jueves, 16 de mayo de 2019

CAMINO DE BADAJOZ



16 de mayo de 1811. Un ejército francés compuesto por cerca de 25.000 hombres bajo el mando del mariscal Soult se dirige a Badajoz, el mariscal británico sir William Beresford sale a su encuentro y a unos 22 kilómetros lo intercepta cerca de La Albuera. 





A Beresford le acompaña un ejército de 35.000 hombres, formado por británicos, portugueses y los españoles que manda el general Joaquin Blake.



Soult es el primero en atacar, su arremetida va dirigida al centro aliado, pero es solo una maniobra de distracción, pues mientras, mueve el grueso de sus tropas a la derecha para rodearlos. Cuando Beresford se da cuenta de la maniobra, envía a la infantería británica para contrarrestar el movimiento y son atacados por los lanceros polacos de Soult, cuando las infanterías se encuentran, solo se ve el humo y se escucha el sonido atronador de los fusiles que son disparados a corta distancia haciendo que todo se torne gris y rojo, cundiendo el pánico en ambos bandos.



Beresford está perplejo y no reacciona ante tanta mortandad, un oficial, el coronel Henry Hardinge, se acerca a uno de los comandantes de infantería, el general Lowry Cole, y le insta a atacar, con o sin órdenes. Aunque sometidos a un fuego terrible, los hombres de Cole rompen la línea enemiga y después de una feroz lucha el ala izquierda francesa es destruida. Ambos bandos están extenuados y los combates cesan, dejando un campo de batalla cubierto de cadáveres y heridos, sería descrito en su momento por testigos como:

"una auténtica carnicería".

La batalla acabó sin una victoria clara para ninguno y ambos bandos se atribuyeron la victoria. 



Los franceses perdieron más de 7.000 hombres, lo que obligó a Soult a retirarse. Las bajas aliadas superaron más de 5.000. 




En La Albuera se celebrará como todos los años una recreación histórica de esta batalla, se podrán ver espectaculares formaciones de infantería y caballería de distintos países e incluso participarán personas cuyos antepasados lucharon en la batalla.



En Don Benito también fuimos protagonistas de un importante episodio de este conflicto, la llamada “Batalla de Medellín” que aconteció sobre el suelo que pisamos. En la vecina Medellín se erigió un monumento conmemorativo al lado del puente pero lamentablemente, aquí en Don Benito nuestra historia parece que pesa como una losa, ni tan siquiera existe una mísera placa o algo similar a modo de homenaje o recuerdo de aquellos jóvenes que regaron con su sangre nuestros campos el 28 de marzo de 1809, que muchos eran de aquí, más de 500 eran calabazones. Triste… ¿no?, ¿qué opináis?, aunque ahora que lo pienso… nadie se acuerda de los héroes cuando las guerras, en este caso batallas, se pierden.



Foto de portada: Dibujo del genial artista dombenitense Victoriano Gallego Blázquez titulado: " La batalla de La Albuera" (soldado escocés).

miércoles, 15 de mayo de 2019

EL DUENDE

 

“Deje mis tierras porque forzaban a mis mujeres y robaban mis comidas, por no ver semejantes sinrazones me retiré a las montañas, a morir siendo de guerra, por no morir en mala paz”.

 Lientur, jefe militar supremo del pueblo mapuche, apodado El Duende por los españoles.




Imperio español, Capitanía General de Chile, el 15 de mayo de 1629  (Guerra de Arauco, llamado por algunos el Flandes Indiano). El infatigable cacique indígena apodado “EL Duende” lidera el ataque de más de 800 feroces guerreros mapuches contra 200 españoles dirigidos por el sargento Mayor Juan Fernández Rebolledo, comienza la denominada “Batalla de las Cangrejeras”.




Este fatídico día para los españoles, la climatología se alió con los indígenas ya que un gran temporal con viento y lluvia impedían que las mechas de los arcabuces de las tropas españolas se encendieran. El triunfo fue total para los araucanos. La caballería española huyó y los infantes fueron derrotados. 70 españoles se dejaron la vida en esos campos y 36 fueron hechos prisioneros, hubo más de 200 bajas entre sus aliados yanaconas y se desconoce el número de muertos mapuches.

 


Entre estos prisioneros se encontraba el soldado y cronista Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán y Jofré, que gracias al cacique Maulicán, que se apiada de él y se enfrenta al resto de caciques, conservaría la vida. Tras esta experiencia entre los mapuches, escribió en 1673 la crónica “Cautiverio feliz y razón individual de las guerras dilatadas del Reino de Chile”, una de las más importantes y realistas descripciones de las costumbres del pueblo mapuche, pilar fundamental para la conservación y transmisión de la memoria indígena.

domingo, 5 de mayo de 2019

DON BENITO 1596


En este año, los tercios españoles toman la ciudad francesa de Amiens, durante las interminables guerras que desolaron los campos de Flandes, acción que despertó gran admiración en toda Europa.



Una escuadra inglesa, en coalición con buques holandeses, saquea la ciudad de Cádiz y también ese mismo año muere atrozmente el pirata inglés Francis Drake, a consecuencia de una terrible disentería.



El 5 de mayo de ese año, en Don Benito (Badajoz), viene al mundo el hijo de Francisco Cabezas y Doña María Gómez, su nombre: García Martínez Cabezas, prelado extremeño en el Perú del siglo XVII, y como bien dice el maestro y licenciado en Filología Hispánica D. Julio Carmona Cerrato, nuestro personaje de hoy fue de aquellas personas que no alcanzaron altas cotas de notoriedad pero que contribuyeron de manera notable a conformar la intrahistoria de aquella, por entonces, joven sociedad americana.

Recomiendo este libro para saber más acerca de la vida de dombenitense y su tiempo.



GARCIA MARTINEZ CABEZAS

Se formó este notable Prelado en la Facultad de Cánones de Salamanca, donde se graduó de Bachiller. Fue Colegial del Colegio Mayor de Santa María de Jesús de la ciudad de Sevilla, donde se licenció. Tomó su hábito un lunes 27 de mayo de 1619. Fue Catedrático de Instituta, de Digesto viejo, de Decreto y de Prima de Cánones. En 1634 fue nombrado Canónigo Doctoral de la iglesia de las Charcas y en la misma iglesia Maestre-Escuela, Tesorero y Arcediano.




En 1642, otro dombenitense, Alonso Cabezas de Herrera, le designa como Canónigo Doctoral de la Santa Iglesia de la Plata. Como Juez Metropolitano en la jurisdicción de la provincia de las Charcas, intervino en una causa de amplia repercusión social e histórica: luchas entre nativos y recién llegados o procesos de adoctrinamiento religioso. Fue Provisor y Vicario General  mientras la sede del Arzobispado de las Charcas estuvo vacante.




A mediados del año 1647 fue  nombrado Inquisidor Apostólico del Tribunal del Santo Oficio en la Ciudad de los Reyes (Lima).




En 1653 es nombrado Obispo de Cartagena, aunque no llegó a tomar posesión del cargo a causa de su fallecimiento a los 62 años de edad. Fue enterrado en el Convento de los Agustinos de la Ciudad de los Reyes (Lima).




Fuentes:

  • Teatro Eclesiástico de la Primitiva Iglesia de la Indias Occidentales. 1655
  • CARMONA CERRATO, J. (2011): El dombenitense García Martínez Cabezas, notable Prelado en el Nuevo Mundo. 
  • Asociación “Torre Isunza” para la Defensa del Patrimonio Histórico y Cultural de Don Benito

sábado, 27 de abril de 2019

UNA LEYENDA DE DON BENITO


Durante la Edad Media, por los pueblos del antiguo Condado de Medellín se cantaban hermosos versos, su temática era principalmente amorosa, también sobre leyendas, sucesos luctuosos o propaganda política.


Estos poemas eran compuestos por los llamados trovadores y en ocasiones ellos mismos los interpretaban, en otras lo hacían los llamados juglares o ministriles.



"El sacauntos de Allariz". Copla de ciego.


Tiempo después serian recogidos este tipo de poemas en los llamados “Pliegos de cordel”, unos cuadernillos exhibidos para su venta en tendederos de cuerdas, de ahí su nombre, eran cantados a menudo por mendigos ciegos acompañados de  instrumentos como la zanfona o la vihuela.


Pliego de cordel "El Crimen de Don Benito"


De estas tradiciones también proviene el género de los cantautores, aunque actualmente está en notable decadencia pese a que no le faltan  ingredientes de todo tipo para su elaboración.

No es Extremadura precisamente pobre en leyendas, pues las tienen todos sus pueblos, castillos, santuarios y monasterios.

Castillo de Medellín - Foto: DOVANE63

Entre los pueblos del antiguo Condado de Medellín se cantaba una que recogió el Cronista de Badajoz D. Nicolás Díaz y Pérez, y cuya crónica dice así:

“Pasados muy bien los promedios de la segunda mitad del siglo XVIII, el Gobierno del Rey D. Carlos IV mandó a Don Benito un Alcalde-Mayor, de esos que hemos conocido hasta poco há, con el nombre de Alcalde-Corregidores. El nuevo funcionario no obraba a gusto del pueblo, y era más déspota de lo que convenía a sus subordinados. A más creaba impuestos nuevos, multaba a los más descuidados y trataba a todos, altos y bajos, a un mismo nivel, conculcando las leyes, y nadie tenía más derechos que aquellos que él quería concederles, dándose humos de señor feudal.


Una mañana se levantó el vecindario de mal talante. Se formaron grupos en la plaza, y una voz sediciosa salió de en medio de ella, gritando:


— ¡Muera el Alcalde-Mayor!... ¡Abajo el tirano!...


Se unieron todos los grupos y las gentes cercaron la casa del Alcalde, poniéndola fuego.





De entre las llamas surgió el Alcalde-Mayor pidiendo piedad. No la tuvo el pueblo para con su verdugo, y cogido que fue por el populacho, sufrió muerte cruel, probando así que no es tan fácil dominar voluntades libres.


Teatro Municipal de Tomelloso


La noticia del suceso corrió hasta la Corte y el Gobierno mandó formar causa. Fue, al efecto, a la villa un Juez especial a instruirla; tomó declaraciones a todos sus vecinos y se vio, desde el primer momento, que había unanimidad en la designación del culpable.


Este era... ¡Don Benito!... esto es, el pueblo de Don Benito, representado en la estatua que coronaba la torre parroquial del Apóstol Santiago. 




Y no hay para qué decir que el reo no pudo ser ahorcado, porque estaba abolido, desde Carlos III, ahorcar ni quemar estatuas, a que tan acostumbrados nos tenían las sentencias del Santo Oficio; y al pueblo de Don Benito tampoco pudo prendérsele, porque compuesto ya de 11.000 habitantes, se necesitaba una cárcel inmensa para aprisionarle. El Juez no pudo sentenciar. El delito quedó impune”.

Castillo de Medellín - Foto: DOVANE63

Nos dice D. Nicolás que tal es la tradición popular que de antiguo corre, como cierta, sobre este sangriento suceso entre los pueblos que formaban el histórico condado de Medellín, aunque no existen pruebas para dar autenticidad al hecho, la historia tampoco lo registra en sus páginas, ni los cronistas extremeños nada de él refieren.

En los primeros años del siglo XVII en la villa de San Martín del Grove, perteneciente al partido judicial de Combados, en la provincia de Pontevedra, se cuenta que ocurrió una historia muy pareja, su protagonista fue Don Juan de la Meca, señor feudal y cura del pueblo, conocido como "El Meco", tenía derecho de pernada sobre todas las mujeres de la villa, es decir, que cuando una mujer iba a contraer matrimonio, estaba obligada a pasa una noche con él.



“Tuvo esta villa un Párroco, conocido como Meco, perturbador, enemigo de la paz, usurero, pendenciero en alto grado y hombre de las más depravadas costumbres. Cansado el vecindario de sufrir las licencias de su Párroco, acudió en queja al Arzobispo de Santiago, para que le librase de tan pernicioso enemigo; pero el Arzobispo, haciendo oídos de mercader, no atendió las excitaciones del vecindario. 





Este, un día acordó hacerse la justicia por su mano, y en turbulento motín rodeó la casa de su Párroco, se apoderó de él y le dio muerte cruel, ejecutando uno de esos actos que en el Norte de América se le da el nombre de linchar. Se alarmó entonces el Arzobispo y formada la causa, y cuando había el propósito de ahorcar a los culpables, resultó por unánime declaración de todo el vecindario, que entre todos le habían dado muerte.

— ¡Matamos todos!...—respondieron a una, hombres y mujeres—sin que pudiese jamás conocerse al autor del crimen.”

Esta leyenda está autorizada por la historia y se conoce de ella hasta los detalles más pequeños del hecho que la nutre, y sin embargo, tampoco era nueva, pues como la de Don Benito, parece copiada de otro suceso histórico del siglo XV, que constituye el asunto de uno de los más hermosos dramas histórico-municipales del Siglo de Oro Español, obra del genial dramaturgo Lope de Vega, su nombre: “Fuenteobejuna”.




Fuentes:

  • La leyenda de Don Benito, de Nicolás Díaz y Pérez. 1901
  • Galicia Encantada, Enciclopedia de Fantasía Popular de Galicia.
  • Obras de Alfonso de Palencia, Biblioteca Virtual Cervantes.
  • "El motín de Fuente Ovejuna en el teatro de Lope: la psicología de las muchedumbres y la naturaleza de sus delitos", por José Francisco Acedo Castilla

viernes, 12 de abril de 2019

LA CASA DE HERNÁN CORTÉS



El periódico del Partido Liberal en su edición de Madrid del 29 de noviembre de 1854, se hacía eco de una visita a Medellín de D. Bartolomé Romero Leal, el cual indagó el punto donde se encontraba la casa de Hernán Cortés, y se encontró con que el edificio estaba reducido a un montón de escombros. Ayudado por el alcalde del pueblo don Narciso de Torres y secundado por los milicianos nacionales que se ofrecieron a trabajar gratuitamente, emprendió una excavación sobre las ruinas siendo el resultado obtenido más que satisfactorio.





El pavimento de ladrillo de la habitación donde vino al mundo nuestro inmortal paisano, se encontraba en muy buen estado, de las paredes de la casa solo quedaban como unas seis cuartas, notándose bien los arranques de una ventana que daba al corral o patio de la casa, en el umbral se encontró un quicio de la puerta que fue regalado por la municipalidad al señor Romero (nuestros políticos siempre tan generosos, esperemos que sus descendientes hayan sabido conservar ese pedazo de historia). Se cuenta también, en el artículo, que mientras se espera erigir un monumento en honor del ilustre patricio, el Ayuntamiento va a levantar las paredes del cuarto y a techar este; haciendo constar por medio de una acta solemne, que dentro de él vio la primera luz el héroe extremeño. 




Bartolomé Romero Leal, nació el 17 de agosto de 1823 en Puebla de la Calzada (Badajoz) y durante su visita a Medellín ejercía el cargo de Secretario del Gobierno Civil de Badajoz.

Para más Información sobre Bartolomé Romero Leal:

Fuentes:
-          Diputación de Badajoz
-          Diario EL CLAMOR PUBLICO
-          Manuel García Cienfuegos, Cronista Oficial de Montijo y Lobón.