Todos los camposantos son tristes por naturaleza y al
visitarlos nos llenamos de nostalgia y de pena, siempre he tratado de apartarme
de todo contacto con ellos (ya tendré tiempo de estar ahí) aunque en esta ocasión hice un excepción.
LA CAPILLA
Podemos ver una fría capilla, en cuyo exterior aún son
visibles las cicatrices de los conflictos del hombre, difíciles del borrar de su
piel y de nuestra alma. Este pequeño recinto sagrado o lugar de oratorio está
situado a la entrada del cementerio de Don Benito, en él hay un pequeño altar de
madera, preside esta capilla una desangelada reproducción de un cuadro del
Cristo Crucificado o Cristo de San Plácido de Velázquez.
Hay unos bancos de
madera que transmiten una gran sensación de fragilidad, como si solo estuvieran
destinados a soportar el ligero peso del alma, dan la sensación que si los
arrastráramos sobre la fría piedra oiríamos el mismísimo lamento de los
difuntos; tengo la impresión de que nadie los ha usado desde hace mucho tiempo,
me senté en uno de ellos y fue como si me abrazaran la eternidad, el olvido y la
oscuridad…
EL CRISMON

Los egipcios
creían que los rayos del sol llevaban hasta la tumba un gran poder vivificante
que tenía algún efecto en la posterior resurrección del difunto. Este panteón es
muy sobrio, apenas tiene adornos, tiene una entrada y una puerta realizada en
hierro, simple en su expresión lineal y geométrica, está aislado en todo su
perímetro por una cerca metálica. Sobre el dintel de la puerta hay un relieve
con un signo, una corona de flores enmarca un Crismón, este símbolo es un
monograma, abreviatura compuesta por las letras Χ y Ρ entrelazadas, son las dos
primeras letras del nombre de Cristo en griego, representan a Cristo como
principio y fin de todas las cosas.
LA PROFANACION
En 2011, una noticia causó indignación y turbó la apacible
vida de nuestra ciudad, Don Benito, la profanación de cinco nichos llevada a
cabo en el cementerio municipal. Los nichos se encontraban en diferentes
manzanas del camposanto y fueron profanados esparciendo los autores los restos
humanos en el suelo. Según publicaciones del momento, parece ser que los autores
iban buscando alguna joya u objeto de valor de las personas enterradas.
Recordando esta noticia me viene a la memoria esta historia
no menos inquietante. Resulta que en los siglos XVIII y XIX, la profanación de
tumbas era un problema grave en Gran Bretaña y Estados Unidos. Debido a que los
cirujanos y los estudiantes de medicina sólo podían legalmente diseccionar
criminales ejecutados o personas que habían donado sus cuerpos a la ciencia, y
como las donaciones eran escasas, un mercado de cadáveres ilegal surgió. La
pistola de cementerio fue una estrategia dramática utilizada para frustrar a los
llamados "hombres de resurrección."
Esta pistola que vemos, fechada en 1710, está
montada sobre un mecanismo que permite que gire libremente. Los guardianes del
cementerio colocaban el arma al pie de una tumba con tres cables trampa
ensartados en un arco alrededor de su posición. Un ladrón tropezando con el
cable trampa en la oscuridad, desencadenaría el arma. Pero los ladrones de
tumbas evolucionaron para afrontar este reto. Algunos mandaban a mujeres que se
hacían pasar por viudas o niños durante el día para informar de la ubicación de
las armas de cementerio y otras defensas. Los guardianes del cementerio, a su
vez, aprendieron a esperar a preparar las armas hasta después del anochecer,
preservando así el elemento sorpresa.
Otros métodos utilizados en la época para evitar el robo de
cadáveres eran estas rejas que muestro, se colocaban alrededor de la tumba. No
eran para evitar que los zombis salieran por la noche, como he leído en alguna
publicación.
TUMBA DE INES MARIA Y SU MADRE
Hay algunas cosas que el tiempo no puede curar, hay heridas demasiado
profundas, que echan raíces... y es que como diría Gandalf: Ciertas
heridas nunca curan del todo.
Un ambicioso proyecto que comencé el año pasado pero que de momento se encuentra aparcado por falta de tiempo.
Las animaciones están realizadas sobre fotos de los personajes auténticos que vuelven a la vida después de más de 100 años.
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INES MARIA CALDERON |
Estas fotos
están extraídas del magnífico libro del investigador y paisano nuestro,
Daniel Cortés González, titulado: “El crimen de Don Benito”, en cual
constituye un extraordinario documento histórico de nuestra ciudad.
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Daniel Cortés González |
De nuevo, un estupendo artículo. Te voy descubriendo poco a poco y cada vez tengo más ganas de compartir un café contigo, aunque podemos ser dos loros de charla interminable...Es evidente que la curiosidad nos hace cómplices.
ResponderEliminarMuy interesante como siempre, Dovane!
ResponderEliminarTe pediría que retomes el vídeo sobre Inés María, aunque supongo que requiere un trabajo arduo. Deseando ver el resultado.
Hoy he acudido para tristemente, visitar la tumba de mi madre y otros familiares. Me ha impresionado esa tumba con el obelisco encima, decididamente sí sabía que algo tendría que ver con la cultura egipcia, gracias por aclararlo en este post. Deseo que continúes con este trabajo. Hay mucho arte en los cementerios. Actualmente estoy leyendo "De tumba en tumba" de Marta Sanmamed. Creo que tienes futuro con estos temas, hay mucha gente que le gusta. Gracias.
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