Tal día como hoy, 10 de Enero pero del año 1907, en el seno
de una humilde familia vino al mundo Juan Aparicio Quintana, pintor
dombenitense, maestro de maestros.
Juan Aparicio en su estudio.
Desde muy pequeño ayudó a su familia en laboresde pastoreo y a los 27 años logró una beca
para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Se casó con
Filomena Garcia-Molina Sánchez Collado con la que tuvo ocho hijos.
Juan Aparicio, Autorretrato.
Ejerció como profesor durante 26 años en la prestigiosa Escuela
de Artes y Oficios de Don Benito, entre sus alumnos hay que destacar a
Cañamero, Reyes, el recientemente fallecido José Gallego (Pepe Sefui), Lozano, Pedro Casado, Martín-Romo…
y un largo etcétera.
Antonio Gallego Cañamero
José Gallego (Pepe Sefui)
Los temas de sus pinturas eran: labradores, pastores,
bodegones y numerosas obras religiosas por encargo, la más importante y a la
que todos los dombenitenses tenemos fácil acceso para disfrute y admiración, es el conjunto
de cuadros del Retablo de la iglesia de Santiago Apóstol de la localidad,
aunque sus obras están repartidas por toda Extremadura y parte de España.
El 24 de noviembre de 1964 falleció este gran artista cuyos hijos
definieron como “de excesiva modestia y humildad”.
Bases del 1er. Premio de Pintura Juan Aparicio que aún conservo, de cuando tenía sueños de pintor, aunque dicen que no hay que darse por vencido.
En el seno de una poderosa familia encomendera de
Santiago en 1604, nació Catalina de los Ríos y Lisperguer, por sus venas
corría sangre española, alemana e indígena.
La literatura y la
tradición popular chilena la han mitificado y retratado como un símbolo de la
opresión colonial. Debido a su llamativo pelo rojo, era conocida como “La
Quintrala”, por la semejanza en cuanto a color con un arbusto, el quintral,
originario de la región andina de Chile y de llamativas flores rojas.
Una mujer de gran hermosura y de extrema crueldad. Disponía
a su antojo de sirvientes y esclavos antes los cuales no manifestaba ni la
menor pizca de misericordia. Uno de sus pasatiempos favoritos era torturarlos y
azotarlos, a veces el placer que le proporcionaba el infligir dolor iba tan
lejos que los torturaba hasta la muerte.
Su padre D. Gonzalo de los Ríos y Encio, General del Real
Ejército, Maestre de Campo y Corregidor de Santiago, al parecer murió después
de comer un pollo que ella mismo cocinó. Su abuela, que tras la muerte de su
padre se convirtió en su tutora, le buscó un marido en un intento por sofocar
sus malos hábitos. En 1626, después de una generosa dote, la casó con un
soldado español de 20 años de edad. Alonso Campofrío de Carvajal y Riberos, un
descendiente de la nobleza catalana, uniendo su linaje a los Condes de Urgell y
la Casa de Barcelona. Al año siguiente de su matrimonio, Catalina da a luz a su
primer y único hijo, Gonzalo, quien moriría a los 8 años de edad. En 1628 muere
su hermana en el Perú, y Catalina se convierte en la dueña de gran parte de las
tierras.
Los cuerpos de esclavos masacrados continuaron apareciendo
en sus tierras, lo que llevó a las autoridades a tomar cartas en el asunto,
sería tan solo castigada con multas económicas. En 1654 Catalina quedó viuda,
con lo que retomó el control total sobre tierras, negocios y hombres.
Sacerdotes, amantes y esclavos fueron presa de sus
mortíferos juegos. Se dice que golpeó y apuñaló a un antiguo amante, un tal
Enrique Enríquez de la Orden de Malta, y que también cercenó la oreja izquierda
a un tal Martín de Ensenada y que mató a un caballero de Santiago.
Dada su condición noble, evitó constantemente las acciones
de la justicia. Hacia 1660, sin embargo, la ley finalmente cayó sobre ella. Se
inició una investigación basada en nuevas acusaciones del obispo local, una la
larga lista de asesinatos que se sospechaba había cometido. Por desgracia, el
juicio duró cuatro años, pues usó sus influencias para dilatar el proceso. Fue
acusada de 14 asesinatos (de los 39 que se investigaron) y se la condenó a
pagar 1.000 piezas de plata por cada negro y 500 por cada indio. Un año después, falleció en su lecho por causas naturales.
Cuenta una leyenda que un día encontró un árbol en sus tierras, que tenía la
cara de Cristo, por lo que ordenó cortarlo y tallarlo, lo colocó en su casa
donde sería testigo de asesinatos, engaños, brujerías y torturas. Tiempo
después ordenó que lo llevaran a la iglesia San Agustín, debido a que cuando
pasaba junto a él, la seguía con la mirada.
Este Cristo
actualmente es conocido como ''Cristo de Mayo'', debido a que hubo un terremoto
en un mes de mayo, Catalina se refugió en la iglesia junto con su hermana,
todos los muros cayeron, excepto en el que se encontraba colgado el crucifico,
en una de las sacudidas, su corona de espinas descendió hasta su cuello y nadie
se atrevió a tocarla, desde entonces sigue ahí.
El crucifijo del Señor de la Agonía más conocido como Cristo
de Mayo es una venerada obra de arte sacro colonial chileno, custodiado por la
Orden de San Agustín en el Templo Nuestra Señora de Gracia. La escultura en
madera policromada, fue tallada por el fraile agustino Pedro de Figueroa en
1613.
Todos los camposantos son tristes por naturaleza y al
visitarlos nos llenamos de nostalgia y de pena, siempre he tratado de apartarme
de todo contacto con ellos (ya tendré tiempo de estar ahí) aunque en esta ocasión hice un excepción.
LA CAPILLA
Podemos ver una fría capilla, en cuyo exterior aún son
visibles las cicatrices de los conflictos del hombre, difíciles del borrar de su
piel y de nuestra alma. Este pequeño recinto sagrado o lugar de oratorio está
situado a la entrada del cementerio de Don Benito, en él hay un pequeño altar de
madera, preside esta capilla una desangelada reproducción de un cuadro del
Cristo Crucificado o Cristo de San Plácido de Velázquez.
Hay unos bancos de
madera que transmiten una gran sensación de fragilidad, como si solo estuvieran
destinados a soportar el ligero peso del alma, dan la sensación que si los
arrastráramos sobre la fría piedra oiríamos el mismísimo lamento de los
difuntos; tengo la impresión de que nadie los ha usado desde hace mucho tiempo,
me senté en uno de ellos y fue como si me abrazaran la eternidad, el olvido y la
oscuridad…
EL CRISMON
Todos los cementerios tienen alto contenido simbólico. A
finales del siglo XIX y a principios del XX, los diversos sectores ideológicos,
socioeconómicos y religiosos que conformaban la sociedad de Don Benito, se
expresaban con iconografías funerarias particulares en nuestro Camposanto. Este
monumento funerario que vemos en la foto se llama Panteón, en él se alojan los
restos mortales de varias personas de una misma familia. Tiene una clara
influencia neoclásica y está rematado por un gran obelisco, que es la
representación de un rayo de sol, como emanación del dios Atum Ra.
Los egipcios
creían que los rayos del sol llevaban hasta la tumba un gran poder vivificante
que tenía algún efecto en la posterior resurrección del difunto. Este panteón es
muy sobrio, apenas tiene adornos, tiene una entrada y una puerta realizada en
hierro, simple en su expresión lineal y geométrica, está aislado en todo su
perímetro por una cerca metálica. Sobre el dintel de la puerta hay un relieve
con un signo, una corona de flores enmarca un Crismón, este símbolo es un
monograma, abreviatura compuesta por las letras Χ y Ρ entrelazadas, son las dos
primeras letras del nombre de Cristo en griego, representan a Cristo como
principio y fin de todas las cosas.
LA PROFANACION
En 2011, una noticia causó indignación y turbó la apacible
vida de nuestra ciudad, Don Benito, la profanación de cinco nichos llevada a
cabo en el cementerio municipal. Los nichos se encontraban en diferentes
manzanas del camposanto y fueron profanados esparciendo los autores los restos
humanos en el suelo. Según publicaciones del momento, parece ser que los autores
iban buscando alguna joya u objeto de valor de las personas enterradas.
Recordando esta noticia me viene a la memoria esta historia
no menos inquietante. Resulta que en los siglos XVIII y XIX, la profanación de
tumbas era un problema grave en Gran Bretaña y Estados Unidos. Debido a que los
cirujanos y los estudiantes de medicina sólo podían legalmente diseccionar
criminales ejecutados o personas que habían donado sus cuerpos a la ciencia, y
como las donaciones eran escasas, un mercado de cadáveres ilegal surgió. La
pistola de cementerio fue una estrategia dramática utilizada para frustrar a los
llamados "hombres de resurrección."
Esta pistola que vemos, fechada en 1710, está
montada sobre un mecanismo que permite que gire libremente. Los guardianes del
cementerio colocaban el arma al pie de una tumba con tres cables trampa
ensartados en un arco alrededor de su posición. Un ladrón tropezando con el
cable trampa en la oscuridad, desencadenaría el arma. Pero los ladrones de
tumbas evolucionaron para afrontar este reto. Algunos mandaban a mujeres que se
hacían pasar por viudas o niños durante el día para informar de la ubicación de
las armas de cementerio y otras defensas. Los guardianes del cementerio, a su
vez, aprendieron a esperar a preparar las armas hasta después del anochecer,
preservando así el elemento sorpresa.
Otros métodos utilizados en la época para evitar el robo de
cadáveres eran estas rejas que muestro, se colocaban alrededor de la tumba. No
eran para evitar que los zombis salieran por la noche, como he leído en alguna
publicación.
TUMBA DE INES MARIA Y SU MADRE
Hay algunas cosas que el tiempo no puede curar, hay heridas demasiado
profundas, que echan raíces... y es que como diría Gandalf: Ciertas
heridas nunca curan del todo.
Un ambicioso proyecto que comencé el año pasado pero que de momento se encuentra aparcado por falta de tiempo.
Las animaciones están realizadas sobre fotos de los personajes
auténticos que vuelven a la vida después de más de 100 años.
INES MARIA CALDERON
Estas fotos
están extraídas del magnífico libro del investigador y paisano nuestro,
Daniel Cortés González, titulado: “El crimen de Don Benito”, en cual
constituye un extraordinario documento histórico de nuestra ciudad.
Hubo una época, algo ya lejana, en que los grandes ídolos populares
eran personajes relacionados con el mundo del toro, desconocía que algunos
nacieron en Don Benito, sí, eran dombenitenses, aunque ya ni los más viejos del
lugar los recuerdan.
A ellos los he podido rescatar del olvido gracias a
una afición que tenía mi abuelo, Eusebio Escudero Zamora, la de transcribir
biografías, coleccionar recortes de prensa con hechos y
fotografías relacionados con el mundo del toro, lo hizo durante varias décadas
de su vida hasta su muerte en 1977, en una colección de casi 30 volúmenes
manuscritos y que para cualquier aficionado seguramente deben ser el “Santo
Grial de Los Toros”.
Eusebio Escudero Zamora
Abuelo… te brindo este toro, digo... este artículo.
Si a los gladiadores de Roma, se los trata como a
héroes, e incluso vemos sin inmutarnos en una butaca de cine, como mostraban
sus habilidades en el “arte” de matar seres humanos, al son de una buena banda
sonora (véase Gladiator).
- ¿Qué se hará con los toreros, qué dirán de ellos cuando hayan pasado
decenios y que como es ley de vida, el mundo taurino se haya extinguido?
La afición a los toros en Don Benito viene de lejos,
la primera referencia es de hace 185 años y la encontramos en el acta del Pleno
Municipal del 18 de julio de 1834 en la que el alcalde hace presente la orden
del Gobernador Civil, para que con motivo de la instalación de las Cortes
Generales de España, el día 24 de julio, se realizase, entre otros actos
festivos y religiosos, una capea de novillos y otra en la del día siguiente 25
de Santiago Patrón de España.
También durante la feria del año 1885, en los días 10
y 11 de septiembre se contrató a una de las máximas figuras de su tiempo, el
granadino FRASCUELO, para lidiar toros de los señores Arribas hermanos y D.
Antonio Miura, pero a la espera de que en esa fecha se encontrará libre Don
Benito de la epidemia colérica, y que como dijo la prensa del momento, “le
había invadido de repente y con alguna intensidad” (Hasta el momento desconozco si se pudo celebrar).
FRASCUELO
Por esas fechas fue infectada por una epidemia de
cólera morbo asiático la ciudad de Don Benito. Los contaminados sufren fuertes
vómitos y diarrea (aún podemos ver algunos carteles de prohibición en las
fachadas de la iglesia de Santiago que fueron colocados a raíz de estas
epidemias), los enfermos no muestran fiebre alguna y tras un periodo de
incubación de uno o dos días, les llega la muerte por deshidratación en menos
de una semana. Se trasmite por el agua y los alimentos, la contaminación llega
con facilidad a fuentes y pozos de agua potable.
Se piensa que el contagio fue causado por unos
tratantes de ganado valencianos que habían llegado a la ciudad, pues el foco de
la epidemia se encontraba en el levante español.
Las primeras defunciones sembraron el terror y el
pánico en la población y, como se puede imaginar, paralizaron todas las
actividades industriales, agrícolas y comerciales. La ciudad era un caos y el
miedo hizo que las clases más pudientes abandonaran la ciudad. Don Benito, por
sus 15.000 habitantes, fue la población de la provincia de Badajoz donde ésta
epidemia causo más estragos, pues en los 50 días que duró, el 3,55% de la
población había muerto, 532 almas perecieron.
No fue a más esta mortandad gracias al pueblo, que se
organizó y creó una Junta de Socorros, los médicos practicaban visitas a
domicilio y se repartieron abundantes raciones de carne, vino, pan y medicinas,
siendo el comportamiento de muchos funcionarios tachado de heroico y digno de
admiración al arriesgar sus propias vidas en beneficio de los demás.
Plaza de Toros de Don Benito (Badajoz- Spain)
Mucho antes de que existiera la nueva y moderna Plaza
de Toros Multiusos “Alcalde Mariano Gallego”, hubo otra, construida en madera, se
encontraba junto a las vías de del ferrocarril, en el sitio llamado de San
Gregorio, lindante al saliente con el camino de la Cañadilla y a poniente con
la dehesa Boyal, en el punto llamado la Rinconada.
Se inauguró el 15 de agosto
de 1886 con una corrida de toros de la ganadería portuguesa de D. José
Pereira Palha y que entró en los libros de historia por la bravura de uno
de sus toros llamado “VENENO” al que ese día hubieron de dar 11 puyazos y que
mató nada más y nada menos que a 8 caballos.
También existía una ganadería de reses bravas, muy
afamada en las primeras décadas del siglo XX, y que poseía en la finca
denominada “Los Ventosos” D. Eduardo Olea, uno de los fundadores de la
Unión de Criadores de Toros de Lidia de España en 1908.
MIGUEL PAREJO NIETO
Miguel Parejo Nieto, hijo de Lorenzo y María Asunción,
nació en Don Benito en el año 1881, ya desde muy niño estuvo dedicado a las
faenas de cuidar el ganado bravo, habilidades que le llevaron posteriormente a
prestar sus servicios en la ganadería de Olea en la finca “Los Ventosos”
pasando después al Guadarrama como encargado campero de la ganadería del
marqués de Cañadahonda.
Hombre cabal, valiente y sabio para las difíciles
faenas con el ganado bravo, y muy entendido en cuidarlo y manejarlo, cuando en
el año 1921 comenzó sus tareas la empresa de la Plaza de Madrid, Miguel
Parejo fue llamado para ser el mayoral, demostrando su valía en aquellos
difíciles encierros a pie, tanto en los cercados de la finca de la empresa “La
Muñoza” hasta la plaza de toros ya desaparecida, como el traer corridas desde
lejanas finca por veredas y caminos de carne.
Estas tareas tan peligrosas fueron causas de percances
para Miguel Parejo, tales como sufrir fracturas por caídas desde caballos y ser
herido una vez en la brega con un toro de Olea el año 1962 que le disminuyó no
su ánimo y sí en sus facultades físicas, y en otra ocasión un buey estribero
iba tan pegado a su pierna, como es lo práctico y peligroso, que al tirar una
cornada al aire hirió el animal en una rodilla al vaquero.
LAS VENTAS
Los hijos del finado Paco y Pepe que fue un valiente
matador en los ruedos, siguieron las enseñanzas de su padre desde que vinieron
a este mundo en chozos de los que eran usados como viviendas de los vaqueros de
ganado bravo en mitad del campo.
Paco Parejo a la izquierda junto a Rafael Peralta.
Pepe Parejo
En el pabellón que ocupaba en el patio de la
carnicería de la Plaza de Toros Monumental de Madrid de la que era mayoral
falleció el día 3 de marzo de 1967 Miguel Parejo Nieto a la edad de 86 años,
hasta un mes antes y pese a los naturales achaques de la ancianidad, el mayoral
Parejo hacía vida normal, pero sufrió una caída que le produjo una grave
fractura en la cadera que determinó, después de ser intervenido y curado, su
fallecimiento.
Plaza de Toros Monumental de Madrid
Sus hijos Paco y Pepe también fueron mayorales de la Monumental madrileña,
hombres de bien como les enseñó su padre, el señor Miguel popularísimo en
el mundillo taurino y con numerosas amistades, como se manifestó en su
entierro, efectuado el sábado día 4 de marzo de 1967 en el cementerio madrileño de Ntra. Sra. de
la Almudena.
CONTINUARÁ
Fuentes y agradecimientos:
- Dígame del día 7 de
marzo de 1967, transcrito por Eusebio Escudero en Don Benito a 30 de septiembre
de 1967.
- REVISTA TAURINA LA NUEVA LIDIA (1885).
- Anales de la Real Academia de Medicina. Tomo XI –Cuaderno
4º, 30 de Diciembre de 1891. - Daniel Cortés González.
- Revista Ventana Abierta 2011, Diego Soto Valadés (Cronista Oficial de Don Benito).
- GANADERÍA DE TOROS BRAVOS “EDUARDO OLEA” de José Luis
Quintana Álvarez / José Luis Quintana Cortés. Revista de Historia de las Vegas
Altas. Junio 2012, nº 2, pp. 34-50.