La historia de la modernización de Don Benito durante las primeras décadas del siglo XX no puede entenderse sin la figura de Bernardo Ruiz Arias (1869-1944). Nacido en Macharaviaya (Málaga), este farmacéutico y empresario convirtió la farmacia familiar en uno de los establecimientos comerciales y sanitarios más prestigiosos de la comarca, contribuyendo decisivamente al desarrollo económico y social de la ciudad.
Procedente de una familia estrechamente vinculada al ámbito farmacéutico, Bernardo continuó la labor iniciada por su tío, José Ruiz González, quien había establecido una farmacia en la actual Plaza de España a finales del siglo XIX. Bajo la dirección de Bernardo y de su hermano, el negocio, conocido como «Ruiz Arias Hermanos», alcanzó un notable prestigio, consolidándose como la farmacia más antigua de Don Benito y como un importante almacén de drogas, productos químicos y farmacéuticos.
Sin embargo, su actividad iba mucho más allá de la dispensación de medicamentos. El establecimiento ofrecía una amplia gama de productos y servicios que reflejaban la evolución del comercio especializado de la época. A su oferta farmacéutica se sumaban secciones dedicadas a la óptica, la fotografía, la perfumería y la ortopedia, convirtiéndose en un auténtico centro de referencia para los habitantes de Don Benito y de numerosas localidades cercanas.
Gran parte de su éxito se debió a la calidad de los productos que comercializaba, muchos de ellos importados de prestigiosos laboratorios europeos, así como al asesoramiento profesional que ofrecían Bernardo y su equipo. Esta combinación de innovación, especialización y atención personalizada fortaleció la confianza de sus clientes y contribuyó de forma decisiva al progreso sanitario y comercial de la población.
| El edificio en agosto de 2026. Foto: dovane63 |
Las boticas y droguerías: mucho más que una farmacia
Para comprender la importancia de establecimientos como Ruiz Arias Hermanos, es necesario recordar el papel que desempeñaban las boticas y droguerías a comienzos del siglo XX. En una época en la que el acceso a la atención médica era más limitado, estos negocios constituían auténticos centros de salud y abastecimiento doméstico.
En ellos se elaboraban fórmulas magistrales adaptadas a las necesidades de cada paciente y se dispensaban remedios para las dolencias más habituales. Entre los productos farmacéuticos más demandados se encontraban los polvos digestivos, las sales de bismuto, las aguas minerales medicinales, las tinturas, los bálsamos y las pomadas destinadas a tratar heridas, afecciones cutáneas o dolores musculares.
También era frecuente la venta de alcaloides y derivados opiáceos (como la morfina, el opio o determinados preparados con heroína), utilizados entonces como analgésicos o antitusivos, antes de que la legislación farmacéutica restringiera su comercialización.
Las droguerías desempeñaban igualmente un papel esencial en el suministro de productos destinados al hogar. Sustancias como el bicarbonato de sodio, la sosa cáustica, la potasa o el amoniaco eran imprescindibles para la limpieza, la fabricación artesanal de jabones y diversas tareas domésticas. Del mismo modo, el fenol se popularizó como uno de los principales desinfectantes gracias a los avances de la microbiología y a la creciente preocupación por la higiene.
A ello se añadía una amplia oferta de artículos de cuidado personal y cosmética. El uso cotidiano del jabón comenzó a generalizarse durante aquellos años, mientras que las aguas de colonia, las lociones capilares, las brillantinas y los tintes para el cabello pasaron a formar parte del aseo y la imagen personal de una sociedad en plena transformación.
Con el paso de las décadas, la creciente regulación sanitaria y farmacéutica modificó profundamente este modelo comercial. La venta de determinadas sustancias quedó restringida, se implantaron controles más estrictos y las farmacias fueron especializándose progresivamente en la dispensación de medicamentos, dejando atrás parte de la diversidad de productos que había caracterizado a las antiguas boticas y droguerías.
Un legado que perdura
En el ámbito personal, Bernardo Ruiz Arias contrajo matrimonio en 1911 con Ana Granados Manzano, con quien formó una familia que mantuvo una estrecha vinculación con la profesión farmacéutica. Entre sus descendientes destacó especialmente su hija Julia Luisa Eduvigis Ruiz Granados, quien continuó la tradición familiar ejerciendo como farmacéutica.
Bernardo Ruiz Arias falleció en Don Benito el 26 de diciembre de 1944, a los 75 años de edad. Su trayectoria permanece unida a una etapa de crecimiento y modernización de la ciudad, simbolizando el papel que desempeñaron los farmacéuticos como profesionales sanitarios, empresarios y promotores del desarrollo local.
Más de un siglo después, la historia de Ruiz Arias Hermanos constituye un valioso testimonio de una época en la que las farmacias eran mucho más que establecimientos dedicados a la venta de medicamentos: eran espacios de innovación, conocimiento y servicio público que contribuyeron de forma decisiva a mejorar la calidad de vida de varias generaciones de dombenitenses.
Los productos que hoy podemos contemplar en el Museo Etnográfico Agustín Aparicio fueron trasladados en 1999, ya que, cuando tuvo lugar la inauguración, el 20 de febrero de 2000, todo debía estar preparado y perfectamente montado.
Como anécdota, Agustín nos cuenta algunas historias curiosas relacionadas con la incorporación de estos objetos al museo. Esta es, quizá, una de las principales:
«Pasaba por la plaza dando la vuelta con mi coche cuando vi que estaban cargando las cosas de Bernardito en un camión. Le pregunté a Manolo, el conductor, a quien conocía, y me dijo que todo aquello iba a ir al vertedero.
- - Por favor, llévalo al Museo.
Así fue como todo aquel material llegó al museo. Se descargó en el patio y fueron unas mujeres las que se encargaron de limpiar y acondicionar los distintos elementos para que pudieran formar parte de la colección".
Fuentes y documentación consultada
- Archivo Municipal de Don Benito, documentación histórica relativa a la actividad comercial y farmacéutica de la ciudad durante los siglos XIX y XX.
- Museo Etnográfico Agustín Aparicio Cerrato de Don Benito, fondos, documentación y testimonios relacionados con la antigua farmacia y droguería Ruiz Arias Hermanos.
- Hemeroteca histórica, anuncios comerciales y noticias de prensa de la época relativos a la farmacia, droguería y establecimientos de Ruiz Arias Hermanos.
- Daniel Cortés González. Registros genealógicos relativos a Bernardo Ruiz Arias, Ana Granados Manzano y sus descendientes.
- Fuentes de historia de la farmacia española, para contextualizar la evolución de las boticas, droguerías, fórmulas magistrales, productos farmacéuticos y regulación sanitaria durante finales del siglo XIX y primeras décadas del XX.
- Catálogos y anuncios comerciales de productos farmacéuticos, cosméticos y droguería de finales del siglo XIX y primera mitad del XX, utilizados para contextualizar la variedad de artículos comercializados por este tipo de establecimientos.
Agradecimientos
Al Museo Etnográfico Agustín Aparicio Cerrato de Don Benito, por la conservación de los objetos, documentos y testimonios relacionados con la antigua farmacia y droguería Ruiz Arias Hermanos, que han permitido recuperar y divulgar esta parte de la historia local.
Agradecimiento especialmente a Agustín Aparicio, por sus recuerdos y testimonios sobre la recuperación de los materiales de la antigua farmacia y su incorporación a la colección del museo, así como a todas las personas que participaron en su traslado, limpieza, conservación y acondicionamiento.

