Muchas calles de esta zona de la ciudad comparten un mismo hilo conductor: todas llevan nombres de ríos. Entre ellas se encuentra la calle Alcollarín, cuyo nombre evoca al río Alcollarín, que nace en las estribaciones de la Sierra de Guadalupe y vierte sus aguas en el río Ruecas, cerca de la localidad de Rena.
La calle Alcollarín, situada en el barrio denominado El Noque, se extiende desde la calle Villanueva hasta la calle Valdetorres. Las fotografías que la acompañan permiten recorrer su transformación a lo largo del tiempo: desde 1929, cuando aún era conocida como Segundo Barrial, hasta la actualidad, en 2026.
Calle Alcollarín Años 70. Foto: D.S. Cordero
En sus inicios, se trataba de una vía de tierra, salpicada de modestas construcciones que recordaban a chabolas. La ausencia de una red de saneamiento y la acumulación de residuos la convertían en un espacio insalubre.
Calle Alcollarín Años 70. Foto: D.S. Cordero
En las casas, las necesidades se hacían en el hoyo del estiércol, donde también se arrojaban los desperdicios. Algunos hogares disponían de un retrete sencillo: una plataforma de madera con un agujero en el centro, humilde pero funcional.
El papel higiénico no era más que hojas de periódicos o revistas reutilizadas, hasta que un día apareció aquel áspero rollo adornado con el dibujo de un elefante rojo, símbolo discreto de modernidad y progreso.
El hoyo se ubicaba al fondo de la vivienda, junto a la cuadra, y una vez al año se vaciaba su contenido (mezcla de residuos domésticos y excrementos del ganado) para convertirlo en abono natural que fertilizaba los campos.
Calle Alcollarín Años 70. Foto: D.S. Cordero
El nombre “Noque” proviene de un antiguo depósito de agua que se encontraba en la zona. Durante los años 70 del siglo XX, la escasez de agua potable en los hogares, sumada a la presencia de los estercoleros, generaba una elevada incidencia de enfermedades como fiebres tifoideas, hepatitis A y gastroenteritis infecciosa, entre otras.
Calle Alcollarín. Principios años 70. Foto: D.S. Cordero
La proliferación de moscas y la acumulación de basura en las calles contribuían notablemente a la propagación de estas enfermedades.
Ruinas del depósito de agua C/ Alcollarín esquina C/ Zújar. finales años 60. Foto: D.S. Cordero
Siendo alcalde de la ciudad D. José Gómez Cidoncha en 1875, se llevó a cabo una de las obras que marcarían el pulso del progreso urbano: la instalación de las tres primeras fuentes públicas de agua.
Estas fueron la Fuente de la Constancia, situada en la calle Arenal (donde hoy se alza el edificio de los juzgados); la Fuente del Amparo, en la zona sur de la Plaza de España; y la Fuente del Buen Suceso, en la calle Doña Consuelo Torre, próxima a la esquina con la calle Granados.
El agua, conducida a través de tuberías, era elevada mediante bombas de vapor desde el conocido Pozo Republicano hasta el depósito del “Noque”.
En las décadas de 1960 y 1970, la ausencia de una red generalizada de abastecimiento de agua potable obligaba a muchas familias a recurrir a medios tradicionales para obtenerla. Aunque algunas viviendas disponían de un pozo en el patio, el agua no siempre era suficiente ni adecuada para todas las necesidades del hogar.
C/ Alcollarín esquina C/ Zújar, lugar que ocupaba el depósito de agua. Foto: Dovane63
Por ello, era habitual que los vecinos se desplazaran hasta las fuentes públicas para recoger agua en cántaros de zinc y transportarla hasta sus casas. Esta tarea cotidiana recaía, en la mayoría de los casos, sobre las mujeres y los niños de la familia, quienes recorrían a diario el camino hasta la fuente para asegurar el suministro necesario para la vida doméstica.
Depósito de "El Noque" finales años 60. Foto: D.S. Cordero
Décadas más tarde, la red de fuentes se extendió por distintos puntos de la ciudad, consolidando este servicio esencial. Se instalaron nuevas fuentes en la plazoleta del Cuervo, en la calle San Marcos y en la pequeña plaza formada por la confluencia de las calles Arrabal, Luna, Amargura, Piedad y San José, configurando así un entramado que acompañó el crecimiento y la modernización de la población.
Calle Alcollarín. Foto: D.S. Cordero
El primer acuerdo municipal destinado a resolver el problema del abastecimiento de agua potable y la red de alcantarillado en nuestra ciudad se remonta a 1920; sin embargo, las obras no comenzaron sino catorce años más tarde, en 1934, marcando el inicio de una transformación decisiva en la historia de Don Benito.
Calle Alcollarín. Foto: Dovane63
Hoy, sin embargo, esa realidad ha quedado atrás: la calle Alcollarín se ha transformado en una de las arterias más amplias y dignas de la ciudad, reflejo del paso del tiempo y del progreso urbano.
FUENTES Y AGRADECIMIENTOS:
- FOTOS: Alfredo Ara Martín - D.S. Cordero. - Dovane63.
- DON BENITO. La traída del agua corriente y la instalación del alcantarillado. Andrés Retamal Ojeda.
- Daniel Cortés González. Asoc. “Torre Isunza” para la Defensa del Patrimonio Histórico y Cultural de Don Benito.
- Archivo Municipal de Don Benito.













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