domingo, 9 de mayo de 2021

1629. LA MONTAÑA MÁGICA



Para los habitantes de Don Benito la silueta de esta imponente pirámide natural que se recorta en el horizonte es muy familiar, es la Sierra de Santa Cruz. Se encuentra en la vecina provincia de Cáceres y a sus pies se localiza un bonito pueblo de algo más de 300 habitantes, Santa Cruz de la Sierra.


Foto: Carlos Señor

He de reconocer que, a pesar de haberlo observado desde la carretera en numerosas ocasiones, no había tenido ocasión de visitarlo.

 
José Sánchez, Dovane y Jesús López


Fue gracias a mi amigo Jesús López Gómez con motivo de realizar un video promocional para su novela “El misterio del catedrático de historia antigua”  y de la mano de Carlos Señor que por fin pude hacerlo y la verdad no sé qué tiene este entorno, pues cautiva y atrae misteriosamente.

 

Interesado por el antiguo convento Agustino de San Joaquín, construcción que desgraciadamente hoy se encuentra en estado de ruina, a duras penas sigue en pie su iglesia, quise saber algo más sobre él y sobre las historias que había oído acerca de misteriosas luces observadas en el cielo de Santa Cruz.



Tuve la suerte de dar con un libro publicado en 1681, escrito en castellano antiguo (el hablado hasta el siglo XVI) por el Padre Fray Luis de Jesús, hijo de la Congregación Agustina en el que describe sucesos y fenómenos acontecidos en este lugar, verdaderamente curiosos, dice así:


1629. Convento de Santa Cruz de la Sierra en Extremadura


Se encuentra esta villa de Santa Cruz de la Sierra, Extremadura (a tres leguas de la ciudad de Trujillo, a quien los antiguos llamaron Castra-Iulía). Se asienta en la falda de una sierra, en cuya cumbre hubo una gran población, colonia de romanos. Se llamó Santa Cruz, por haberse visto en el cielo esta Señal de Nuestra Redención, aunque no se sabe cuándo.

Estudiosos de los ovnis, afirman que la aparición de fenómenos con forma de cruz en los cielos, son mensajes de paz de entidades extraterrestres y que han venido produciéndose a lo largo de la historia, sobre todo en lugares en donde se suceden conflictos bélicos de gran tensión. 



Llamativos son algunos casos, como el sucedido el 28 de octubre del año 312 d.C. cuando el emperador romano Constantino el Grande observó en el cielo una “cruz de sol” con las letras “In hoc signo vinces!” antes de la batalla decisiva que tuvo lugar en el puente Milvio.


Detalle de la Visión de la Cruz realizada por los ayudantes de Rafael, que representa a Constantino I y la visión de la cruz en el cielo con el lema "en este signo vencerás".

Otra extraña cruz voladora es la que se encuentra tras los orígenes de la Reconquista de Don Pelayo en Covadonga (la Cruz de la Victoria, que se conserva en la catedral de Oviedo).

 

Batalla de Covadonga

También cuando Aragón fue invadido por los musulmanes, un grupo de valientes se congregaron en una cueva del monte Pano, decididos a hacerse fuertes e intentar desde allí la reconquista. Fue así cómo, al frente de unos pocos, el rey Garci Ximenez se lanzó a un combate desigual. Cuenta la leyenda que la superioridad de los moros era tal que cuando todo parecía perdido, apareció sobre la copa de una encina una cruz en llamas, o una cruz roja resplandeciente según otras versiones, alentó de tal manera a los cristianos que acabaron venciendo.


Garci Ximenez

Años más tarde, en la convulsa época de la Guerra de la Independencia Española, también quedaron reflejados el convento y el pueblo en el libro del escocés Sir Andrew Leith Hay, que tras el paso de las tropas británicas por esta localidad durante el verano de 1809 dice lo siguiente:

 

Sir Andrew Leith Hay


El día 22 de agosto de 1809, nos dirigimos a Santa Cruz de la Sierra, un pueblecito situado en un lugar precioso al pie de la montaña que le da nombre. La Sierra está cubierta hasta la cima de arrayanes, vides, moreras e higueras, que ofrecen un paisaje rico y exuberante. Cerca del pueblo hay un convento de frailes agustinos. Acampamos en un bosque que está como a una milla del pueblo. Por la mañana ocurrió uno de esos accidentes que al paso de los ejércitos a menudo se piensa que son a propósito. El matorral de la base del monte se incendió, y la sequedad excesiva de la región en seguida propagó las llamas con una virulencia irresistible, que tomaron la dirección de las viñas y subieron por la ladera de la sierra. Entre el humo se veía a los infelices campesinos intentar detener el avance de la devastación. Pero sus esfuerzos fueron vanos. Aquel bello jardín de montaña se convirtió pronto en un páramo destrozado y calcinado.

 Pero sigamos con el relato del Padre Fray Luis de Jesús:

Es antigua la fundación de Santa Cruz de la Sierra, porque en tiempo del rey Don Fernando, que llamaron El Santo, era lugar numeroso y se le arrebató a los Moros.

Dominaba esta villa en este año, el Conde de la Calzada, Don Juan de Chaves y Mendoza, cuya Nobleza es muy conocida. Fue del Hábito de Santiago, Colegial del Mayor, que llaman de Oviedo en Salamanca, alcalde después de Hijosdalgo en la Real Chancillería de Granada y también Oidor en ella. Vino a Madrid con la Plaza de Alcalde de Casa y Corte. Ascendió al Consejo de Cruzada, al Real de Castilla luego después al de Cámara y últimamente fue presidente del Consejo de Órdenes Militares, puesto que indica su talento y capacidad.




Quiso tener en su villa un convento de nuestra Recolección y se lo propuso al Venerable Padre Fray Gerónimo de la Resurrección, Vicario General entonces de nuestra Descalcez, el cual, sin reparar en dotación, aceptó la fundación del convento, concediendo al Conde y sus descendientes el título de Patrón de él, dando, este muy Ilustre caballero, una limosna de dos mil ducados y una Casa. Se tomó posesión jurídicamente por el Padre Fray Andrés de la Encarnación, llamado Martel, Provincial de esta provincia de Castilla, en compañía de otros importantes religiosos, en 18 de diciembre, día en que bajó la Reina de los Ángeles, María Señora Nuestra, a la Santa Iglesia de Toledo, honrando con su Soberana Presencia a su devoto capellán San Ildefonso y premiando sus virtudes con aquella Casulla tan celebrada; que le vistió, sentada en la cátedra o silla de Marfil, desde la cual el Santo Prelado predicaba al pueblo toledano. Se celebró la primera misa el día siguiente por el Padre Fray Andrés de la Madre de Dios Aguilera, primer prior de este convento.




En el sitio designado para Capilla Mayor de la iglesia de este convento, se han dejado ver varias veces unas luces, claras y grandes en el aire, que dan a entender, ocultarse un gran tesoro en aquel lugar. Y dejando otros muchos testigos, que las han visto, siendo constante noticia de los naturales de la villa, escribe de ellas Fray Egidio de Zamora, Maestro del Rey Don Sancho el Bravo; Don Juan de Salazar; Bernabé Moreno de Vargas, en la historia de Mérida, lib. 2. Cap. 7. Y el Padre Francisco Portocarrero, y otros grandes y solícitos escritores.

Baste referir las palabras de Don Tomás Tamayo de Vargas, que en las notas que hizo al Cronicón de Luitprando, el cual en la Era 706, año de Cristo 668. Dice: 

Sed bonam partem buius Cathedra tanslatam alio cognovi. Que buena parte de la Catedra o Silla, donde San Ildefonso predicaba y donde la Virgen Santísima se sentó, cuando le favoreció con la Casulla, fue trasladada a otra parte).

Comentando estas palabras, refiere a Fray Egidio de Zamora, que dice así:

Oí a los cristianos toledanos decir, que esta Catedra o Silla de San Ildefonso, un Lignum Crucis, y una Imagen, fueron llevados y escondidos en un Lugar, doce mil pasos distantes de Trujillo, (ya se sabe, que doce mil pasos son tres leguas) y allí se aparecen, de tiempos antiguos, luces en el aire. Y añade Don Tomás: Que este Lugar, donde se escondieron estas Reliquias, se llama, Santa Cruz de la Sierra, Señorío del Ilustrísimo señor Don Juan de Chaves, Conde de la Calzada.



De estas luces, dice el Padre Francisco Portocarrero, en la Vida de San Ildefonso, cap. 24. Ser claras y grandes, que alumbran la circunferencia, estando levantadas en el aire y habiéndose colocado en aquel sitio una Cruz, bajaban por ella, y la tocaban, dejándose ver desde la plaza y casas del Lugar. Un sacerdote anciano, y virtuoso, vecino de la dicha Villa, llamado Rodrigo Alonso, hizo una declaración, como testigo de esta, dice:

“Son las luces como de un hacha mediana y que, subiendo en alto, vuelven a bajar por dos o tres veces, causando pavor y admiración, y que cuando estaba puesta la Cruz, la rodeaban y halagaban”.

Movido de estas noticias el Obispo de Plasencia Don Pedro González de Acevedo, envió al Padre Fray Gerónimo Román de la Higuera, de la Compañía de Jesús (diligente averiguador de antigüedades) y viniendo el dicho señor Obispo personalmente, no las pudo ver; si bien, dentro de su mismo aposento se le representaban y muy ordinario las veía y decía:

No sé qué me quiere Dios con estas luces. Si quiere algo, hábleme claro; como refiere Don Juan de Tamayo de Salazar, en el cap. 2. Núm. 26. Dice, haber llevado allí estas Reliquias los Cristianos de Toledo.

Por este tiempo los vecinos del lugar, deseosos de descubrir estas Santas Reliquias, trataron de romper aquellas piedras, cavando, con no poco afán, mas no pudieron descubrir cosa alguna. Solamente se mostró una pequeña fuente de agua que rompió por la fisura de una piedra, tan estrecha, que apenas cabía la punta de un cuchillo.



Todo esto declara el mismo sacerdote Rodrigo Alonso. Y añade:

Fueron grandiosos los Milagros que se vieron patentes, de personas que sanaron con el agua, niños quebrados, grandísima suma de ellos del pueblo y de todos los demás lugares, que venían a la fuente y así la llaman la Fuente Santa, porque hoy día la Villa la tiene gran devoción. Vienen a beber el agua de otros lugares y prosigue diciendo:



 

Vi colgadas allí muletas de personas que habían sanado, y más vi una mujer, natural de Medellín, venir tullida de brazos y piernas, y estuvo allí nueve días. La traían en una cabalgadura, liada sobre unas sacas de paja. Pues yo la vi por mis ojos correr y saltar, como la mujer más sana del pueblo e irse a pie a su lugar. Hasta aquí la sencilla declaración de referido sacerdote. Hoy esta fuente se encuentra en la Iglesia de nuestro Convento, que allí se fabrica.

 Que el origen de estos Milagros, y luces sean las Reliquias referidas, bien se deja colegir, pues así lo entienden algunos de los Historiadores citados y Don Lorenzo Ramírez de Prado en las Notas a Luitprandom Obispo de Cremona, fol. 347 dice: Que aquellas luces son a modo de cruz en el aire y muestran el pedazo de Santo Madero de la Cruz, que allí  se oculta, de donde se llamó Santa Cruz de la Sierra a aquel Pueblo; ocupado antes por los Moros y recobrado por el Santo Rey Don Fernando Tercero de este nombre.

 

El pozo de aguas milagrosas

Últimamente, de la Imagen de Nuestra Señora (que es la tercer Reliquia) habla en su declaración el sobredicho Sacerdote Rodrigo Alonso, por estas palabras:

“El Padre Portocarrero, que vivía en Toledo, envió una Carta al Vicario de Trujillo y otra al Cura Martin Acedo que a la presente era Cura en esta Villa, y lo que contenían, eran estas palabras, porque se leyó públicamente, que casi estaba la mayor parte del Pueblo. Y decía así:

 

San Ildefonso

“Soy el Hombre más consolado que hay en toda esta Tierra, por haber descubierto un Historiador Antiquísimo, que dice: Que al tiempo, y cuando los Moros sarracenos entraron en España, se escondieron estas Reliquias a diez leguas de las montañas de Guadalupe, que es hacia el Poniente, y tres de Trujillo al Mediodía, a la falda de una Sierra, un pedazo de Lignum Crucis, y la mitad de la Silla, en que estuvo la Virgen Ntra. Señora sentada, cuando dio la Casulla al Bienaventurado San Ildefonso, y una imagen de Ntra. Señora”.

 Esto es de la declaración dicha. Con estas noticias, aguardamos la voluntad de Dios, que será servido de descubrir este tesoro, cuando más gusto sea suyo, honor de estas Santas Reliquias, y utilidad nuestra.

 

Francisco Portocarrero Osorio (1.543-1.626)

 



Hijo del III conde de Medellín Juan Portocarrero y Toledo y su mujer María Osorio Portocarrero, nació en Medellín, vivió hasta la edad de ochenta y tres años en la Compañía de Jesús, habiendo permanecido en ella el largo periodo de cincuenta y siete años. Fue un padre muy querido y estimado de todos los de la Compañía, escritor fecundo, religioso inimitable, así es que murió lleno de merecimientos y de virtudes, siendo extraordinariamente sentido por toda la religión.

Obras:

De la descensión de nuestra Señora a la Santa Iglesia de Toledo, y vida de S. Ildefonso, arzobispo de ella; Madrid, 1616.

Tradujo al castellano: la Historia de los Mártires de la legión Tebana, obra de un mérito reconocido, impresa algunos años después de su muerte en Toledo en el de 1626.

Dos tratados sobresalientes y de un mérito incontestable, titulados: Del Sacramento de la Eucaristía y de la Virgen nuestra Señora.

Colegial en Alcalá en 1564.

Licenciado en artes.

Jesuita en 1.569.

Rector del Colegio de Ocaña.

En 1625 dono las reliquias que había traído años antes de Roma a la Iglesia de Santa Cecilia de Medellín.


Este es un extracto de las Aventuras intelectuales de Quevedo de Pablo Jauralde Pou en el que habla de Portocarrero:

Amigo del historiador Mariana. (En su misma casa, Mariana convive con Francisco Portocarrero, un hijo del Conde de Medellín (morirá en 1626), buen amigo... Aquí salta Quevedo: ¡pero si era el rector del Colegio de Ocaña cuando él estudió allí! Llenó la celda de huesos y reliquias que se había traído del cementerio de San Calixto y de las catacumbas de San Sebastián, en Roma; atufaban tanto, que acabó por depositarlas en la capilla del colegio, adonde acudían las buenas gentes, reservándose las mejores piezas para Medellín, su tierra, y alguna para Yepes, el pueblo vecino, que se reconcomía de envidia. Pues allí está, lo mismo que Jerónimo Román de la Higuera, muy buen amigo, pero el mayor inventor de patrañas, ¡pero si era profesor de latinidad en Ocaña!, vuelve a decir Quevedo.) 

NOTA IMPORTANTE:

“Juan de Chaves nunca fue Conde (el 1º Conde de Santa Cruz fue su hijo Baltasar). Por otra parte, no existe el Condado de la Calzada (que es como se llamaba entonces a Herguijuela y sus tierras), ya que es un Vizcondado. Desde los tiempos de Baltasar de Chaves la misma persona aunaba los títulos de Conde de Santa Cruz y Vizconde de la Calzada. Estos títulos recaen actualmente en la Casa de Alba, y se puede comprobar en el Registro Oficial de Títulos Nobiliarios y Grandezas de España”.

Agustín Melchor Terrón. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Extremadura, en la especialidad de Geografía. 

 

FUENTES Y AGRADECIMIENTOS:


  • Biblioteca Digital de Castilla y León. Libro: HISTORIA GENERAL DE LOS PADRES AUGUSTINOS DESCALZOS. TOMO SEGUNDO. Por el Padre Fray Luis de Jesús. Hijo de la misma Congregación, Lector Jubilado, Cronista General y Provincial de Castilla la Vieja y Nueva. Impreso en Madrid en 1681. Escrito en castellano antiguo; es decir, del hablado hasta el siglo XVI.
  • ESPAÑA SAGRADA, THEATRO GEOGRAPHICO-HISTORICO DE LA IGLESIA DE ESPAÑA. TOMO V. Por el P. M. Fr. Henrique Flórez, Doctor en Teología. Año 1750
  • LOS HÉROES DEL CRISTIANISMO O SEA BREVE NOTICIA DE LOS SANTOS Y FIESTAS PRINCIPALES QUE VENERA LA IGLESIA. EDICIÓN ARREGLADA POR UN RESPETABLE SACERDOTE. EDICION SATURNINO CALLEJA, 1901.
  • JOSE MARÍA CUSTODIO SIMON (Apuntes sobre Francisco Portocarrero)
  • LOURDES GOMEZ MARTIN. Periodista. (Apuntes Ovnis en la antigüedad).
  • JOSÉ MARÍA GALLARDO DURÁN (Profesor y Catedrático del I.E.S Bartolomé J. Gallardo de Campanario) Traducción del pasaje sobre Santa Cruz de Leith Hay, Sir Andrew, A Narrative of the Peninsular War, Londres, John Hearne, 1850 (4ª edición), pág. 126.
  • Agustín Melchor Terrón. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Extremadura, en la especialidad de Geografía. (Apunte sobre D. Juan de Chaves).

2 comentarios:

  1. Espectacular, hermoso e interesante, como siempre.
    Enhorabuena por tu buen gusto al adentrarnos en la historia, una vez mas, sorprendentemente enriquecida.

    ResponderEliminar