miércoles, 22 de septiembre de 2021

DON BENITO Y LA GUERRA DE CUBA


Madrugada del 22 de septiembre de 1896, un batallón de unos 2.500 rebeldes ataca la guarnición española, la tropa es escasa y está mal armada.


El teniente D. Ramón Donoso-Cortés Navarro consiguió siete recompensas en la Guerra de Cuba, una de ellas la Cruz de María Cristina.

Teniente D. Ramón Donoso-Cortés Navarro


CRUZ DE LA ORDEN MILITAR DE MARIA CRISTINA 1890-1931- AL MERITO EN CAMPAÑA. Se puede apreciar en la fotografía de nuestro paisano.

CRUZ DE LA ORDEN MILITAR DE MARIA CRISTINA

Esta orden fue creada mediante la Real Orden de 19 de julio de 1889, aprobándose su Reglamento mediante el Real decreto de 30 de enero de 1890. Recibió su nombre en honor de María Cristina de Habsburgo-Lorena (1858-1929), reina regente de España en aquel momento y madre del rey Alfonso XIII (1886-1941). Se destinaba a recompensar grandes hazañas, los hechos heroicos, méritos distinguidos, peligros y sufrimientos en campaña.


D. Ramón Donoso-Cortés Navarro ocupó el cargo de Teniente Coronel de Infantería y delegado gubernativo de los partidos judiciales de Don Benito y Almendralejo.

Hijo de Santiago Donoso-Cortés Sólo de Zaldívar y de María de los Dolores Navarro y Contreras.

Hermano de Enrique Francisco Santiago Guillermo Pedro Donoso-Cortés Navarro; María Luisa Marcelina Donoso-Cortés Navarro; María Teresa Donoso-Cortés Navarro; y Pedro Eleuterio José Luis Valentín María del Carmen Donoso-Cortés Navarro.

Nieto de Ramón Domingo Juan Neopomuceno Donoso-Cortés y Fernández-Canedo (hermano del primer Marqués de Valdegamas) y de María de la Asunción Sólo de Zaldívar y de Morales

Fuente: CORTÉS GONZÁLEZ, Daniel (2015): Historia y genealogía de la familia Donoso. Murcia, editorial Entre Renglones   


VICTIMAS DOMBENITENSES

De Don Benito, murieron en la Guerra de Cuba un sargento, un cabo, un guardia civil y 40 soldados, unos en combate y otros a causa de diversas enfermedades, principalmente por el “vómito negro” una plaga americana también conocida como fiebre amarilla, una enfermedad hemorrágica. 



Estos son los nombres de nuestros paisanos que entregaron su vida a causa de la guerra de Cuba, tal vez alguno sea familiar tuyo y no tengas constancia de ello, y si la tienes, te envito a que escribas en este blog:

Justo Aliseda González

Joaquín Álvarez Hurtado

Juan Aparicio Quintero

José Artillero Cidoncha

José Berga Ruíz

Eduardo Camacho Algaba

Francisco Camacho Carreño

Indalecio Capilla Escribano

Lorenzo Capilla Martín

Rafael Casado Hurtado

Manuel Cortés Gallego

Francisco Díaz Paredes

Benito Dinero Díaz

Alfredo Domínguez Rueda

Francisco Dorado Martín

Antonio Expósito Expósito

Julio Francisco Oliva

Ramón Gallego López

Antonio Gallego Martín

Antonio Gallego Menez

Juan Gallego Quintana

Jacobo García Calderón

Juan García Camacho

Ramón Gómez García

Patricio Gómez Sánchez

Joaquín González Bahamonde

Juan Martín Martín

Enrique Martín Muñoz

Eugenio Martín Sánchez

Antonio Poves Morcillo

Manuel Miguel Redondo

Francisco Moraya

Francisco Morcillo Torres

Benito Muñoz Lozano

Cecilio Ortiz Guzmán

Pedro Paredes Menea

Antonio Paredes Soto

Juan Pulido Gallego

Francisco Rodríguez Parejo

José Romero Gallego

Pablo Romo Donoso

Manuel Sánchez Beldas

Pedro Soto Isosa

Extraído del libro "De Extremadura a Cuba: los últimos conquistadores", de Manuel Antonio García Ramos.

De ese tiempo y ese conflicto trata esta historia que ya casi nadie recuerda, la historia de este español que combatió al lado de nuestros paisanos allende los mares.


CASCORRO

Eloy nació el 1 de diciembre de 1868 y su corta vida bien se parece al guion de una película. Como hicieran varios siglos atrás con Moisés, le dejaron abandonado en un canastillo en la puerta de la inclusa de Madrid, tan solo llevaba una nota que decía: "Este niño nació a las seis de la mañana. Está sin bautizar y rogamos que le ponga por nombre Eloy Gonzalo García, hijo legítimo de Luisa García, soltera, natural de Peñafiel". 

Eloy Gonzalo García
 
Las monjas le buscaron una madre de alquiler, a la que la propia inclusa pagaba mensualmente por hacerse cargo de él. Una mujer llamada Braulia Miguel acababa de perder un hijo y se encontraba en actitud de lactar y fue lo único parecido a una madre que tuvo el desdichado Eloy, obligado a vivir en una casa cuartel, donde comió poco y obedeció mucho. A los trece años, la inclusa dejó de pagar los gastos de su mantenimiento y tuvo que marcharse. Conoció muchos oficios hasta que en 1889 se alistó como quinto en el Regimiento de Dragones de Lusitania, donde llegó a cabo en sólo dos años y de ahí pasó al Instituto de Carabineros del Reino. La mala suerte se cruzó un día en su camino, un lio de amores le llevó a dar con sus huesos en la cárcel militar de Valladolid.

Ese verano, sin embargo, algo que estaba sucediendo a miles de kilómetros cambió su suerte para siempre. El estallido de la guerra en Cuba, obligó al Gobierno a efectuar una recluta extraordinaria, a la que podían concurrir los militares convictos por faltas leves. Eloy Gonzalo se apresuró a comprar ese billete a la libertad y se alistó en el primer reemplazo. 

Combatientes españoles en Cuba

Fue destinado a la fortificación de Cascorro, una pequeña localidad cubana situada en una sabana entre los ríos Cascorro y sol, a 60 km de Camagüey. El 22 de septiembre de 1896, de madrugada, un batallón de unos 2.500 rebeldes atacó la plaza, la guarnición española era escasa y estaba mal armada. Una semana y media después de aguantar, estaban al límite, la munición escaseaba, apenas quedaban víveres y algunos soldados estaban cayendo víctimas del tifus y la malaria. El único medio de romper el asedio sería infiltrar a un hombre dispuesto a morir en el cuartel enemigo que estaba muy cerca y que lo incendiara. El capitán pidió voluntarios y Eloy Gonzalo, aquel inclusero madrileño que había ido a la guerra para librarse de la prisión, dio un paso al frente. Sólo pidió una cosa: que le atasen con una cuerda para que, si fallaba el plan, sus compañeros pudiesen recuperar su cuerpo. Salió al anochecer pertrechado de un máuser, una antorcha y una lata de petróleo. Y cumplió su cometido, el cuartel general de los rebeldes, era pasto de las llamas. El capitán envió un pelotón en ayuda de Gonzalo, al que trajeron de vuelta, ya convertido en el héroe de Cascorro.

Hubo otros héroes como el soldado Carlos Climent Garcés, quién salvó las vidas de sus compañeros heridos llevándolos a la enfermería en medio de los ataques del poblado. Sin embargo, la figura del héroe de Cascorro se hizo muy popular en la figura de Eloy Gonzalo en España, olvidando a su compañero, probablemente por la condición de expósito y por la necesidad de exaltar un rasgo de heroísmo individual en una guerra.

Eloy Gonzalo no murió en Cascorro, sino unos meses después, en un hospital de Matanzas, de enterocolitis ulcerosa gangrenosa, causada por la mala vida y peor alimentación del ejército español en Cuba.


Sus restos fueron repatriados y reposan en un mausoleo del Cementerio de la Almudena de Madrid y se le dedicó una calle (la calle de Eloy Gonzalo) y levantó una estatua en el popular Rastro.




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