Buscar este blog

lunes, 15 de julio de 2019

DEFENSOR DEL SANTO SEPULCRO


15 de julio de 1099, tras 5 semanas de terrible asedio, culmina la conquista de Jerusalén por parte de los cruzados encabezados  por el príncipe Tancredo y por el caballero, descendiente de Carlomagno, Godofredo de Bouvillón, tras la entrada en la ciudad Santa, judíos y musulmanes son masacrados sin piedad. A Godofredo se le ofrece la corona del rey de Jerusalén  pero la rechaza, argumentando que no puede usar una corona de oro donde Jesucristo tuvo que usar una corona de espinas, pero acepta el título de “Sancti Sepulchri advocatus”, es decir, Defensor del Santo Sepulcro.





El señor del Santo Sepulcro permanece bajo la autoridad eclesiástica, este título le otorga las siguientes responsabilidades:
Debe, junto con sus vasallos, defender la ciudad de Jerusalén y la tumba de Cristo,  distribuir la tierra entre los caballeros, conquistar las ciudades cercanas, hacer justicia y sostener la economía local. 




Godofredo muere al año siguiente, el  18 de julio de 1100 cuando regresaba de una expedición contra el sultán de Damasco. Su hermano y sucesor, Balduino I se negó a conformarse con el título de Defensor del Santo Sepulcro y se hizo llamar rey de Jerusalén.




Las causas de la muerte de Godofredo son desconocidas, la leyenda dice que fue envenenado al comer una manzana le ofreció el Emir de Palestina durante una comida. 




El cronista árabe Ibn al-Qalanisi sugiere que la causa de su muerte fue por una flecha envenenada, pero lo más probable es que muriera de peste, pues por aquellas fechas  esta región estaba afectada por grandes epidemias.

Espada de Godofredo que se encuentra en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén.


miércoles, 3 de julio de 2019

DON BENITO 1431



Tal día como hoy, 3 de julio, pero de 1431, en la Vega de Granada, Martín Cortés “El Viejo”, vecino de Don Benito y abuelo de Hernán Cortés, era armado solemnemente Caballero de la Espuela Dorada por el Rey Juan II .




En España se distinguían varias clases de Caballeros:

  • Caballero de conquista: Era aquel a quien se repartían las tierras que ganaba.

  • Caballero de alarde: El que tenía obligación de pasar muestra o revista a caballo.

  • Caballero mesnadero: El descendiente de los jefes de mesnada, esto es, de cualquiera de las Compañías de gente de armas que servían bajo el mando del Rey, de algún ricohombre o magnate principal

  • Caballero de premia: El que estaba obligado a mantener armas y caballo para ir a la guerra.

  • Caballero cuantioso o de cuantía: El que tenía esa misma obligación por razón de sus haciendas, para acudir a la defensa de las costas y fronteras en Andalucía, cuando las acometían los moros.

  • Caballero novel: El que llevaba el escudo en blanco y no tenía aún divisa, por no haberla ganado con las armas.
  •  


  • Caballero pardo: El que, no siendo noble, sino hombre llano y pechero, alcanzaba privilegio del Rey para no pechar, teniendo armas y caballos a su costa.

  •  Caballero de Espuela dorada: El que, siendo hidalgo de nacimiento, era solemnemente armado caballero.  



Estos últimos constituyeron la milicia áurea, la primera y más principal clase de Caballería de los nobles de España. Cuando algún hidalgo se distinguía en la guerra por sus acciones heroicas, se le premiaba armándole caballero, para estimularle a nuevas empresas de valor y suscitar imitadores de su noble ejemplo. 





El agraciado velaba una noche las armas en la iglesia, u otro lugar señalado, después de bañarse y lavarse la cabeza; oía devotamente misa por la mañana, y luego el Rey u otro Caballero en su representación, le calzaba las espuelas doradas, le ceñía una espada, y le hacía jurar estas tres cosas:

  • La primera que non recele de morir por su ley si menester fuere.

  •  La segunda por su señor natural.

  •  La tercera por su tierra. y le daba una pescozada para que se acordase, diciéndole:



 «Que Dios le guíe al su servicio y le deje cumplir lo que prometió». 



Después de lo cual le daba el beso de paz y de hermandad, haciendo, a continuación, lo mismo todos los demás caballeros presentes al acto.

Fue, pues, y es de tanta estimación esta Caballería de Espuela dorada, que no sólo se daba a los Hijosdalgo, a los Infanzones, a los Titulados y Ricos-hombres de Castilla, más también a los Príncipes y Reyes.


FUENTES:

  • Hernán Cortés. El fin de una leyenda,  de Esteban Mira Caballos.

  • Discursos de la Nobleza de España, de Bernabé Moreno de Vargas, Regidor perpetuo de la Ciudad de Mérida. 1795.

miércoles, 26 de junio de 2019

ESTEBAN MIRA CABALLOS EN DOVANE63



26 de junio de 1541, un grupo de hombres capitaneados por el hijo de Diego de Almagro irrumpen en palacio. Cosen a estocadas y puñaladas, no menos de 20, al viejo conquistador de 65 años, lo que no pudieron hacer miles de guerreros incas, uno de ellos de una certera estocada en el cuello lo logra y acaba con su vida, muere Francisco Pizarro.



Francisco Pizarro González, nació en Trujillo (Cáceres) el 16 de marzo de 1478, un gigante de nuestra historia, un hombre que en apenas tres años se hizo con el control del Poderoso Imperio Inca.

Palacio del Marques de la Conquista de Trujillo, en la plaza mayor.

Recientemente se ha publicado un libro que nos relata la vida y hazañas de Francisco Pizarro.




Su autor es el profesor Esteban Mira Caballos, un  historiador en búsqueda permanente de la verdad y que amablemente nos envía al blog su saludo con esta reseña:

Francisco Pizarro: una nueva visión de la conquista del Perú (Editorial Critica, febrero de 2018) plantea una revisión en profundidad de la figura del trujillano y de su conquista. 

Francisco Pizarro fue el arquetipo de conquistador, un guerrero experimentado en la guerra indiana. Su capacidad estratégica era fruto de un proceso de acumulación de conocimientos que comenzaron en el Caribe y se continuaron en Panamá y el Perú. La combinación de estas experiencias no pudo ser más letal para los incas.

Supo utilizar a los grupos nativos resistentes a la estructura imperial quechua. Ya hemos comentado que el Tahuantinsuyu era un estado relativamente joven y muchos pueblos todavía guardaban un resentimiento contra los incas por haberles privado de su antigua independencia. En el fondo, la mayoría de los reyezuelos locales soñaban con recuperar su añorada libertad y solo aceptaron la sumisión por la política de terror desplegada por el estado incaico. El trujillano valoró adecuadamente esa baza que utilizó en su propio beneficio. Ahora bien, fue un buen conquistador pero un mal gobernador, al no poseer la preparación adecuada para administrar un territorio. A nivel político permitió el surgimiento de enemistades entre españoles e indios y de los hispanos entre sí que dieron lugar a las llamadas guerras civiles. La administración de la hacienda real fue un verdadero caos y tanto él como sus hermanos tomaron dineros de la hacienda real cada vez que les interesó. 



Su asesinato en 1541 fue la crónica de una muerte anunciada, fruto de los odios mutuos entre pizarristas y almagristas. En el Perú de la conquista se vivieron infinidad de dramas, injusticias, traiciones, destrucciones y matanzas, sufridas casi siempre por los naturales y ocasionalmente por las huestes. No hay que sorprenderse por ello, los guerreros han actuado siempre así, en cualquier tiempo y en cualquier espacio. El Inca Atahualpa mandó asesinar a su medio hermano Huáscar, Francisco Pizarro y Diego de Almagro a Atahualpa, los hermanos Pizarro a Diego de Almagro, el hijo de éste a Francisco Pizarro y el licenciado Vaca de Castro a Diego de Almagro el Mozo y a sus secuaces. 

Como puede observarse, la mayor parte de los grandes protagonistas de la conquista del Tahuantinsuyu perecieron de manera violenta y, lo peor de todo, luchando entre ellos mismos. Todos ansiaban su propia gobernación, a ser posible rica, como la que poseía el admirado Hernán Cortés. 

Francisco Pizarro obtuvo la gobernación de Nueva Castilla y Diego de Almagro, unos años después, la de Nueva Toledo. Pero este último, ignorante aún de las grandes riquezas de Potosí, que caían en su gobernación, quiso reclamar Cusco y Lima, a sabiendas de que los Pizarro nunca aceptarían. No hubo voluntad, sosiego, ni capacidad por ninguna de las dos partes de solucionar el conflicto sin derramamiento de sangre. Las consecuencias de las actitudes irreductibles de unos y de otros fueron trágicas. 

En pleno siglo XXI la conquista sigue sin estar totalmente asimilada en el imaginario colectivo peruano pues pervive un sentimiento de nostalgia, quizás idealizado, hacia el mundo incaico. Se trata de lo que los quechuas llaman el lamento andino. De aquellos barros estos lodos.

¡¡MUCHAS GRACIAS ESTEBAN!!

martes, 25 de junio de 2019

MURIERON CON LAS BOTAS PUESTAS




La más famosa batalla de la guerras indias fue la de Little Bighorn, enfrentó a una gran coalición de las tribus Lakota y Cheyenne contra el mítico 7º de Caballería del Ejército de los Estados Unidos, aconteció durante dos días, el 25 y el 26 de junio de 1876 cerca del río Little Bighorn en el este del territorio de Montana. 

 

 PULSAD PARA ESCUCHAR





A finales del año 1875, los indios Sioux y Cheyenne abandonaron sus reservas, indignados por las continuas intrusiones de los colonos blancos en sus tierras sagradas en las Black Hills (Colinas Negras). Se unieron bajo el mando del gran guerrero Sitting Bull (Toro Sentado) y en la primavera siguiente obtuvieron grandes victorias sobre la caballería de los Estado Unidos. El 9 de noviembre de 1875, fuerzas estadounidenses fueron enviadas para atacar a los indios basándose en un informe de un explorador indio que declaró que cientos de Lakotas y Cheyennes, comandados por Sitting Bull y Crazy Horse , estaban en pie de guerra. 




La verdadera razón de esta guerra, era la de todas las guerras, la ambición humana y es que Las Black Hills, eran muy ricas en… oro.





Custer llegó cerca del Río Little Bighorn en la noche del 24 de junio de 1876, el resto de la columna marchaba hacia la cabecera del rio para bloquear la posible huida de los indios, dos exploradores Crow fueron enviados para analizar la situación. 




Volviendo con la advertencia de que un gran campamento indio estaba situado en el Río Little Bighorn, Custer decidió ignorar esta amenaza, menospreciando al enemigo dividió el regimiento en cuatro secciones esperando que los indios huyeran a la primera señal de asalto, Custer los hizo avanzar el 25 de junio. 




Sin un conocimiento suficiente del tamaño de las fuerzas a las que se iban a enfrentar, ordenó al primer batallón de 175 soldados, comandado por el mayor Marcus Reno, atacar. Sin embargo, rápidamente se dieron cuenta de que las fuerzas Lakota y Cheyenne eran mucho más grandes de lo que pensaban y que no mostraban ni la más mínima señal de huir ante su presencia, envió un mensaje a Custer, pero no recibió respuesta y lanzó su ofensiva hacia el norte. Temiendo que pudieran quedar atrapados, detuvo la carga, desmontó y disparó sobre el poblado a cierta distancia. Después de unos 20 minutos de fuego, solo habían conseguido matar a un indio y los refuerzos no aparecían, huyeron por el rio y fueron perseguidos por los indios que mataron a varios de ellos. Continuaron con su huida hasta encontrarse con el batallón del capitán Frederick Benteen y gracias a ello se salvaron de ser totalmente aniquilados. 



Mientras tanto los planes de Custer eran alcanzar el extremo norte del campamento indio para atacarlo simultáneamente con Reno, pero el terreno le complicó bastante su marcha, cuando llegó ya había sido rechazado Reno y cuando fueron descubiertos, los Cheyenne y Sioux cruzaron el río y los hicieron retroceder hasta lo alto de una colina, al mismo tiempo un grupo de Sioux bajo el mando de Crazy Horse (Caballo Loco) se movió rápidamente hacia abajo y en forma de arco, envolviendo a Custer, que en una acción desesperada ordenó a sus hombres disparar a sus caballos y apilar los cadáveres para cubrirse. 




Sin embargo, los caballos proporcionaron poca protección contra el ataque de balas y flechas que llovían sobre Custer y sus 210 hombres. En menos de una hora, fueron asesinados en el peor desastre militar de los Estados Unidos. Después de que los indios hubieran aniquilado a las tropas de Custer, avanzaron sobre las restantes tropas estadounidenses de Benteen y Reno. Durante las siguientes 24 horas los indios y los soldados lucharon una dura batalla hasta que llegaron refuerzos bajo el mando del general Terry y los indios comenzaron una retirada hacia el sur. 




Cuando Terry llegó, los indios ya habían quitado sus propios muertos y heridos del campo de batalla. Sin embargo, los cuerpos de los soldados permanecieron donde murieron, muchos habían sido despojados de sus ropas y salvajemente mutilados, haciendo que la identificación de muchos de ellos fuera imposible. 



El cuerpo de Custer fue encontrado cerca de la cima de la colina, donde hoy se levanta un monumento con los nombres de los soldados que lucharon en la batalla. Le habían disparado en la cabeza y en el pecho izquierdo, pero su cuerpo se quedó sin mutilar, algunos creen porque estaba vestido con pieles de ciervo en lugar de uniforme, aunque otros informes no oficiales indican que le fue cortada una falange de un dedo de la mano, que las mujeres Sioux perforaron sus oídos con agujas para que pudiera escucharlos mejor en la otra vida y su pene fue atravesado por una flecha.




210 hombres murieron con Custer y otros 52 murieron bajo el mando de Reno. Todos fueron enterrados apresuradamente, tiempo más tarde el cuerpo de Custer sería trasladado al cementerio de West Point. 




Sólo unos 60 guerreros indios murieron en la batalla. El ejército estadounidense respondió aumentando el número de soldados en la zona en un esfuerzo por "aplastar a los indios" y vengarse de los que murieron en la batalla. También se dice que el 7º de Caballería no estaba armado de manera adecuada, que los indios tenían mejores rifles que sus enemigos, etc. Un mal tirador equipado con una buena arma sigue siendo un mal tirador y es que muchos de los soldados del 7º habían practicado muy poco su puntería. Ocho días antes, en la batalla de Rosebud, las tropas dispararon 25.000 balas. ¿El resultado? 100 bajas indias. 




En Little Big Horn se calcula que se dispararon unos 42.000 cartuchos para causar entre 60 bajas. Si eras indio, parece ser que tenías más probabilidades de morirte de un susto que de un tiro disparado por los soldados de Custer. Sólo después de la masacre, Washington autorizó que cada soldado usara 20 cartuchos al año (de risa) para practicar su puntería (como decimos en Don Benito: “A buenas horas, mangas verdes”). Tres años más tarde la batalla fue objeto de una investigación judicial, durante la ella, las acciones de Reno, Benteen, Terry y Custer fueron cuidadosamente examinadas. El informe sugirió que Reno era un borracho y un cobarde, mientras que Benteen fue criticado por desobedecer las órdenes de Custer. Otro factor que contribuyó a la derrota fue la llegada tardía del general Terry. Sin embargo, se culpa de la derrota a una inteligencia defectuosa y a la falta de comunicación, las carreras militares de Reno y Benteen terminaron tras este proceso. 




Dos años más tarde, se erigió un monumento conmemorativo sobre la fosa común de los soldados del Séptimo de Caballería, los Scouts de la India y otros miembros del personal muertos en la batalla. Con el paso de los años, la imagen de Custer y la batalla de Little Bighorn ha cambiado a medida que se iba conociendo el maltrato al que fueron sometidos los nativos durante la expansión americana y en el año 1991, el Congreso de los Estados Unidos cambió el nombre del campo de batalla de Custer a campo de batalla de Little Bighorn y ordenó la construcción de un monumento indio.