11 de agosto de 1936. Guareña (Badajoz).
En un pequeño pueblo de aquella España sacudida por tiempos convulsos, vivía un humilde sacerdote que llevaba siempre consigo un objeto profundamente querido. No destacaba por su valor material, pero sí por su inmenso significado espiritual: probablemente había sido un regalo de su madre el día de su primera misa, tras su ordenación sacerdotal en 1915. Desde entonces, reposaba sobre su pecho como un recordatorio constante de su entrega a Cristo.
Se trata de un crucifijo de elegante factura, concebido bajo un diseño de cruz trebolada, ya que los extremos de sus brazos evocan hojas de trébol. Está elaborado en bronce o latón, materiales que le confieren solidez y nobleza, y se enriquece con refinadas incrustaciones de madera negra, que acentúan su contraste y profundidad estética. En conjunto, es una pieza representativa de los crucifijos producidos a finales del siglo XIX o comienzos del XX, cuya tipología y estilo permiten atribuirla, con razonable probabilidad, a talleres franceses o españoles de la época.
Francisco Caballero Méndez, natural de Guareña (Badajoz), era hijo de José Caballero y de Teresa Méndez. Nació el 17 de noviembre de 1887 y recibió la ordenación sacerdotal el 18 de diciembre de 1915.
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| Francisco Caballero Méndez. Foto optimizada por DOVANE63 |
Desarrolló su ministerio como coadjutor en diversas parroquias de la diócesis, entre ellas Nuestra Señora de Belén de Miajadas, Peraleda de la Mata y Losar de la Vera. Finalmente, ejerció su labor pastoral como capellán de los Hermanos de la Doctrina Cristiana en su pueblo natal, Guareña, donde sirvió con entrega humilde y fidelidad ejemplar.
Cuando llegaron los días de la persecución, el sacerdote no dejó de llevar la cruz consigo. Aquella cruz no era solo un adorno, sino su fuerza y su consuelo en medio del temor. En la última noche de su vida, 11 de agosto, fue conducido junto a otros inocentes, entre ellos su hermano Antonio, hasta un lugar conocido como las Cuatro Esquinas, la calle que baja de la iglesia hasta la plaza, donde actualmente se encuentran la Casa de Cultura y la Biblioteca.
El silencio era más pesado que las palabras, pero él apretaba la cruz entre sus dedos, como quien se aferra a la esperanza última.
Finalmente, los dos hermanos fueron fusilados, junto con el resto de apresados, aunque según cuenta un familiar directo, a don Francisco lo mataron a culatazos de escopeta, con el fin de no emplear munición.
Se conserva, como testimonio doloroso de aquellos hechos, aquella cruz, sus familiares la guardaron con profundo celo, hoy permanece como una reliquia familiar, memoria silenciosa de su sufrimiento y de su fidelidad hasta el final.
La cruz, guardada como un tesoro, actualmente preside una mesita de noche del nieto de Antonio. Está marcada por el paso del dolor humano, pero sigue intacta en su forma esencial. Julián la conserva con devoción, no como un recuerdo de violencia, sino como signo de fidelidad.
Con el tiempo, esta cruz ha dejado de ser solo un objeto: se ha convertido en memoria viva. Para quienes la contemplamos, habla de una fe que no se rompe bajo la presión del sufrimiento, de una esperanza que no muere incluso cuando todo parece oscurecerse, y de un amor que, silenciosamente, permanece.
FUENTE Y AGRADECIMIENTOS:
- La Segunda República y la Guerra Civil en Guareña; Juan Ángel Ruiz Rodríguez. Diputación de Badajoz, 2010
- Pedro José Pascual Salguero.
- Julián de Vicente Caballero, nieto de Antonio Caballero Méndez.
- Guareña (Badajoz). Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1053, Exp.3
- https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/show/4490562?nm
- Diócesis de Plasencia.
- Martyrs of the Religious Persecution during the Spanish Civil War ~ (†1934, 1936-39)
- https://dovane63.blogspot.com/2018/11/martires.html
- lahispanidad.com. España 1936-1939: la mayor persecución religiosa en 2.000 años de cristianismo, a cargo de socialistas y comunistas, de Javier Paredes. 24/10/21





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