En las inmediaciones de Medellín (Badajoz), en el denominado
camino de Don Llorente, muy cerca del lugar donde se ubicaba una villa en
tiempo de los romanos, se encuentra durmiendo el sueño de los justos un viejo
Titán de un solo ojo, un ciclope.
Si vienes desde Don Benito, su perfil aún es visible desde
la carretera.
Testigo silencioso de nuestra historiay al que una implacable naturaleza está
devorando sin piedad.
Este es el
título de este gran cuadro, fechado entre los años 1665 y 1670, copia de una
obra del gran maestro sevillano Bartolomé-Esteban Murillo y que se encuentra en
el museo del Louvre de Paris, fruto del expolio francés del Patrimonio Español
durante la guerra de Independencia.
Se estima
que solo de los conventos e iglesias de Sevilla, robaron más de 180 cuadros de
primeros maestros españoles, entre los que destacaron los de Murillo, por ser
uno de los artistas más cotizados, cuadro que posteriormente vendieron ellos o
sus descendientes y que hoy se reparten por pinacotecas y colecciones privadas de
todo el mundo.
Esta obra
que Murillo realizó bajo clara influencia de Rafael y ya en pleno periodo de
maduración, representa a la Virgen que sostiene en su regazo al niño Jesús y a
Santa Isabel con el pequeño Juan el Bautista que muestra sus atributos: la piel
de camello, el cordero y la cruz hecha de caña que sugiere a su primo la pasión
que sufrirá de adulto. Por encima del niño Jesús, vemos la paloma blanca del
Espíritu Santo.
Aún más arriba en unas nubes que se abren, a Dios Padre, rodeado
de los típicos angelitos de murillo. No tiene su origen en el Evangelio que
dice que Jesús y Juan no se conocieron hasta el bautismo de Cristo, sino en un
libro franciscano que cuenta este encuentro después de la huida de Egipto.
La Virgen con San Juan y las Marías camino del Calvario
Último capítulo de esta serie correspondiente a los cuadros de la iglesia de
Santa María del Consuelo, la próxima será sobre los de la iglesia de Santiago.
Vemos este cuadro que se encuentra expuesto en la zona de la epístola, es
decir, la zona derecha desde el punto de vista de los fieles, sobre la imagen
de la Virgen de la Soledad. También es una donación anónima.
Es una copia de una obra del pintor sevillano Juan Valdés Leal, fechada
entre los años 1657 y 1659, en plena madurez del artista, forma parte de una
serie dedicada a la Pasión y Muerte de Cristo.
La escena describe la dramática tensión colectiva de este grupo de personajes
que acuden al encuentro de Cristo en su camino hacia el Monte Calvario. Vemos
en un primer plano a San Juan Apóstol que con su mano derecha señala a la
Virgen el lugar donde agoniza su hijo. En un segundo plano vemos a María la de
Santiago, María Magdalena y María Salomé en una escena llena de profundidad
dramática. El original se encuentra en el museo de Bellas Artes de Sevilla.
En el presbiterio de la iglesia de Santa María y concretamente sobre la entrada a la Capilla dedicada a la Divina Misericordia,
se encuentra esta copia de un cuadro titulado: “Descanso en la huida a Egipto”,
fechado entre 1660 y 1665 y realizado por Bartolomé Esteban Murillo y que se
expone en el Museo del Ermitage, San Petersburgo, Rusia.
Fue comprado por el museo ruso en 1786, en la subasta de la colección de
Jean Louis Gaignat, coleccionista, bibliófilo y ex ministro francés de Luis XV.
Colección nutrida en gran parte gracias a la salida de numerosas obras de arte
de España a consecuencia de la invasión napoleónica en un triste e incontrolado
fenómeno de dispersión de nuestro patrimonio cultural, siendo el primer cuadro
español que adornó el Ermitage.
El tema de este cuadro está basado en la literatura apócrifa, inspirado por
el libro de Francisco de Pacheco “El arte de la pintura”. Se describe la huida
apresurada de la Sagrada Familia a Egipto no pudiendo llevar consigo comida ni
ropas y lo difícil de su viaje. Contiene los elementos característicos de la
pintura del maestro sevillano: paisaje, figuras y un gran bodegón.
Aparte de este cuadro, Murillo realizó otra de temática similar, obra que se
encuentra también fuera de España, concretamente en la colección Strafford en
Inglaterra, fue adquirida en 1805 por el agente William Buchanan y llevada a
Londres, para formar parte de la colección del cuarto marqués de Hertford.
En esta versión el recipiente que transporta el agua es una calabaza de
peregrino, mientras que en la nuestra es una gran botella forrada de cuero para
defenderla de pequeños golpes, la vemos junto a unas bonitas alforjas de paño,
bajo el Niño dormido.
LA ANUNCIACION
Este es otro de los grandes cuadros que adornan el presbiterio de la iglesia
de Santa María en Don Benito, se encuentra sobre la entrada a la sacristía, se
trata de una copia del cuadro titulado: “La Anunciación”, realizado hacia el
año 1650 en óleo sobre lienzo por Bartolomé Esteban Murillo, afortunadamente se
encuentra en España, en el museo del Prado.
El tema de este cuadro es seguramente uno de los más representados de la
iconografía cristiana, describe el encuentro entre el arcángel San Gabriel y la
Virgen María. Gabriel se le aparece a María y le anuncia que se convertirá en
la madre del Señor. Ella le pregunta que cómo puede ser, si ella es virgen. El
arcángel le contesta que el Espíritu Santo descenderá sobre ella y que después
dará a luz al que llamarán el Hijo de Dios. María le contestó: “He aquí la
esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
El escenario está compuesto por unas nubes en uno de los primeros intentos
de Murillo de imaginar las etéreas glorias celestes, se abren en una amplia
claraboya que da paso al Espíritu Santo en forma de paloma blanca. Lo bordean
los típicos ángeles de Murillo, para los que el artistita tomó como modelos sus
propios hijos, os habréis fijado que todas las Vírgenes de Murillo se parecen,
la explicación es muy sencilla y es que la modelo era su propia esposa, Beatriz
de Cabrera y Sotomayor.
La Virgen se encuentra casi por completo de frente. Sus manos están cruzadas
sobre el pecho, lo que simboliza su actitud de aceptación. El arcángel se
encuentra en tierra, con sólo una rodilla apoyada en el suelo, y de perfil; su
actitud, como se observa en la mitad superior de su cuerpo, es aún muy
renacentista. En las manos sostiene unos lirios, símbolo de la pureza de la
Virgen María.
Veremos en esta serie grandes obras del llamado tercer arte,
es decir, la pintura. Sabremos que representan y quienes fueron los autores de
los cuadros que cuelgan de las paredes de nuestras iglesias y que muchas veces
ensimismados contemplamos durante la misa. Todos tenemos nuestro favorito o
alguno que siempre nos llamó la atención, ¿no es verdad? Comenzamos el
recorrido por la preciosa Santa María del Consuelo.
“Jesucristo camino del Calvario y la Verónica”
En un lugar privilegiado de este sagrado templo,
concretamente en la zona del evangelio, colgado entre el Cristo de la Paz y un
gran rosetón, se encuentra esta pintura que incrementa su belleza y su
patrimonio artístico, ha sido recientemente donada por una familia que según
parece quiere permanecer en el más severo de los anonimatos.
Es una
reproducción de un cuadro titulado: “Jesucristo camino del Calvario y la
Verónica”, del pintor sevillano Juan de Valdés Leal, contemporáneo de Murillo y
su mayor rival en esa época. El óleo original de este cuadro se encuentra en el
Museo del Prado de Madrid y está fechado alrededor del año 1660.
En este gran
cuadro podemos observar en primer término a Jesucristo en una de sus caídas
camino del Calvario. El Cirineo, en forzada postura, trata de ayudarle con la
Cruz, mientras un sayón acude a azotarle con violencia. La Verónica, situada a
su derecha, ya le ha enjugado el rostro, que se refleja en el lienzo que lleva
en las manos. La luz, que penetra por el lateral izquierdo, se dirige con
fuerza a las caras y a los brazos, acusando aún más el dramatismo de los
rostros. Al fondo, a la derecha, se dispone un grupo centrado por la Virgen,
mostrando su dolor y detrás aún se representa la comitiva que conduce a los
ladrones, cuyas figuras distorsionadas están tratadas con una factura más
rápida y abocetada que en el resto. A la izquierda, la composición se cierra
con dos personajes ataviados con turbantes, que probablemente aludan al
paganismo o al judaísmo.
Este es otro de los grandes cuadros recientemente donados a
la parroquia de Santa María de Don Benito, se encuentra sobre la hornacina de
San Gregorio. Es una copia de una obra del gran maestro sevillano
Bartolomé-Esteban Murillo, el pintor español más conocido y apreciado fuera de
España en su época. El original se encuentra en la “Wallace Collection” de
Londres (Inglaterra) un museo estatal de origen privado y fue comprado en Paris
en el año 1848 por Sir Richard Seymour-Conway, cuarto marqués de Hertford que
pagó 25.000 francos por él.
Esta obra, como muchas otras, formó parte del
saqueo francés acontecido durante la guerra de la Independencia española. El
propietario anterior fue un personaje de nefastos recuerdos para nuestra
ciudad, Don Benito, nada más y nada menos que el Duque de Belluno,
Claude-Victor Perrin, Mariscal del Ejército Imperial Francés en la Batalla de
Medellín. La obra está fechada entre los años 1660 a 1670 y realizada al óleo
sobre un panel de caoba, una madera tropical muy dura, nativa de América
Central y del Sur, un material muy preciado en la Europa del siglo XVII.
Destaca por su gama de colores brillantes, fríos y cálidos siendo una de las
obras maestras del pintor. En este cuadro cargado de simbolismo, vemos a la
Virgen María que contrae matrimonio con José. Murillo representa el momento en
que la Virgen toma la mano de José, mientras el enlace es bendecido por el sumo
sacerdote del templo de Jerusalén, Zacarías.
El Espíritu Santo en forma de
paloma blanca desciende sobre la pareja, mientras que en la vara de José brota
simbólicamente una flor, indicando que ha sido el elegido por Dios, a la
derecha representa a un grupo de pretendientes desechados, uno de los cuales
rompe con ira su vara que no ha brotado.