracasado y escribe para él, con el
que termina contrayendo un matrimonio pactado para acallar las habladurías de
la época. Su marido recupera su prestigio como escritor y ella solvencia
económica. Todo va muy bien hasta que decide escribir la que habría de ser la
mejor de sus obras: Su propia vida.
En este pequeño relato que hoy comparte con nosotros, Lola,
con su magistral estilo, nos llena de nostalgia y nos transporta a un tiempo de
felicidad, pensamientos comunes para los que tenemos seres queridos lejos del
“nido familiar” y que, con esperanza, muy pronto esperamos volver a abrazar.
NIDO VACIO. Por Lola Martínez
A veces es necesario el transcurrir de los años
para poder sentir el escalofrío de la nostalgia ante un momento congelado en
una fotografía. Fragmentos de una vida. Regresar, así, a un tiempo pasado que
no ha de volver donde supe del sentimiento más intenso, ese por el cual me
entregaría sin límites y a destajo. Aquel por el cual estaba dispuesta a darlo
todo a cambio de nada. Y supe que era capaz de amar por encima de mí misma y de
mi propia felicidad.
Hoy miro fotografías que arrojan mi pensamiento a otro
tiempo pasado que añoro. Aparecen los recuerdos ante mí como fragmentos de luz
tan intenso que me hacían vibrar como ascuas en la oscuridad.
Ahora estáis lejos de mí, sino con el alma, con el cuerpo
y os echo de menos con la misma rabia e impotencia de quien se le desvanece un
sueño entre las manos. Los sueños no se pueden atrapar porque la vida tiene sus
momentos y yo me niego a dejar atrás aquellos años de vuestra infancia cuando
yo era vuestro mundo de amor y vosotros…, vosotros erais la vida misma y me
sentía llena, plena... Ahora entro en una nueva etapa que no sé cómo afrontar y
quiero regresar, aunque sea con el recuerdo, a esos momentos en los cuales
compartíamos cada nuevo día. Y hoy, hoy os echo de menos como aquella primavera
que me hacía olvidar las frías y largas noches del invierno.
Este escalofrío de nostalgia me duele porque no
siento vuestros abrazos, la infinita inocencia en vuestros ojos infantiles, la
presencia que llenaba de ruidos y risas los rincones de mi hogar. Duermen los
cuentos en las estanterías que ya no reclamáis al caer la noche, no tropiezo
con los juguetes que aún no habéis recogido, el eco, tan vacío, no me llega
cargado con la inocencia de vuestras risas. No me puedo creer que haya pasado
tan rápido el tiempo de los biberones y las papillas; que ya no me busquéis
desesperados cuando sentíais miedo; que ya no os lea un cuento al dormir; ni os
ayude con los deberes del colegio; no me puedo creer que no viváis a mi lado.
Pensaba que pasado este tiempo me habría acostumbrado a la
ausencia y os echo de menos más que nunca. No me acostumbro a no veros a diario
y he de conformarme con escuchar vuestras voces en la distancia… la lejanía que
nos separa.
Sé que he de sentirme feliz porque lo sois, cada uno con
los devenires de la vida, y lo soy, vuestra felicidad vale más que la mía,
vuestros triunfos son mis mayores logros, pero yo, sin teneros a mi lado me
siento vacía. Y es que me falta algo y mi sonrisa no es completa, mis horas son
demasiado largas sabiendo que no llegareis al final de día. Regresareis a otro
hogar donde yo no estoy para recibiros.
Ya sé que sois mayores, que la vida pasa y entro en una
nueva etapa; la de la ausencia y sufro el síndrome que llaman “nido vacío”;
pero, ¡es que habéis buscado vuestro nido tan lejos del mío que no me
acostumbro a esta soledad compartida! Hoy estoy triste porque son muchos días
sin que mis ojos se encuentren con los vuestros, sin abrazaros…
Os quiero más que mucho, os recuerdo como nunca y os deseo
lo mejor como nadie.
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Guapa Lola Martinez por dentro y por fuera! Qué bien sabe expresar sus sentimientos! Un abrazo enorme.
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